DEL PAR TOMISTA ESENCIA-EXISTENCIA Y DEL "SUJETO" ASTRAL
-Según la concepción tomista, la existencia va unida a la individuación y ésta a la materia, excepto en el caso de las jerarquías angélicas, a propósito de las cuales solo se puede hablar de especies, no de individuos.
-De cualquier manera, la existencia, esté referida a la especie o al individuo, es distinta de la esencia, salvo en el caso de Dios, cuya esencia consiste en existir. Y es que cada ente participa del ser a su modo; por eso está compuesto de potencia y acto. A diferencia del Ser Supremo o del Ser Mismo, que ya es todo lo que podría ser y, por consiguiente, carece de potencialidad para ser otra cosa que lo que es, los entes se hallan deficitarios de ser, y su esencia, ya se componga de tales o cuales "notas", es un poder-ser jamás colmado. Es decir, tantas esencias hay como posibilidades-de-ser nunca realizadas.
-Ahora bien, el Ser Supremo ha creado todas esas posibilidades, no para complacerse en su frustración, sino para que le busquen a Él, el único Acto y le reconozcan como tal. Eso sí, sin la divina Revelación, nunca hubiéramos sabido que el anhelo del Acto Puro, pasivo en todos los entes, activo en los racionales, puede ser colmado por Dios y lo será si los entes se muestran dispuestos a recibir la gracia ("Fecisti nos Domine ad Te, et inquietum est cor nostrum donec requiescat in Te", decía san Agustín expresando con precisión aquel anhelo).
-La esencia se compone de "notas", que pueden expresarse mediante diversos lenguajes, entre ellos el astrológico. Así, cada ente tiene una fórmula, una fórmula que tiende a ser colmada por el Acto Puro. Tan solo Dios tiene por esencia dicho Acto: "Ipsum Esse per se subsistens". No simplemente "ser esto" o "ser lo otro", que es lo que define la esencia, sino pura y simplemente Ser.
-De ahí que la esencia, de por sí atemporal, necesita de una duración para desplegarse. Este es el papel del tiempo, la "imagen móvil de la eternidad", que diría Platón. ¿Cómo se efectúa este despliegue? Mediante la adición a la esencia genérica de lo que los escolásticos llamaron la "haecceitas", es decir, lo que convierte a la esencia en una sustancia primera, apta para existir. Es lo que distingue a la sustancia segunda de la primera. Por eso la existencia solo puede acompañar a la sustancia primera, al "suppositum".
-Por cierto, conviene reflexionar sobre el sentido de la palabra "suppositum" o "hipóstasis" a propósito de la esencia divina que subsiste en tres personas. La semejanza puede establecerse con el modo en que tres sujetos humanos participarían de la esencia "hombre", con la diferencia radical (dejando a un lado otras) de que dichos individuos son finitos, al igual que la humanidad que los une y de la que forman parte y, por otro lado, la esencia humana en cuestión admite ser replicada en infinidad de individuos.
-Volviendo al lenguaje astrológico y a su aplicación al tema de esencia y existencia, es claro que solo un sujeto, expresado mediante una definición astrológica, puede gozar de existencia y no un símbolo planetario aislado del resto. Por eso la existencia solo puede advenir sobre un sujeto constituido como tal y determinado a partir de las "casas", a saber, sobre un microcosmos.
-En cuanto a la jerarquía esencial y existencial del mencionado sujeto, vendrá dada por el o los símbolos planetarios que lo definen. Otra cosa es que la voluntad aproveche mejor o peor las posibilidades contenidas en el símbolo. Ese es el ámbito de la moral, del deber-ser, es decir, de la coincidencia o no-coincidencia entre la realidad concreta y el ideal normativo.


metanoia dijo
En una primera lectura-escucha, no sé si esto se acercaría a Duns Escoto, para quien la diferencia entre dos individuos no es simplemente material, sino también formal: cada uno de ellos tiene, además de la forma universal, su formalitas individual o haecceitas. Es decir, Juan es uno y Antonio otro. De tal manera que la "fórmula" de cada ser se despliega en un tiempo que ya no es "el tiempo", sino su vida. Esta vida ya no es mera duración, sino plazo: estamos emplazados a "la hora de la verdad". Y a su definición astrológica habría que añadirle la gracia que Dios derrama sobre ellas. Lo cual hace que si bien sus cabellos estén contados, sea más fácil contar esos cabellos que los movimientos de su corazón, como decía S. Agustín.
4 Abril 2011 | 09:14 AM