La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

27 Marzo 2010

ATRIBUTOS DIVINOS, SIMBOLISMO PLANETARIO, DEIFICACIÓN

-En otro lugar hemos hablado de la “deducción” de los atributos divinos a partir del simbolismo de los planetas y de cómo los mencionados atributos aparecen relacionados con un sujeto dado según los ángulos que los distintos planetas forman con el Ascendente y su regente.

-Las vías de afirmación, negación y eminencia utilizadas por santo Tomás de Aquino nos permiten pasar del plano de la creación al plano del Creador a través del principio de analogía. Se trata, en definitiva, de subrayar la distancia entre ellos, labor de la teodicea, con la particularidad de que, tomando como base el simbolismo astral, los atributos divinos adquieren una mayor concreción y capacidad de resonancia.

 -Pues bien, del Dios que se nos manifiesta en la Revelación y en la historia de la salvación no tenemos, en principio, otra noticia que la que nos ofrece la razón, noticia que no puede más que destacar la diferencia entre la Divinidad y la humanidad. Sólo Dios, por iniciativa propia, puede superar la distancia por medio de la gracia, a fin de que el ser humano sea deificado y llegue a ser “Dios por participación”.

 -De manera que los atributos antes deducidos como característicos de Dios vienen a comunicarse a la humanidad: de un modo radical, hipostático, a la humanidad de Cristo, y de un modo participado a la humanidad caída y redimida, destinataria de la revelación y de la deificación.

-También pueden “deducirse” los atributos a partir del simbolismo de los dígitos (la base decimal es la “natural” si atendemos a que el número de dedos de las manos y de los pies es justamente 10).

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Diego

Diego dijo

Hola Emilio,

siempre encuentro muy interesante su blog y este post muy en concreto por la actualidad de la que goza. Seguramente sabrá que mañana, 30 de marzo de 2010, a las 8:30 (hora europea), se volverá a poner en funcionamiento el gran colisionador de hadrones europeo, LHC. A ver si nadie se deja la barra de pan del bocadillo descuidada donde no debería -como ocurrió en el anterior intento fallido-.

Esta máquina está llamada a ser la que explique el proceso de creación del universo, lanzando millones de valores que durante varios años numerosos científicos deberán interpretar dando lugar posiblemente a una nueva física moderna. Es una lástima que Albert Einstein muriese hace más de medio siglo ya que siempre tuvo el firme deseo de "ver cómo trabajaba Dios durante la creación".

Estoy interesado, ahora que habla sobre la distancia entre un plano de creación respecto al del Creador, en qué podría modificar esta distancia la dantesca máquina y cómo afectaría a los dogmas religiosos en ese aspecto. También me interesaría conocer, desde su punto de vista, en qué pueden beneficiar o perjudicar las conclusiones que se extraigan respecto a la Creación Divina durante el Big Bang. Es decir, ¿la explicación unificada "del todo" sustituirá al Creador o lo reforzará aún más? ¿Podría estar cerca el ser humano de crear vida entendiendo cómo se han creado los átomos de los que estamos hechos? ¿Desde el punto de vista de la razón, cómo se puede orientar el hecho de que el imperfecto humano pueda ser capaz de observar una Labor Divina?

Y entrando en un terreno teológico, al entrar de lleno en asuntos divinos, ¿no podría acelerar la ruptura del sexto sello, provocando un segundo advenimiento de Cristo con la intención de sacar al hombre de su inescrutable terreno? ¿Podría provocar el LHC la ira de Dios debido a la soberbia del hombre como ocurrió con la Torre de Babel?. Cuando Jesús venga de nuevo Él vendrá con ira para el mundo. Es "el gran día de su ira" (Sal. 110:5, Is. 13:9, Sof. 1:14 ff. Rom. 2:5).

Aquí le dejo el enlace de la noticia por si le quiere echar un vistazo: Noticia. Un saludo afectivo.

