UNIVERSAL, PARTICULAR, PREDICCIÓN (I)
La relación universal/particular
¿Cuál es el estatuto de los entes abstractos, de los "universales" de la filosofía medieval? Puesto que están referidos a cosas pasadas, presentes o futuras, parece que suponen la capacidad del entendimiento para situarse por encima del tiempo y del espacio. Ahora bien, nos movemos en el ámbito de la lógica, no en el de la existencia. De hecho, el hombre que posee esa capacidad es mortal, al menos en cuanto al cuerpo. No así en cuanto al espíritu; quizá por eso Platón nos habla de las Ideas como situadas en un mundo intemporal, extrayendo todas las consecuencias de su universalidad. Y, puesto que dicha universalidad es indisociable de la intemporalidad e inespacialidad, no puede ser otra que la radicada en el ser divino, al que Platón identifica con el Bien. No en vano los neoplatónicos y san Agustín apuntaron, cada uno a su manera, en esa dirección. La lógica nos remite así al ámbito divino como fundamento del pensamiento y de los universales. Por tanto, el pensamiento y sus categorías nos muestran en su operación la existencia de la esfera eterna. ¿Quiere esto decir que el hombre es un ser deiforme o eterno? No, pero sí que es una existencia abierta a la eternidad.
¿Qué pensar entonces de la sobre-cosificación de los objetos subsiguiente a la reintegración de las esencias en las cosas de que habla Abellio? Sería algo así como una toma de conciencia del papel estructurador y organizador de las esencias. ¿Y qué decir de la "encarnación" de las ideas en las cosas de que habla Aristóteles? En el fondo va en la misma dirección: no es posible hablar de las ideas separadamente, sino que las ideas lo son de las cosas. Platón lo supone, ya que, de otra manera, no se plantearía el problema de la fundamentación de lo real o el de la investigación de su "naturaleza". Me viene a la memoria lo que leí en algún lugar sobre el sentido "anticrístico" de la doctrina de Aristóteles. Quizá se refiriera a este punto, es decir, a la adjudicación a las cosas concretas de lo que constituye la índole de las ideas. ¿Cuál es esta índole? El esquema eterno aplicable a todos los individuos de una misma especie. Pues bien, si, más allá de la interpretación habitual de Aristóteles, identificamos la idea con la materia, puesto que se trata de diferentes polos ("Purusha" y "Prakriti" u otros términos equivalentes), la interpretación "anticrística" invertiría el orden normal de las cosas. Por otra parte, la doble dimensión de la vertical en Abellio expresa el contraste primordial entre ambos polos de la "manifestación", de manera que la confusión entre el hemisferio superior y el inferior sería de índole "satánica".
Todo lo cual nos lleva a las siguientes conclusiones:
1) Aun después del pecado original, el hombre está abierto a Dios y, por consiguiente, a la esfera de la validez universal.
2) Aunque el cuerpo haya de pasar por la muerte, el espíritu sigue siendo inmortal, no eterno, inmortalidad desde la que es posible la persona, es decir, el estar en la presencia de Dios, o, mejor, frente a él.
3) El lenguaje, como expresión del pensamiento, conserva, no obstante, la referencia al ámbito de la eternidad, sin que ello suponga la plena realización del ser: una cosa es la lógica, y otra, la ética.
Pervivencia del pasado y anticipación del futuro
Puesto que el pasado y el futuro son cognoscibles en parte, ¿se puede afirmar que existen de la misma manera que el presente? Una hipótesis semejante sólo puede sostenerse sobre la base de la existencia de un ser supratemporal (si se trata de conocimiento estricto) o de un ser cuyos recursos para la conjetura son muy elevados.
En la primera situación, es indudable que el pasado y el futuro existen en cuanto sostenidos y conocidos por la esencia divina. Y así, puesto que, para la ciencia divina, el pasado es tan accesible como el futuro, se puede hablar de una pervivencia del primero y de una anticipación del segundo. De este modo, para un místico, cuyo entendimiento se identifica con el Intelecto divino, es posible acceder a ambos, al menos de manera parcial e incompleta (en el caso de que posea dicho carisma). En cuanto al segundo caso, una inteligencia angélica o diabólica, o también un hombre dotado de sabiduría puede "rastrear" el pasado o el futuro desde el presente, a partir del contacto con la persona concreta, su aura o su tema astral.
No es posible, sin embargo, viajar al pasado o al futuro con el propio cuerpo, como si ambos continuasen existiendo a la manera del presente. Sí cabe hacerlo con la imaginación o con la "razón conjetural" y, evidentemente, a otro nivel, el de la "identificación" con la esencia divina que todo lo sostiene. Así, cuando el "hombre interior" nace en uno, es posible contemplar desde fuera la vida anterior y posterior, reinterpretándola y transfigurándola desde la mente divina, de la que comenzamos a participar. Este es el sentido de la "recuperación del pasado", como también de la "anticipación del futuro", siempre suponiendo que el acceso al "eterno presente" tenga, como es lógico, un carácter no permanente. En caso contrario, ya no habría pasado ni futuro en sentido estricto.
Semejante acceso al "eterno presente" recompondría, por tanto, los fragmentos mal ensamblados o insuficientemente comprendidos de nuestra existencia, otorgándoles pleno sentido. Entenderíamos así una serie de circunstancias que han rodeado nuestra vida y, hasta cierto punto, las "razones de nuestro nacimiento y de nuestra misión en el mundo". Desde la ciencia divina cabe comprender la cadena de las causas y de los efectos en la medida en que todo estaba ordenado por la Providencia hacia el pleno "despertar de la gracia". ¿Cabe también, en sentido "contrario" y a la manera de un conocimiento "sombrío", el percatarse desde una instancia que no puede ser la divina, sino un engaño diabólico, de la conexión ilusoria y absurda de causas y efectos que conducirían a un alma perdida a la conciencia de su propio extravío? No es posible comprender en último extremo el absurdo: sólo Dios puede saber de él sin quedar afectado.
