DEL BLOGGER (XII): PADRES
Influencia de la religiosidad de mi madre, intensa y sincera siempre. Sentido práctico y preocupación muy concreta por sus hijos (estudios medios gracias a ella, que hubiera querido lo mismo para mis hermanos, siempre de acuerdo con las capacidades de cada uno).
De mi padre he de destacar su racionalismo, singularidad y espíritu asocial. Religioso en el fondo, no en la forma ("Si un día se hubiera caído la iglesia, no lo hubiera pillado"). Hombre sentencioso y con gran capacidad de relación, a la vez que un poco misántropo, quizá por el cansancio que le producía el contacto con la gente (veía falta de "valores"; pionero en la utilización de un vocablo del que hoy estamos hasta las cejas), rasgo que, en parte, he heredado. Lenguaje muy particular y conciencia de la propia valía. "No leas tanto, hijo. Los libros son un negocio; cada uno escribe lo que se le ocurre, y es una forma de vivir como otra" -me decía. Bastante tiempo después comprobé hasta qué punto era acertado su intuitivo diagnóstico.
Cuando entré al Seminario no le agradó mucho. Pero tampoco le gustó que pidiera la secularización. "Las cosas hay que llevarlas hasta el final" -me dijo. "A la joven generación de seminaristas y de curas se os nota falta de "melodía” (fuerza de convicción).
Otra sentencia: "¿Qué es eso de volverse loco? Si yo quisiera, también me volvería loco".
