SOBRE TEORÍA DE LOS ASPECTOS ASTROLÓGICOS
‑Considerando siempre como punto de referencia el planeta más lento, cabe ver los diferentes aspectos como otros tantos "umbrales" fenomenológicos. "Buenos" o "malos" según la tensión que se establece entre sujeto y mundo o entre sujeto y objeto (también se puede hablar de totalidad e individualidad o de totalidad y parcialidad. Y siempre el objeto o el mundo viene simbolizado por el planeta más lento).
‑Una cuestión importante: los aspectos han de ser comprendidos a partir de los números. Y así, 2 supone conflicto, contraste, vaivén; 3 es unidad+dualidad, por tanto, armonía en la diferencia; 4 es dualidad de dualidades. La división por 4 dice, pues, relación al Tetragrama y es como una ampliación del binario. También en el Yi‑King hay 4 bigramas.
‑El 12 y no ningún otro número es el que da lugar al Zodíaco; antes de él no existe. De ahí la importancia del semisextil.
‑3 es armonía en el conflicto, unidad en la dualidad.
‑Podríamos dividir la circunferencia en 27 arcos, pero eso no sería un Zodíaco, sino otra cosa: la posibilidad de decir el Universo mediante el alefato. Y esto puede expresarse a través de los tres trígonos, divididos a su vez en nueve partes cada uno. Lo cual significa que el lenguaje es como 3 elevado al cubo, es decir, armonización suprema.
‑Cuanto más complejo es un número, más concreto el "umbral" fenomenológico que designa. Aunque es verdad que lo complejo se reduce en último extremo a lo simple.
‑La interpretación fenomenológica puede extenderse asimismo:
a) a los sucesivos aspectos que la revolución de un planeta alrededor de una casa va formando.
b) a lo que significan los distintos signos con relación a cada uno de ellos. En definitiva, pues, a una división del espacio según los sucesivos números.
‑La decadencia es propia del final de la segunda fase, puesto que supone la disminución de las posibilidades individuales, de manera que dicha disminución, o es compensada por una tendencia a la integración en la totalidad o, simplemente, desemboca en una regresión generalizada (por ejemplo, todas aquellas prácticas sexuales que suponen un rechazo de la alteridad, cuyo desarrollo va unido al progreso de la individualidad y al despliegue de sus mejores posibilidades).