29 Marzo 2010 | 02:36 PM

www-espacioblog-com-analog

www-espacioblog-com-analog dijo

Muy importantes, Diego, las cuestiones que planteas. En cuanto a la "modificación" que pudiera suponer el proyecto LHC en relación con la distancia entre el Creador y la humanidad, no hay que preocuparse. Como decía aquel aforismo que dice más o menos así: "Cualquier semejanza que descubramos entre uno y otro plano será superada por una diferencia mayor". Como suele expresarse vulgarmente, a medida que aumenta la zona de luz en la exploración del Universo, también se acrecienta la zona de sombra. Y también: "la ciencia, cuando es escasa, aleja de Dios; cuando es mucha, acerca a Él", como ya señaló Einstein.
Eso sí, la investigación científica, en tanto va acompañada de una reflexión filosófica y de la conciencia de sus límites, nos ayuda a comprender mejor algunas de las leyes que rigen el Universo y que la Divinidad estableció desde su eternidad. Lo malo es cuando la ciencia y la tecnología actúan como el "aprendiz de brujo". En tal caso, la actividad tecnológica se convierte en una especie de "rebelión de los Titanes" o en un intento de construir siempre de nuevo la "torre de Babel", como muy bien señalas. Lo estamos viendo en tantos campos (pídele, por ejemplo, al buscador información sobre el proyecto HAARP: y ése no se realiza en subterráneos)y, especialmente, en el de la biotecnología.
Por eso estos acontecimientos nos obligan a reflexionar profundamente sobre la "atmósfera" apocalíptica en que andamos inmersos. En cualquier caso, el comportamiento de los "nuevos brujos" tiende a provocar un desencadenamiento de la "ira de Dios" (siempre atemperada por la misericordia que se manifestó y se manifiesta a través de Cristo).

31 Marzo 2010 | 07:13 PM

Diego

Diego dijo

Le agradezco la explicación. La verdad es que si hacemos una contemplación objetiva sobre la historia de la ciencia y sus hallazgos, podemos encontrar una cierta analogía con la paradoja de Zenón de "Aquiles ("el de los pies ligeros") y la tortuga". Cuando el héroe va al lugar exacto donde creía que estaba el animal -tras dejarle una confiada ventaja-, se da cuenta de que ya no está, se le ha escapado. Sin desanimarse sigue corriendo y se vuelve a encontrar con la misma situación... y así sucesivamente.
A la ciencia le ocurre algo parecido: por mucha distancia que recorra, verá que existe alguien más veloz que ella, y comprenderá que la carrera por alcanzar la verdad se hará eterna pues da igual el tiempo que emplee. Es como atrapar un pez con las manos.
Muchos científicos destacados -la mayoría creyentes- han postulado la imposibilidad de demostrarlo todo; rellenando ese vacío la teología y la filosofía (porque "intentan explicar lo inexplicable").
Quizá podamos entender muchas cosas con la nueva gran maquinaria que tenemos entre manos, pero siempre habrá un terrero oscuro insondable. No obstante, es sano confiar en la ciencia pues es la que nos mantiene vivos más allá de treinta años -como se supone que estamos programados a vivir, por eso es tan fácil cumplirlos- o les permite vivir relajados a las personas con mentes equilibradas.
Un saludo.

