"SOBRE TI, JERUSALÉN, AMANECERÁ EL SEÑOR"
La liturgia del tiempo de Adviento, expresión fiel de la proximidad del Señor en la historia de la humanidad y en la individual, va graduando esa proximidad. De la antífona "Al Rey que viene, al Señor que se acerca", a "El Señor está cerca" y al "Cielos, lloved al Justo", y de ahí al "Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor", para culminar en el "Hoy sabréis que viene el Señor y mañana veréis su gloria".
Entre la venida de Belén y la parusía, la venida al fin del mundo, la celebración anual de la Navidad señala la progresiva encarnación de Dios en la humanidad y en las personas concretas. Más allá de la simple rememoración, dicha celebración nos muestra el ritmo cósmico sobre el que su Poderosa Palabra, "en mitad de la carrera de la noche desciende de su trono real", como hace más de dos mil años.
"Vocatus vel non vocatus, Deus semper aderit": "Lo llamemos o no, Dios siempre vendrá". Y su encarnación sobreviene a cada tiempo e interpela a cada generación. Acoger la Buena Nueva nos inserta en el reino de la Vida y de la Misericordia; rechazarla supone el extravío en el reino de la Muerte y del Rigor.
