La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

27 Febrero 2010

DEL BLOGGER (XV): SOLDADO

 

A diferencia de los conflictos en el ámbito eclesiástico o en el universitario, derivados de mi manera de ser y de mis decisiones concretas, las incidencias relacionadas con el Ejército ocurrieron al margen de mi voluntad.

 

Dos veces estuve en la "mili" y ninguna de ellas con carácter normal. La primera, por negligencia de las autoridades eclesiásticas de Roma, que se olvidaron de renovar mi prórroga de exención del Servicio Militar. Como consecuencia de ello, fui llamado urgentemente a filas en septiembre de 1967. Allí estuve una semana hasta que el Obispo aclaró mi situación enviando una carta al Ministro del Ejército.

 

La segunda vez fue ya en 1973, tras haber pedido y obtenido del Vaticano la reducción al estado laical. Todavía recuerdo la escena en que el capitán de Zona ironizaba (con toda la razón) sobre la "limpieza" de mi cartilla militar. Y es que en ésta aparecía una serie de sellos que iban definiendo las sucesivas etapas de mi situación militar: ¡Vaya carrera que lleva Ud.! : "Soldado"..."Exento por el Concordato con la Santa Sede"..."Soldado"..."Incorporación a filas"..."Exento por el Concordato"..."Soldado por reducción al estado laical".

 

Como se daba la circunstancia de que me faltaba poco para los 30 años, le pregunté si podía solicitar, tras el Campamento, la dispensa del tiempo de servicio en destino. "Pídala Ud. Con esta cartilla seguro que se la van a dar!"

Afortunadamente ("Dios aprieta, pero no ahoga"), en el Campamento encontré a un capitán que, en su nobleza, supo hacerse cargo de mi problema y me ayudó a resolverlo.

 

Por lo demás, al mes escaso de iniciar la Instrucción tuve una caída, de resultas de la cual me fracturé el codo izquierdo (el del "rigor", que diría la Cábala; por otra parte, mi Saturno en los Gemelos dejó aquí su sello con motivo de un tránsito en conjunción con su lugar natal) y, tras una intervención quirúrgica algo complicada (el olécranon estaba bastante afectado), realizada por un gran cirujano (aunque no disponía de muchos medios), mi brazo quedó algo disminuido en sus funciones.

 

Posteriormente, un tribunal médico me dio la exclusión temporal para el servicio y, más tarde, la total. Así, ya que no prosperé en la carrera militar, al menos obtuve el título de "Caballero Mutilado de Guerra por la Patria". Eso sí, la lesión, al ser calificada con el 15 %, no me daba derecho a compensación económica alguna.

 

Más tarde, al entrar la democracia, me asignaron una paga mensual de 700 pesetas, que luego ha ido aumentando hasta alcanzar los 25 € actuales. Menos mal que en todo ese tiempo no he tenido que ganarme la vida como bracero! Aunque la verdad es que, gracias a Dios y al mucho dinero que gasté en recuperación, el brazo izquierdo se desenvuelve bien y tan sólo "rechina" un poco al cambiar el tiempo.

 

Lo gracioso del asunto es- al decir de mi mujer- la facilidad con que yo me adaptaba a la vida militar. Supongo que ello tiene que ver con mi pertenencia al signo de Aries y con la posición  de Marte. Lo cierto es que me reconozco bien en el dicho bíblico "Milicia es la vida del hombre sobre la tierra".

 

Por otra parte, la signatura "marcial" se ha dejado sentir en los numerosos enemigos que periódicamente aparecen en mi vida y que, a veces, se manifiestan al modo de la "sombra" jungiana. Dice el proverbio que "nadie puede saltar por encima de su sombra". Tan sólo "al mediodía" desaparece la sombra, cuando, mediante la gracia divina, alcanzamos la "perspectiva" universal y aprendemos a "perdonar a nuestros deudores".

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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