INCLINACIONES ASTRALES Y FIN DE LOS TIEMPOS
-Es un hecho fundamental que "los astros inclinan", en el sentido de que el cuerpo muestra hacia ellos una gran pasividad. Y, evidentemente, en virtud de su unión con el cuerpo, el espíritu puede ser influido indirectamente por éste.
-Conforme se acerca el "fin de los tiempos", la necesidad de decidir deviene cada vez más apremiante, de manera que la opción definitiva separa de un modo siempre más claro a los extremos del bien y del mal.
-¿Por cuál de ellos optará la humanidad? Resultan iluminadoras al respecto las palabras de Cristo: "Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe sobre la tierra?" No parece que haya dificultad para interpretarla: Cristo afirma que su venida coincidirá con la "gran apostasía". De lo único que podemos dudar es de la mayor o menor extensión de la misma.
-Eso quiere decir que el género humano, falto de fe, se inclinará masivamente en la dirección marcada por los astros, ya sea "armónica" o "inarmónica".
-Ahora bien, al faltar la fe, incluso las inclinaciones armónicas del cuerpo redundarán en perjuicio del espíritu.
-Por tanto, el criterio para la interpretación de un tema astral es atenerse a lo puramente material, eso sí orientado preferentemente hacia el mal moral.
-Las palabras de Cristo no parecen dejar muchos resquicios para una interpretación optimista de la época terminal que estamos viviendo.
-No obstante, la frase en cuestión abre la posibilidad de que, a pesar de todo, quede alguna fe sobre la tierra. Lo que significa que la interpretación astrológica no tiene por qué ser irremediablemente negativa como para excluir toda esperanza. Y es que la gracia de Cristo está ahí para ser otorgada a quien con sinceridad se haga consciente de su situación casi desesperada y solicite el auxilio que viene de lo Alto.
-Fuera de esta actitud carece, pues, de sentido interpretar un tema astral en sentido positivo y "optimista".
-Es verdad que en todas las épocas la hermenéutica astral hubo de contar con la situación del hombre "caído y redimido". Sin embargo, al aproximarse el "fin de los tiempos", la opción definitiva se hace apremiante. Y así cobran máxima actualidad aquellas palabras del Salmo: "El auxilio me viene del Señor..."