Futuro universal y particular
La capacidad de ver todos los detalles del futuro es propia de la ciencia divina y, puntual y limitadamente, de quien participe de ella. Por eso, cuando se trata de predecir el futuro, la particularización exhaustiva o muy grande presenta dificultades casi insuperables. Por tanto, más allá de la astrología influencial (hechos aislados), simbolista ("atmósferas") y estructuralista (ordenación de esencias desde el Yo trascendental), cabría otra, la que participa de la visión divina.
Esta última no sólo supondría la emergencia del Yo trascendental y la comprensión global de las esencias, sino también la capacidad para nombrar los hechos. Una cosa es aludir a los distintos niveles en que se manifiesta el símbolo, "dar detalles" sobre él, esperando que dicho símbolo se traducirá en alguno de ellos, y otra muy distinta comprender la esencia de un símbolo en tanto se manifiesta de muchas maneras y en muchos acontecimientos, señalando o ilustrando con certeza (y no a la manera de una suposición) una serie de hechos en que se muestra. Hay grados en ese conocimiento de lo particular, pero la menor capacidad para conocer de antemano lo particular indica un estado de conciencia más elevada que la que marca la emergencia del Yo trascendental. Con todo, habría que profundizar más en esta cuestión, ya que lo particular posee una realidad más primaria que lo universal: el primero se mueve en el ámbito de lo infinito (o, por lo menos, tiende a él, pues, en rigor, lo único realmente infinito es la esencia global "mundo" o "ser"); el segundo pertenece a la esfera de lo indefinido.
Habrá, pues, que distinguir entre:
Predicción del futuro en su dimensión universal....."atmósferas", "esencias" (las cuales poseen un grado de intensidad mayor que la de los simples hechos, sin alcanzar la intensidad última, propia de la esencia "mundo" o "ser". Por eso no apunta a los hechos concretos, o, mejor, apunta a hechos localizados en el espacio-tiempo, pero de una manera imprecisa)
Predicción factual.....multiplicidad de los hechos concretos (en realidad es la única que merece tal nombre, puesto que se refiere a acontecimientos situados en el espacio-tiempo).
"Predicción" que, en realidad, es visión.....tiene por término la esencia "mundo" o la totalidad del "ser". Y con el concepto "ser" englobamos, evidentemente, a Dios, la realidad fundante de todo cuanto hay. En este sentido, no es que renunciemos a percibir los acontecimientos, sino que aprendemos a verlos insertos en el ser divino (a modo de Idea platónica o arquetipo agustiniano). ¿Cómo se llega a este último modo de "predicción"? Por medio de una estructuración u ordenamiento de los símbolos que intervienen en un tema. De esta manera unificamos en una "esencia" la índole de un "sujeto" y la arraigamos en Dios.
Si tenemos en cuenta que la realidad tiene una dimensión histórica habrá que conciliar en ella la "mismidad" del sujeto con su "alteridad". Por tanto, cualquier predicción tendrá por objeto ambas cosas. No basta, pues, con hacer referencia a la "esencia" de lo que pasa; también convendrá, en la medida de lo posible, concretar los acontecimientos. Aquí radica la razón de la conjetura: en la necesidad de pasar de la "esencia" a "lo particular". En el otro extremo se sitúa la ciencia divina, la única capaz de ver lo particular, más allá de toda ciencia humana, que nunca es "de singulis". Entre ambas, la "sabiduría" del Yo trascendental no sería más que un intento de sobrevolar la existencia, sin conseguirlo: no en vano el propio Abellio habla de la necesidad de completar la "omnisciencia" con la "omnipotencia".
Lo importante es comprender la dualidad hecho-esencia, que nos remite a otra: multiplicidad-unidad. Se trata siempre de ordenar un caos, de sobrepasar una multitud. Y esta tensión acompaña siempre a la vida intelectual.
¿Cuál es el camino para superar esta tensión y volverla creadora o productiva? La jerarquía de las nociones, los conceptos, las ideas tal como se presenta (aunque no conscientemente vivida) en el lenguaje. Este implica el poder de abstracción, de acceso a lo universal, un ámbito tradicionalmente dividido en grados, como señalaba ya Santo Tomás, que hablaba de tres grados de abstracción: a) la que prescinde únicamente de lo individual (típica de las ciencias naturales); b) la que hace precisión de todo menos de la cantidad (propia de las matemáticas); c) la que, ascendiendo hasta la cúspide de la abstracción, se queda únicamente con la noción de "ser".
En realidad, la primera señala el paso del "hecho bruto" al concepto, de lo particular a lo universal, de la existencia a la esencia. La segunda supone una inmersión mucho más profunda, la que da lugar al número. La tercera, cuya esfera propia es el mundo de las Ideas, culmina en la noción de "ser", que engloba también lo que Platón llamaba el Bien, puesto que el "ser" no abarca únicamente al mundo, sino también a su fundamento radical (no en vano se dice de tal noción que es "análoga"). En este punto conviene distinguir entre los números platónicos que, según Aristóteles, no son otra cosa que las Ideas, y el número en su aspecto cuantitativo, al que alude Tomás cuando hace referencia al segundo grado de abstracción.
