SOBRE LA CURACIÓN DE LOS 10 LEPROSOS
"Yendo hacia Jerusalén atravesaba por entre Samaría y la Galilea, y entrando en una aldea, le vinieron al encuentro diez leprosos, que a lo lejos se pararon, y levantando la voz decían: ´Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros´. Viéndolos, Jesús les dijo: ´Id y mostraos a los sacerdotes´. En el camino quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, volvió glorificando a Dios a grandes voces; y cayendo a sus pies, rostro a tierra, le daba las gracias. Era un samaritano. Tomando Jesús la palabra, dijo: ´¿No han sido diez los curados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?´Y le dijo: ´Levántate y vete, tu fe te ha salvado´".*
La lepra como prototipo de la enfermedad que aísla a quien la padece y lo sitúa en el último escalón de la sociedad, convirtiéndolo en "intocable".
Jesús cura a los 10 leprosos, como para significar la totalidad de los rechazados por el mundo, que, en su radical abandono, reciben el auxilio de lo Alto y la muestra del insondable amor de Dios.
Sin embargo, conscientes como son todos de su derelicción, sólo uno de ellos vuelve a agradecer a Jesús su curación. Y Jesús constata la ingratitud de los otros nueve, a la vez que anima al agradecido a perseverar en la fe que lo ha salvado.
Y es que la indigencia no comporta necesariamente la plena conciencia de sí, un tema central en la reflexión sobre la pobreza, la cual no siempre es comprendida como lo que es, una ocasión para encontrarse con Dios a través de la humildad, pero sólo eso, una ocasión, cuyo aprovechamiento dependerá de la actitud del pobre.
Ayuda considerar que el número 10, el de los leprosos, es el valor numérico de la letra Iod, símbolo del "Padre" en la fórmula del Tetragrama. Pues bien, ¿qué es el Padre sino el origen de donde todo procede y la fuente de la que emana todo don? En cuanto al leproso samaritano, el extranjero (un expresivo símbolo de Dios en la Escritura), nos remite con claridad a la trascendencia de la unidad divina, de la que es reflejo fiel.
Frente al abismo de la indigencia, la altura insondable de la plenitud que nada guarda para sí. Es lo que se manifiesta a través de la acción de Cristo, cuyo anonadamiento le ha llevado a tomar la "forma de siervo".
*Sagrada Biblia, versión de Nácar-Colunga, Madrid, 1966, B.A.C.
