La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

7 Julio 2010

SOBRE EL "ADVERSARIO" CON QUIEN HEMOS DE RECONCILIARNOS

En el sermón 109 sobre los Evangelios Sinópticos, san Agustín aborda el texto de Lc 12,56-59, en el que se habla de los signos de los tiempos, un tema de particular importancia en todas las épocas, ya se refiera al fin del mundo en general o al fin del tiempo de la vida de cada persona.

 

En este contexto plantean un problema peculiar las palabras con las que Cristo alude a la necesidad de reconciliarse con el "adversario" mientras vas de camino con él al magistrado, no sea que te entregue a él y termines con tus huesos en la cárcel. Palabras cuya interpretación no resulta fácil y que, evidentemente, no pueden referirse al diablo, ya que de él fuimos liberados por la muerte redentora de Cristo, que nos sacó del "poder de las tinieblas".

 

Comparando el texto de Lucas (12,58), que dice: "Mientras vas con tu adversario al magistrado, esfuérzate por librarte de él", con el de Mateo (5,25): "Reconcíliate pronto con tu adversario mientras vas de camino con él, no sea que te entregue al juez...", san Agustín concluye que el adversario en cuestión, lejos de ser el diablo, no es otro que la "palabra de Dios" ("sermo Dei"):

 

"Busquemos al adversario con quien hemos de reconciliarnos para que no nos entregue al juez, y el juez al alguacil. Busquémosle y reconciliémonos con él. Si pecas, tu adversario es la palabra de Dios. Pongamos un ejemplo: Quizá te gusta emborracharte. Ella te dice: "No lo hagas". Quizá te deleitan los espectáculos y las frivolidades. Ella te dice: "No lo hagas". Quizá te agrada el adulterio. La palabra de Dios te dice: "No lo cometas". En cualesquiera pecados en que pretendas hacer tu voluntad, te dice: "No lo hagas". Ella es el adversario de tu voluntad hasta que llegue a convertirse en autora de tu salvación. ¡Oh buen enemigo! ¡Qué provechoso adversario! No busca nuestra voluntad, sino nuestra utilidad. Es nuestro adversario, mientras lo somos nosotros de nosotros mismos. Mientras tú seas adversario de ti mismo, tendras adversa la palabra de Dios. Hazte amigo de ti mismo y te habrás reconciliado con ella. No seas homicida: Escúchalo y te reconciliaste. No forniques: Escúchalo y te reconciliaste. No profieras falso testimonio: Escúchalo y te reconciliaste. No desees la mujer de tu prójimo: Escúchalo y te reconciliaste. No codicies los bienes ajenos: Escúchalo y te reconciliaste. En todas estas cosas te reconciliaste con tu adversario. ¿Perdiste algo? No sólo no perdiste nada, sino que te hallaste a ti mismo que te habías perdido. El camino es esta vida. Si nos reconciliamos con el adversario, si nos ponemos de acuerdo con él, al final del camino no temeremos ni al juez, ni al alguacil, ni la cárcel"(1).

 

(1) Sobre los Evangelios Sinópticos,  Obras Completas de San Agustín X, Madrid, 1983, B.A.C.,780-781.

 

 

 

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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