DE LA DECEPCIÓN DE LOS LIBERALES
En la estela de quienes han olvidado la realidad del pecado original y sus consecuencias en todos los órdenes, incluido el político, la mayoría de los defensores de la ideología liberal se muestran decepcionados ante el comportamiento de las masas.
Piensan: Cómo no van a preferir la libertad a la esclavitud? Pues no, ya que la primera supone una capacidad de reflexión y una asunción de responsabilidades demasiado difíciles para quienes nunca llegaron a vivir o a asimilar colectivamente semejantes ideales. Y es que éstos no son otra cosa que ideales humanos profesados, en el mejor de los casos, por una minoría más o menos amplia de personas y cuya plena realización no es posible al margen de la fe cristiana.
Piensan: Cómo no van a preferir la prosperidad subsiguiente a la economía de mercado, al férreo control estatal que conduce a la pobreza o la indigencia? Pues no, ya que las masas en cuestión están habituadas a confiar en la protección de Papá Estado. Y lo están porque, lejos de afrontar la responsabilidad individual, opinan que el individuo ha someterse en todo a la tutela del Estado, verdadera caricatura de la Providencia. Por eso la sociedad oscila entre la autoafirmación esporádica de la propia individualidad y la subordinación al despotismo estatal en toda su crudeza, aunque se halle enmascarado bajo las apariencias democráticas.
Piensan los liberales: ¿Cómo no van a preferir las masas el olvido catártico de los traumas aportados por una historia desgarrada, a una rememoración desastrosa de los mismos? Pues no, prefieren resucitar los odios ancestrales. Y es que el olvido en cuestión no suele basarse en el perdón, sino en el debilitamiento de la memoria colectiva. Y así sucesivamente.
Las conclusiones anteriores no deben de extrañar a nadie: en efecto, durante el tiempo en que se hallaban vigentes hasta cierto punto los ideales cristianos, la sociedad entendía de alguna manera el lenguaje liberal; hoy que semejantes ideales han quedado en segundo plano para vastos segmentos sociales, hemos perdido hasta el instinto de conservación y apenas somos capaces de valorar la libertad y sus derivados.
Por eso, a falta de una ayuda espiritual superior, las virtudes humanas pueden apuntalar durante algún tiempo el edificio social, pero nunca garantizarán su solidez de una vez para siempre.


Jose Miguel dijo
A mi modo de ver quienes sostienes y propugnan posiciones "liberales" en España son pocos.
Sin embargo, lo hiperparadógico de asunto es que como sectores de extrema izquierda (cfr. p.e.: rebelion.org) creen en que luchan contra el "pensamiento único", y que ZP a asumido políticas "neoconservadoras" del PP.
27 Julio 2010 | 12:42 AM