La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

16 Julio 2009

SOBRE EL PAPEL DE LA VIRGEN EN MI EXPERIENCIA CRISTIANA(I)

 

 

 

 ¿Por qué hablar de la Virgen hoy?

En primer lugar, porque sigue siendo un contenido fundamental de la fe cristiana y católica. Es verdad que durante los primeros años del Concilio Vaticano II algunos Padres conciliares y teólogos prefirieron no hablar mucho de ella, a fin de facilitar el diálogo ecuménico. Actitud que, con retraso, repercutió en la praxis pastoral. Con todo, a raíz de la proclamación de María como Madre de la Iglesia por Pablo VI, las aguas empezaron a volver a su cauce.

 

En segundo término, porque el proceso de emancipación de la mujer hace que se plantee con fuerza una reflexión sobre los arquetipos femeninos que influyen en semejante toma de conciencia. Si, hasta la época moderna, la existencia de la mujer tiende a identificarse preferentemente con el arquetipo maternal, a partir de ella aparecen otros dos: el de la feminidad entendida como autoconciencia separada y "cerebral",  y el de la feminidad como pura espontaneidad sensible y "sensual", también separada y autosuficiente. Se comprende la importancia de la figura de María a la hora de superar tales arquetipos más allá de la experiencia moderna de los mismos. No es de extrañar que algunas mentes avisadas como la de C.G. Jung se percatasen de la importancia de la proclamación por Pío XII del dogma de la Asunción en 1950.

 

La tercera razón es más personal, aunque ande estrechamente imbricada con las otras dos: intenta describir las distintas etapas de mi experiencia religiosa y cristiana de la Virgen.

 

¿Qué hubo, en su opinión, tras la postergación de María en la primera fase del Vaticano II?

Aunque, en algunos casos, hubiese un deseo legítimo de reivindicar la figura de Cristo frente a los excesos de una cierta mentalidad "marianista" y sentimentaloide, supuestamente generada o intensificada, sobre todo, a raíz de las apariciones de la Virgen y que contribuía a desplazar la visión teocéntrica y cristocéntrica de la Doctrina, a mi entender se trataba, ante todo, de una falta de comprensión de la figura de María y de su relevancia para la actual etapa de la historia de la salvación. De manera que, en lugar de extraer todas las consecuencias de las apariciones marianas de los dos últimos siglos en la experiencia global de la Iglesia, se perdió a veces un tiempo precioso en disquisiciones que después se revelaron un tanto estériles. Afortunadamente, la proclamación por Pablo VI de María como Madre de la Iglesia ayudó a reiniciar el proceso de integración del papel de María en la experiencia católica.

¿Cuáles fueron las causas profundas de esa falta de comprensión de la figura de María?

Sin entrar en las motivaciones de tal Padre conciliar o tal teólogo, cuestión harto compleja, parece indudable que detrás de esa falta de comprensión hubo influencias generales de diverso tipo. Por un lado está la mentalidad materialista y cientifista, una mentalidad que, por extraño que parezca, también estaba presente en determinados ámbitos eclesiales y que se resistió desde el principio a admitir fenómenos que, como las apariciones, desbordaban el estrecho marco de su visión. En el extremo opuesto nos encontramos con ideologías más o menos gnósticas, que, menospreciando la realidad de la fe, pugnaban por introducir entre los creyentes una concepción psicologizante de la religión, que niega a ésta el acceso a la realidad más profunda, sólo accesible al "conocimiento".

Sin hablar de influencias de otro nivel, las de quienes temieron ver frustrados sus planes ante el empuje de la fe y de la religiosidad surgidas con ocasión de las apariciones. (Continuará)

 

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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