1 Abril 2010 | 11:54 AM

www-espacioblog-com-analog

www-espacioblog-com-analog dijo

En mi opinión y como ya decía Gabriel Marcel, el sentido del Universo no es un problema al alcance de la ciencia, puesto que no se trata simplemente de un "enigma", es decir, de un problema objetivable que pueda resolverse desde fuera, ya sea mañana o en un futuro más o menos lejano. Lo que tenemos delante es un "misterio" y, como tal, nos engloba a nosotros mismos. La filosofía auténtica (no lo que hoy suele pasar por tal) reconoce esto, pues no es un simple intento de explicar lo inexplicable.
En cuanto a la teología dogmática (no la teodicea, que sólo es una parte de la filosofía), es decir, la que parte de los datos de la revelación divina contenidos en la Biblia, su status es diferente, pues no pretende en último extremo explicar el mundo, sino esclarecer mediante la razón los contenidos o dogmas de la fe. Ahora bien, en la medida en que la razón iluminada por la fe desempeña su tarea brotan conocimientos que rebasan el alcance de cualquier ciencia y, sobre todo, sitúan al saber científico en su verdadero lugar.
En lo que se refiere a la ayuda que la ciencia nos suministra "para llegar a los treinta años", yo distinguiría entre los descubrimientos de algunos científicos que todavía ejercitan el "sentido común" y los de aquellos que siguen sin entender que "ciencia sin conciencia es ruina del alma" y pretenden comer de los frutos del "árbol de la ciencia del bien y del mal". Así, por ejemplo, en "Viejo muere el cisne", Aldous Huxley describe la existencia "antiutópica" de una sociedad que ha conseguido prolongar la vida de manera notable. En fin, el mundo de hoy se halla ante una encrucijada terrible en la que buena parte de la humanidad parece haber optado por el clásico "Et propter vitam, vivendi perdere causas" ("Por vivir a toda costa, se ha perdido el sentido de la vida"). No sé por qué me viene a la mente la impresionante reprimenda de Churchill a Chamberlain por haber capitulado ante Hitler: "Habéis preferido el deshonor a la guerra; pues bien, tendréis el deshonor y, además, la guerra". Un campo de aplicación, entre otros, de aquella sentencia.

7 Abril 2010 | 06:23 PM

metanoia

metanoia dijo

En lo que a la deducción de los atributos divinos se refiere, tienen la limitación de expresar mejor el modo en que es percibido o vivido Dios, que de decir algo de Dios. Tomados demasiado literalmente puden conducir a paradojas racionales, como la de siendo Dios todopoderoso, permite el mal, etc. Vistos desde la fe en Cristo adquieren esa dimensión que nos permite dirigirnos a Dios como Padre y percibirlo como Amor.
En cuanto al interesante diálogo entre Diego y Emilio, pienso que efectivamente impulsa a la ciencia el deseo de construir una Torre de Babel que más que pretender ascender al cielo, pretende bajar el cielo a la tierra. Y más que provocar la ira de Dios, lo que provoca es que los hombres, así oigan el rumor de los pasos de Dios, se escondan infantilmente y vuelvan al estado de expulsados del Paraiso, necesitados de la acogida de Dios.
Efectivamente, el sentido es una dimensión de la realidad que escapa del campo de los meros hechos y las leyes que los regulan. Solamente puede proporcionarlo el descubrimiento de la unidad que subyace a todo lo real y la eternidad supuesta en el pasar temporal de las cosas. Es el misterio de Dios que nos explica, contiene e ilumina.
Los hombres pueden construir a base de añadir ladrillos, pero solamente orientados por ese misterio luminoso pueden descubrir el sentido de sus vidas y su construcción.
Creo, Diego, que ni los filósofos ni los teólogos intentan completar aquel vació al que la ciencia no llega aventurando especulaciones. Pienso que su actividad se dirige más al centro a partir del cual se originan los diferentes círculos de la actividad humana.
Un saludo a ambos

9 Abril 2010 | 08:52 PM

www-espacioblog-com-analog

www-espacioblog-com-analog dijo

Tu observación, José Luis, a propósito de los atributos divinos viene muy bien al caso, pues, "deducidos" de un modo demasiado "racional" corren el riesgo de entrar en contradicción unos con otros o de crear bastantes dificultades en el camino de acercamiento a Dios. Por eso no conviene separar los procedimientos de la razón de los datos de la Revelación: sólo así pueden utilizarse correctamente las 3 "vías" de que habla santo Tomás y desarrollar adecuadamente la analogía.

16 Abril 2010 | 10:59 PM

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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