La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

31 Diciembre 2009

FIN DE AÑO

 

La experiencia del tiempo es inseparable de la comprensión del mismo. Por eso hay acontecimientos que marcan el devenir de la humanidad de un modo decisivo. Pero hay uno, la venida de Cristo en carne, que tiene lugar "en la plenitud de los tiempos", en su etapa última, en la que se manifiesta su "contigüidad" con la eternidad.

 

Todo lo ocurrido anteriormente adquiere sentido, pues, mediante la encarnación de Cristo. El "en el principio" con que comienza el libro del Génesis, el de los orígenes no sólo indica que la creación tuvo lugar en el tiempo, sino también el Principio y Fundamento en el que todo ha sido creado, es decir, Cristo.

 

El simbolismo del tiempo originario es esencialmente, "capital", puesto que alude al que todo lo "encabeza". Pero el Apocalipsis dice también que "Yo soy el alfa y la omega", recapitulando así por el final la acción del Verbo.

 

Ahora bien, el círculo del Año que es el tiempo, comprendido entre el principio y el fin siempre ha sido también el símbolo de Cristo. De entender el tiempo como una espiral de revolución, su verdadero ser nos escaparía, como también si lo comprendiésemos como eterno retorno.

 

Por eso el tiempo litúrgico comporta, de un lado, la culminación y "clausura" del tiempo cósmico, lo que supone la "eternización" de éste, pero no al modo de la repetición indefinida, sino asumiéndolo desde la eternidad que lo deja ser.

 

¿Qué significa entonces la encarnación de Cristo? La manifestación de la "unidad hipostática" eternidad-tiempo en la historia: "Muchas veces y en muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por ministerio de los profetas, últimamente, en estos días (es decir, en la plenitud de los tiempos), nos habló por su Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por quien también hizo los siglos, que siendo la irradiación de su gloria y la impronta de su sustancia y el que con su poderosa palabra sustenta todas las cosas, después de hacer la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas (Heb 1, 1-3)."

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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