DEL BLOGGER (X): DE LA VICISITUD GNÓSTICA
Mi época gnóstica comienza en el "exilio" que va de octubre de 1965 a comienzos de 1967, el periodo que va desde la conclusión de mis estudios teológicos en la Universidad Gregoriana hasta el momento en que comencé a dar clases de Lógica y de Historia de la Filosofía en el Seminario Mayor de Murcia. Una época en la que, puesto al principio bajo sospecha por las autoridades de la Diócesis, fui invitado a continuación a orientar mi vida por otro camino. No eché la culpa a la Iglesia, un rasgo curioso y positivo dentro del orgullo intelectual que, con frecuencia, me caracterizaba. Y es que siempre he comprendido el sentimiento de culpa y las tentativas de autopunición, en mí mismo y en los demás, por lo que tienen de "casta" y de no vulgaridad.
Ya en Roma había comprado un libro de la Blavatsky, que apenas hojeé. Poco después llegó a mis manos un libro de vulgarización sobre temas mágicos, "El retorno de los brujos", de Louis Pauwels y Jacques Bergier, que, independientemente de su carácter divulgativo, avivó mi interés por ese mundo. Pero fue tras la lectura de los "Entretiens" de Marie-Therèse de Brosses con Raymond Abellio cuando comencé a interesarme en profundidad por el esoterismo. Curiosamente, conocí la obra de Abellio antes que la de René Guénon, la máxima autoridad "ortodoxa" en esoterismo. En Abellio había también referencias a Rudolph Steiner, cuya obra conocí más tarde, aunque no suscitó en mí el mismo interés que la de Abellio o la de Guénon.
¿Cómo explicar mi orientación hacia el gnosticismo? Dejando a un lado las explicaciones basadas en el simbolismo (especialmente el astrológico), que abordamos en otros lugares, parece indudable que en la raíz está la desconfianza del "homo naturalis" y del "homo moralis" ante la gratuidad de la fe, inseparable de la experiencia cristiana.
Para comprender la índole de mi vicisitud gnóstica resulta útil acudir a la parábola evangélica del trigo y la cizaña. En efecto, ¿por qué el dueño del campo no quiere que sus "servidores" arranquen la cizaña desde el principio, la que sembró el Maligno?
Porque habría peligro de confundirla con el trigo, tan grande es su parecido. Conviene esperar al momento de la siega, cuando ambos estén maduros. Puede ocurrir, en efecto, que la herejía parezca doctrina auténtica a los ojos de los "sirvientes" en virtud de su capacidad de camuflaje. Y esto puede aplicarse a las diversas formas de gnosticismo. Pues bien, puedo decir que la paciencia y la prudencia divinas hicieron posible que yo dejase a un lado la cizaña que no del todo conscientemente cultivaba junto con el trigo.


José Luís Samper Martínez dijo
La "visicitud gnóstica" tal vez sirvió para descubrir o reduscubrir toda la enorme potencia espiritual del cristianismo, muchas veces velada por el excesivo racionalismo, burocracia y demás rutinas que cierran el paso a lo maravilloso.
24 Octubre 2009 | 09:08 PM