SOBRE ACTITUD FENOMENOLÓGICA Y NUMEROLOGÍA
¿Cabe representar numerológicamente la actitud fenomenológica? Parece que sí. Para ello empecemos por preguntarnos: ¿A qué número corresponde la actitud "natural"? Si la consideramos como una situación de "alienación" o de inmersión en la multiplicidad, habría que conectarla bien con el "caos" anterior al "mundo", bien con la dualidad en tanto que "abstracción" o "desviación" de la auténtica realidad.
Por consiguiente, la "epojé", que supone una percepción de la realidad en su concreción integral, habrá que compararla con el 3. Ahora bien, 3=2+1, es decir, la integración de la dualidad a partir de la unidad. El 1 introduce, pues, una "distancia frente a la distancia", lo que implica un convertirse en "espectador" de la misma y, por tanto, invierte la diferencia entre los dos términos en una no‑diferencia o no‑dualidad. Partiendo de la dualidad, el 1 funde o unifica los dos polos, los retrotrae a la unidad.
Cabe formular esto a la manera de Abellio:"Soy yo quien te veo, y quien me veo verte, y quien, viéndome, te hago". 1º paso:actitud "natural";2º paso:actitud fenomenológica en su doble vertiente de distanciamiento y unión.
Es la estructura misma del Tetragrama:"Padre"(1)‑"Hijo"(2)‑"Espíritu Santo"(3). Por lo demás, los 3 polos no son sino el despliegue de un mismo ámbito, el de la unidad. Es la clave de toda comprensión y también de todo "poder" o "acción" fenomenológicos. Como diría Abellio, de un lado experimentamos la dualidad objeto‑sentido; de otra percibimos la unidad mundo‑cuerpo. Sólo mediante la "imaginación trascendental" podemos sentirnos uno con el mundo. Pero no saldríamos de la magia (que, a veces, se esconde bajo una supuesta "teurgia") si no nos abriésemos al ámbito de la Divinidad una y trina, rindiendo ante ella nuestra voluntad.
Por lo tanto, para realizar algo es necesario añadir a cualquier dualidad los otros dos términos trascendentales, y eso sólo puede hacerse mediante la "imaginación". Y ésta ha de apoyarse en la Divinidad una y trina, trinidad definida por dos polos ("Padre" e "Hijo") y la corriente que circula de uno a otro y recíprocamente. Sólo en ella la dualidad se completa mediante el tercer término, que se presenta como un desarrollo natural de aquella.
Varias ecuaciones conectadas con el Tetragrama:
a)1+2+3=6, en donde la "suma" de los valores de las tres "Personas" se presenta como el triangular de la 3ª; el valor de la 3ª, como el triangular de la 2ª; y el valor de la 1ª, como el triangular de sí misma. Si calculamos el triangular de 6, obtendremos 21(2+1=3). Y si calculamos el triangular de 21, llegamos al número 231, en donde el valor del "Espíritu" (3) aparece situado entre los del "Hijo"(2) y el "Padre"(1). Por lo demás, 2+3+1=6.
b)10+5+6+5=26(2+6=8).
c)Suma de triangulares:55+15+21+15=106.
d)10 es el triangular de 4. Si, en la fórmula del Tetragrama, lo sustituímos por él, tendremos:4+6=5+5.
e) 6 es el triangular de 3. Si lo sustituímos por él, tendremos:10+3(=13=1)=5+5(=10=1).
Si aplicamos este último resultado a la definición de la actitud fenomenológica, veremos cómo la dualidad "Padre"‑"Hijo"(y su derivada "yo‑mundo") lleva en sí la unidad(10+3=13=1), en tanto que la dualidad del "Espíritu Santo" comporta igualmente la unidad(5+5=10=1).
Así, pues, la actitud fenomenológica constata la existencia de dos polos, a la vez que los unifica. Ello supone, primero reconocer una dualidad efectiva (que, en la actitud "natural", no se percibía propiamente, puesto que se vivía en estado de alienación); luego, trascenderla a partir de la unidad. El 1 inauténticamente vivido se transforma en 2; y el 2 experimentado en toda su contradicción es retrotraído a la unidad en el 3.


JOSE ANTONIO SHA dijo
Muy interesante el Post,
Enhorabuena Emilio.
Un fuerte abrazo fraterno
José Antonio Sha
14 Enero 2010 | 11:05 AM