"PRIMUM VIVERE, DEINDE PHILOSOPHARI": SOBRE LOS NIVELES DE LA TEMPORALIDAD

-Incluso de las personas que despiertan muy pronto al filosofar cabe decir que su filosofar es durante mucho tiempo un mero vivir y no propiamente un pensar.
-Razón: es la vivencia del tiempo la que nos madura (si uno está "en vías de salvación") o nos desintegra (cuando, por el contrario, uno está "en vías de perdición"). Por eso, cuanto más cerca estamos del fin de nuestra existencia, mayor es la capacidad para tener una visión global.
-Y de ahí que cuanto más largos sean los ciclos planetarios, mejor simbolizarán la auténtica posibilidad del filosofar. Por ejemplo, Saturno representará un pensar más profundo que el de Júpiter, y Urano, Neptuno y Plutón un pensar todavía más profundo que el de Saturno.
-Por consiguiente, para cualquier sujeto, los ciclos de los planetas rápidos simbolizarán el "vivir" y los de los lentos el "filosofar". Lo cual no quiere decir que en el intervalo marcado por la revolución de un planeta rápido sea imposible el filosofar. Lo es, aunque no con la radicalidad con que puede hacerlo en el ciclo de revolución de un planeta lento.
-Por lo demás, a cualquier existencia, por breve que sea su duración, se le puede aplicar analógicamente el mismo principio. Es decir, que la dimensión "cuantitativa" que es el vivir halla su integración (o, en el peor de los casos, su desintegración) en la dimensión "cualitativa" que es el filosofar.
-Las reflexiones anteriores vienen perfectamente compendiadas en la conocida sentencia de Hegel: "La lechuza de Minerva levanta el vuelo al anochecer". Es la visión de la existencia como camino teorético.
Y, sin embargo, el camino en cuestión se nos muestra incompleto e insatisfactorio a la luz de otra sentencia, esta vez de san Juan de la Cruz: "Al atardecer de la vida se nos examinará del amor". En definitiva, es la búsqueda del Amor divino como fundamento del existir lo que nos permitirá evitar la deriva gnóstica.
