CUESTIONES DE ACTUALIDAD
A propósito del diálogo de la Santa Sede con la FSSPX, los "lefebvristas", se plantea la cuestión de la obediencia al Papa y de la unidad de la Iglesia, pero también el tema de la "recepción" del Vaticano II y de su continuidad con los anteriores concilios y con la tradición de la Iglesia. Un problema no menor si consideramos la relevancia del último concilio, al que se definió desde el principio como "pastoral y no doctrinal".
Sobre ontología y política: ¿Cómo se relacionan entre sí política y moral? Evidentemente, no podemos juzgar la política como una mera colección de hechos fundados en la voluntad y la libertad humanas, pero que no tienen que ver con la moral. Toda actividad moral es inseparable de ideales, normas y valores, de manera que la política no es sólo el "arte de lo posible", sino que dicha posibilidad es expresión de lo bueno, lo mejor o lo peor.
Por lo mismo, la historia, en lo que tiene de producto de la libertad humana, no puede entenderse al margen de la moral. Ahora bien, la historia supone también lo que no es historia, a saber, las estructuras invariables del ser humano, lo que llamamos "naturaleza humana". De ello ha de ocuparse en último extremo la ontología o "saber del ser", de lo que no está sujeto al devenir.
Surge, pues, el problema de la coordinación del campo de la ontología con el de la moral y la historia. Si el ente humano se compone de "esencia" y "existencia", no es posible comprender la primera al margen de la segunda, y viceversa. Y así, en la medida en que se incurre en el "esencialismo", se olvida la "existencia" y, por tanto, la historia humana como lugar de la moral, del mérito y del demérito, del valor y del contravalor. Resulta, pues, un falseamiento de la realidad convertir al ente humano en mera ontología, dejando a un lado sus comportamientos políticos y morales. Por eso, en aquellas épocas en que la amenaza dictatorial dificulta hasta el extremo el desarrollo de la libertad, no cabe hacer metafísica al margen de la política y, por tanto, de la moral. Sin una previa denuncia de las tendencias pseudomesiánicas que a veces aparecen en la historia, cualquier pensar supuestamente metafísico se vuelve un pensar al servicio de aquellas. Hay ejemplos en la historia reciente: Heidegger, al parecer rendido ante el "viraje cósmico" que aportaba el hitlerismo, o los intelectuales "compañeros de viaje" del estalinismo, o bien los "intelectuales orgánicos" que sirven de comparsa a cualquier tipo de dictadura.
Tras tantas experiencias históricas, se reconoce fácilmente al "equidistante" o al "compañero de viaje". Decía el chiste que, al final de la Segunda Guerra Mundial, Italia, en un solo día, dobló la población: si la víspera, bajo Mussolini, contaba con 40 millones de adictos a la dictadura, al día siguiente el número de habitantes aumentó hasta 80, pues ese mismo día se contabilizaron 40 millones de demócratas de nuevo cuño.
Y es que, en la mayoría de los casos, el demócrata es el que aquieta su conciencia viendo películas sobre los "horrores del pasado", como si las generaciones anteriores hubieran sido peores que la suya. Ya Cristo condenaba a los fariseos diciendo que, al fustigar el comportamiento de sus antepasados con los Profetas, "colmaban la medida de sus padres".
