¿PUEDE LA ASTROLOGÍA APORTAR ALGÚN CONOCIMIENTO SOBRE EL "FIN DE LOS TIEMPOS DE LAS NACIONES"?
Si el tiempo es el "número del movimiento según antes y después", allí donde no hay movimiento ni cambio no puede haber tiempo. Por tanto, si el arte astrológica se basa en el movimiento de los astros, no podrá aportar el menor conocimiento sobre el fin del mundo.
¿Y sobre el "fin de los tiempos de las naciones", cabe decir algo desde la perspectiva en cuestión?
Se trata de una noción bíblica, que se refiere al plazo otorgado a los gentiles, es decir, a los no pertenecientes al pueblo elegido, para entrar en el Reino: "...Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo..." (Romanos, 11,25-26).
Pues bien, en el plano de las "inclinaciones" y como hemos hecho en otros lugares, podemos tomar como referencia el tema radical de la Era Cristiana, pues sus comienzos coinciden aproximadamente con los del anuncio del mensaje de salvación a todo el mundo y, por tanto, a lo que en la Escritura se llaman "los gentiles" o "las naciones".
Evidentemente, "los astros inclinan, no obligan", lo que significa que las tendencias astrales no pueden describir la índole de los hechos, susceptibles como son de ser "mejoradas" por una voluntad ayudada por la gracia o "empeoradas" por un libre albedrío abandonado a las "pasiones".
Si aplicamos el sistema de las direcciones primarias, constataremos hasta qué punto está próximo el momento en que todos los planetas entran en oposición con su lugar natal.
Es verdad que eso ocurre aproximadamente cada 365 años y medio, de manera que en tales épocas (la última aconteció hacia 1645) los valores cristianos pasan por una dura prueba o sufren un "eclipse". Ahora bien, conforme la historia va acercándose a su fin y lejos de la ingenua visión progresista, el conflicto entre la "cristiandad" y la mentalidad que se le opone deviene cada vez más radical.
Así llegará un momento en que expandido por todas las naciones el mensaje cristiano, se juzgará la respuesta a él y su grado de fructificación en la "tierra de los gentiles". Pues bien, en la época actual se habla mucho del fenómeno de la apostasía, de un "eclipse" jamás visto de los valores cristianos (coincidiendo curiosamente con el aspecto planetario de "oposición" según el sistema de las direcciones primarias), aunque el proceso de secularización cuya fase terminal constituye se iniciase mucho antes.
Decíamos más arriba que las "inclinaciones" astrales pueden ser "empeoradas" por una voluntad abandonada a sus "pasiones". Puesto que la "oposición" aludida coincide con el fenómeno masivo de la apostasía, no parece descabellado (dejando siempre a salvo la acción del Espíritu Santo) esperar una renovación jamás vista de la "viña" cristiana después de la "gran poda", deserción o desgajamiento de los "sarmientos secos".
De este modo, la "oposición" en cuestión supondría la constitución del "resto" de la Iglesia, una "categoría" que aparece con frecuencia en la Escritura y que habitualmente viene referida al pueblo de Israel. Es lo que estamos viendo de manera patente a nuestro alrededor (y España no es precisamente el territorio menos afectado): el desgajamiento masivo del cuerpo de la Iglesia de masas enteras de individuos que, profesando creencias en su mayoría neopaganas (ya sea en el aspecto cultural, religioso o político), o bien decaídos en el más absoluto nihilismo, sólo conservan de cristiano el nombre.
Frente a semejante fenómeno, la jerarquía debería adoptar una posición clara y defender de manera inequívoca al "resto" de la Iglesia, sin buscar componendas, ya que, a estas alturas de la historia, las ideologías de la "cizaña" resultan cada vez más fáciles de distinguir de la verdad del "trigo", por más que el juicio definitivo sobre la acogida de unas y otra en el interior de las conciencias sea cosa de Dios, y la "siega", tarea angélica.
