SOBRE EL PAPEL DE LA VIRGEN EN MI EXPERIENCIA CRISTIANA(II)
En uno de los últimos "post" se establecen relaciones entre ciertos "arquetipos" de su tema astral y la figura de la Virgen. ¿No hay aquí un tratamiento "psicologizante"?
No se trata de eso, sino de relacionar mi experiencia de la Virgen, de por sí sobrenatural puesto que es objeto de fe, con las "inclinaciones naturales" tal como aparecen en mi esquema astral. A este propósito, señalo, por ejemplo, la importancia de tales fiestas en su relación con determinados grados zodiacales o con la posición de tal o cual planeta.
Háblenos de su experiencia de la Virgen en su época infantil.
Desde niño fui testigo del fervor derivado de las apariciones de Fátima en la época inmediatamente posterior a la Guerra Civil, un fervor por el que más tarde me interesé de una manera teórica, llevado de mi inclinación por el estudio de los fenómenos paranormales y sobrenaturales. Evidentemente, en la edad infantil aún no se distingue con claridad entre unos y otros. Bajo la influencia de mi madre, practiqué la Devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María (los nueve primeros viernes y los cinco primeros sábados de mes). Tras mi ingreso en el Seminario, mi devoción a la Virgen se vió grandemente influida por la visión que de ella tenía Grignon de Montfort ("A Jesús por María") que, según supe mucho más tarde, desempeñó un papel muy importante en la espiritualidad del Papa Juan Pablo II. Sí he de observar que, en aquella época y al no poseer una comprensión madura del papel de la Virgen en los tiempos escatológicos, dicha visión me pareció afectada de un cierto sentimentalismo.
Lo cual tendría sus consecuencias en la edad juvenil...
No es de extrañar, si tenemos en cuenta el conflicto entre los intereses del "consciente masculino" y del "inconsciente femenino" (para emplear una terminología comúnmente aceptada) típico de buena parte de la mentalidad occidental y del que tanto se ocuparon, por ejemplo, pensadores como Jung. Posteriormente, ya en Roma, se inició en mí un proceso de "protestantización" de la fe, caracterizado, entre otras cosas, por una subjetivización de la misma y por una crítica a la mentalidad "mariana", a raíz, sobre todo, de la lectura del libro de un autor protestante cuyo nombre no recuerdo, pero que insistía en los males que para la comprensión de la centralidad de Cristo se habían derivado de la excesiva importancia otorgada al culto a María. Más tarde y por influencias exteriores a las de la Universidad Gregoriana, en donde cursé mis estudios teológicos, el proceso de "protestantización" y, más tarde, de secularización, prosiguió su curso, especialmente bajo el influjo de autores como Robinson, Hamilton, Altizer...
¿En qué desembocó semejante proceso?
A la vista de los términos en presencia, el desenlace no podía ser dudoso. Sin embargo, en mi caso fue mucho más rápido de lo habitual. Al caracterizar al cristianismo como algo que dejaba atrás definitivamente el "sentimiento del Absoluto" que distinguía a las religiones, mi experiencia de la fe se vió privada de buena parte de la dimensión intuitiva y emotiva siempre presente en él y que viene canalizada fundamentalmente a través de la figura de María. Es verdad que no llegué a caer en el error de la "teología radical", que, inevitablemente, desemboca en el hegelianismo y, con mucha probabilidad, en el marxismo.
La figura de la Virgen María aporta entonces la dimensión intuitiva y emotiva de la fe...
No sólo eso. Si María aportase únicamente el aspecto emotivo e intuitivo de la fe, como contrapunto a una fe centrada en la subjetividad racional, la experiencia cristiana no quedaría equilibrada. Contraprueba: tras algunos conflictos con las autoridades eclesiásticas, a las que, contra toda expectativa y a diferencia de otras personas colocadas en trance semejante, no culpé de mis desgracias o desvíos, al considerar que todos andábamos muy lejos del "desideratum": un estado de conciencia que, a mi parecer podría hallarse tras el cultivo de la filosofía oriental y, en definitiva, del esoterismo. Una convicción que más tarde que se revelaría errónea, muy próxima como era a la concepción psicologizante de la religión al estilo de Jung. Y es que no bastaba con recuperar la "religiosidad" perdida; se trataba, ante todo, de reencontrar la instancia objetiva que hace posible la auténtica fe y que, sin duda, está en el Magisterio de la Iglesia, por más que yo no acertase a verlo en aquella época. Por eso el deseo de hallar aquella dimensión "religiosa" de la fe cristiana y católica me llevó entonces a buscarla a través del estudio de las religiones y del esoterismo. (continuará)
