La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

30 Noviembre 2010

SOBRE LA POBREZA EVANGÉLICA

-Comenzar por el texto del Juicio Universal: "Venid, benditos de mi Padre a gozar del Reino...,porque tuve hambre y me dísteis de comer..."

-Una cita signficativa: "Bienaventurados los pobres de espíritu..."

 

-Diversas formas de pobreza:

a) material

b) cultural (falta de conocimientos necesarios para vivir o para desempeñarse en el mundo, empezando por el analfabetismo)

c) espiritual (analfabetismo funcional de las masas, que no del pueblo; se traduce en la entropía cultural, simultánea de la nivelación total y de la ausencia de circulación vital, de maestros aceptados como tales y, por consiguiente, de discípulos.

 

-Situación actual:

a) anverso: pobreza material del Tercer Mundo

b) reverso: pobreza espiritual del Primer Mundo

(pero no hay reciprocidad: los países pobres admiten su pobreza material, que es remediada en parte; los países ricos no admiten su pobreza espiritual y, por tanto, apenas reciben nada a cambio...; así, los que dan dinero suelen tener "buena conciencia"; pero apenas les aprovecha, pues no saben reconocer lo que reciben; en todo caso, Dios les tendría en cuenta sus buenas acciones, si las hiciesen por Él, cosa que en muchos casos no ocurre).

 

-Para una profundización en el tema de la pobreza:

-Todo el mundo puede dar algo; por tanto, no existe la pobreza radical.

-Identidad entre Cristo y el pobre o el que sufre: "Se hizo como nosotros".

-La pobreza espiritual de la que se habla en las bienaventuranzas: vaciarse y desapegarse de todo, para abrirse a Dios, el único que nos colma.

-Pobreza y amor (Eros como "hijo de la abundancia y de la indigencia", que decía Platón; el ser humano ama a quien le sirve de complemento o a quien le da lo que le falta. Aquí podemos incluir a Dios como objeto directo. Pero Él "nos amó primero", como dice san Juan, y con absoluto desinterés, puesto que no nos necesitaba para nada). Pues Dios es el único capaz de comunicarnos el "amor sobrenatural", el amor de caridad.

-Si para amar o desear en sentido natural hay que sentirse pobre, para amar sobrenaturalmente hay que sentirse absolutamente despegado de sí mismo. No se busca recibir, sino un puro dar.

-Diferencia entre amor al prójimo y "caridad": no se trata simplemente de dar algo a los demás, sino de darse a sí mismo, como hizo Cristo, que, "sintiendo como rapiña ser igual a Dios, se anonadó a sí mismo y se hizo hombre por nosotros". Se hizo pobre para hacernos ricos a nosotros. Es la diferencia entre el dar humanitario y la auténtica caridad, el "agape" (nombre griego para "caritas").

 

-"Pues aunque lo diese todo...si no tengo caridad...", decía san Pablo. ¿Qué es entonces la caridad? Entregarse a los demás de manera que ellos lleguen a salvarse (decía santa Teresa que nadie nos ama más que quien se preocupa continuamente por nuestra salvación: "Nadie nos ama más que el que está dispuesto a dar la vida por nosotros" ("Sea yo anatema por vosotros..", decía san Pablo; y san Juan María Vianney, el santo Cura de Ars imponía poca penitencia a quien iba a confesarse con él: la cargaba él sobre sus espaldas).

 

-Pobreza como condición de la caridad (sólo puede amar a los demás con amor de caridad aquél que quiere abismarse en Dios: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...y al prójimo como a tí mismo" (para quienes están en una oficina de "Cáritas": si allí hubiera un rótulo que dijera "Amor" o "Dios", ¿no os asustaríais de no estar a la altura de las circunstancias? Pues de eso se trata. Palabras como "pordiosero" nos ponen sobre la pista. Y se nos pueden aplicar a cada uno de nosotros...)

-Porque Dios se siente absolutamente pobre, por eso puede amarnos en Cristo con amor de caridad. Sólo mediante la identificación con Cristo (el cristiano es "otro Cristo") es posible un amor semejante.

 

-"Obras son amores", dice el refrán; y, sin embargo, san Pablo señala la posibilidad de que uno que "da todo su dinero a los pobres y entrega su cuerpo a las llamas" pueda, no obstante, carecer de caridad. Luego la caridad supone algo más: la superación del yo egoísta y centrado en sí mismo, el amor sin contrapartida.

-Sólo Dios puede otorgarnos la capacidad de amar que lleva consigo la auténtica pobreza: pues Dios Padre, siendo rico, se da al Hijo, que, vacío de sí mismo, recibe en sí la riqueza del Padre y, en lugar de guardarla para sí, se la devuelve; y en este ir y venir de la riqueza que es el amor consiste el Espíritu Santo.

 

-De esta manera, nosotros podemos sentirnos a la vez ricos y pobres en la medida en que entramos en el círculo amoroso de la Trinidad. Pues ¿quién puede dar sin medida? Aquél que se siente uno con Dios y, por ello, no se guarda nada para sí.

 

-¿Quién es verdaderamente rico? El que lo da todo. ¿Quién es pobre? El que se considera indigno de recibir nada. Así, el que todo lo da, todo lo recibe, pues Dios se lo devuelve con creces. Si Dios se hizo pobre para que nosotros nos hiciésemos ricos, justo es que nosotros hagamos lo mismo con nuestros hermanos. De esta forma, el mundo participará del ser de Dios.

-Me diréis: "¡Qué poco podemos hacer nosotros!" Os respondo: "Dios hará el resto".

 

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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