La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

23 Junio 2009

"NATURALEZA" Y "SOBRENATURALEZA" EN LENGUAJE ASTROLÓGICO

 

 

-A diferencia del concepto griego de "naturaleza", el cristiano incluye también al espíritu, es decir, materia+vida+conciencia+autoconciencia.

-Totalidad "arquetípica" ("macrocosmos")...... Zodíaco vernal+planetas (al margen del tiempo).

-"Microcosmos" ....Zodíaco local+planetas (espacio y tiempo como referencia al cuerpo en sí mismo y en su acción indirecta sobre el espíritu. Aunque creado en el momento de la concepción, este no viene reflejado, al no ser material ni mortal. Por tanto, el tema astral no incluye la autoconciencia, a no ser de modo indirecto y analógico).

 

 

-¿Y Dios, aparece en el tema? Sólo de un modo análogo. Conectado con Sagitario, Júpiter, la IX y sus regentes. La religiosidad depende de la IX y de sus relaciones con la I (así, en mi caso, Todo ello nos lleva a una cuestión trascendental: la índole de la idea de Dios que cada uno se forma y que rige su vida; de ahí la multiplicidad de "pruebas". Relación entre esquema de la IX y el paulino "son inexcusables" de la carta a los Romanos. Cada persona posee un esquema particular a la hora de abordar la existencia de Dios. Ahora bien, según san Pablo, las obras de Dios son tan patentes que nadie puede excusarse de no darle culto como creador. Aplicado esto al esquema de la IX, nos lleva a concluir que, por difíciles que sean los ángulos que la definen, el sujeto nunca quedará exento de culpa si le niega a Dios el culto debido. Por consiguiente, la gracia por la que Dios auxilia a cada persona queda siempre supuesta, así como la capacidad del intelecto para elevarse a Dios y de la voluntad para obrar en consecuencia. Como decíamos arriba, lo importante es saber que el esquema de la religiosidad, por negativo que fuere, no justifica ningún tipo de ateísmo o de agnosticismo. Simplemente, refleja el tipo de dificultad con el que ha de enfrentarse el sujeto en su camino hacia Dios. Puede haber asimismo un exceso de facilidades en este terreno, con lo que se correría el riesgo de atribuirse a sí mismo no sólo los propios méritos, sino también lo que es acción exclusiva de la gracia. Algo semejante puede decirse de otros ámbitos del tema astral. Es decir, cualquiera que sea el esquema de una casa, el sujeto posee recursos suficientes para, con la ayuda de la gracia, realizar las mejores expectativas.

 

-Como dice santo Tomás, los atributos divinos se perfilan mediante 3 vías: "afirmación", que supone atribuir a Dios todas las cualidades de las creaturas que no implican negatividad o limitación; "negación", por la que se excluyen del Ser Supremo todos los defectos de las creaturas; "eminencia", por la que se elevan a un "exponente" infinito las cualidades positivas de las creaturas al atribuirlas a Dios.

 

-¿Pueden relacionarse las "vías" para la demostración de la existencia de Dios (movimiento, efecto-causa, contingencia, grados de perfección, finalidad) con el simbolismo astral? Quizá sí, pero habría que ampliar las vías a 7, como los planetas, o a 12, como los signos zodiacales. Así, por ejemplo, podría hablarse de la "fuerza" de Marte; la "suavidad" de Venus; la "inteligencia" de Mercurio; la "bondad" de Júpiter; la "vida" de la Luna; el "fundamento" de Saturno. Y también de la "energía primordial" de Aries; la "acumulación" de Tauro; la "dualidad" de Géminis; el "origen" de Cáncer; el "poder" de Leo; el "orden" de Virgo; el "equilibrio" de Libra; el "desasimiento" de Escorpión; la "trascendencia" de Sagitario; la "culminación" de Capricornio; la "fusión" de Piscis. Para cada sujeto, Dios tiende a manifestarse de una de esas formas, y aunque los ángulos de la IX y sus regentes resulten desfavorables, la gracia divina siempre auxilia.

 

 

-El estudio de la IX nos dará también la clave de la espiritualidad de una persona y las principales etapas de su desarrollo.

 

 

-En cuanto a la sobrenaturaleza, es la participación en la Divinidad. La naturaleza sólo tiene potencia obediencial, cuya actualización no está en manos del hombre. No sabemos cuándo ni cómo actúa la gracia; tan sólo conocemos los defectos de la naturaleza a los que la gracia ha de poner remedio. Es verdad que nuestro conocimiento de la naturaleza es limitado, pero la misma Escritura dice que la razón es suficiente para, a partir de la consideración de las creaturas, dar culto a Dios. ¿Podemos averiguar algo más a propósito de la sobrenaturaleza? ¿Qué es la deificación del hombre? En principio, una participación en la Divinidad que le es ofrecida al hombre y a la que él ha de responder. ¿A qué llamamos "naturaleza"? Más allá de la distinción entre "naturaleza" y "espíritu", utilizada, entre otros, por Hegel y que, con diversos matices, es admitida por muchas doctrinas, podemos emplear el vocablo para designar todo lo que no es Dios, es decir, la creación en su totalidad. La acepción mencionada se justifica en lo que respecta al ser humano, ya que sólo él tiene acceso a la deificación. En este sentido, el lenguaje astrológico, como cualquier otro, sirve para describir la "naturaleza", incluyendo en ella, eso sí, de manera análoga, el ámbito de la libertad. Y no porque la libertad dependa de factores físicos o materiales, sino porque así lo ha querido Dios, que estableció una cierta "sincronicidad" entre acontecimientos físicos y eventos espirituales, de manera que dichos acontecimientos sirvieran de signo mientras vivimos en este mundo.

 

-Si la "naturaleza" es la totalidad de lo creado, cabe distinguir en ella los 7 niveles o "reinos" a los que nos referíamos en otro lugar. Si los planetas y el Zodíaco son los arquetipos de todos los entes, su simbolismo habrá de adaptarse a cada uno de ellos. 1) En el caso de los sometidos al tiempo y al espacio cósmicos (1-2-3), la aplicación no ofrece mayor dificultad, aunque cada uno de los "reinos" en cuestión modulará las "influencias" en un sentido peculiar. 2) En los no sometidos al espacio, ni tampoco al tiempo continuo (sí al discreto)(5-6-7), el simbolismo solo tiene aplicación "espacial-jerárquica". 3) En cuanto al "reino" mediador, el humano, la aplicación será a la vez sincrónica y diacrónica. Evidentemente, el tiempo es diferente del que se da en los tres primeros "reinos". Por un lado, el espíritu es capaz de moverse en el terreno intemporal del pensamiento y de la voluntad; por otro, "se deja llevar" por el tiempo corpóreo, al menos en parte, puesto que, en otras ocasiones, impone su ritmo. A diferencia de los "reinos" angélicos, que solo se mueven en el tiempo discreto, en el eón, el humano se mueve en el continuo, aunque también se mueva en el ámbito intemporal. Este "reino" ha sido elevado al orden sobrenatural. Ahora bien, si "gratia non destruit naturam, sed eam perficit", la deificación respetará nuestro ser para, a continuación, transformarlo. En la "naturaleza" hay una "potentia oboedientialis" que predispone al hombre a recibir la gracia.

 

 

¿Es posible formular una analogía astrológica de la gracia? En principio, sí, pero antes hay que partir de la analogía "natural" de participación. Supuestos los 5 argumentos tomistas para probar la existencia de Dios (o quizá 7, tantos como los planetas:

Luna....vida/Mercurio....movimiento/

Venus....alteridad/ Marte....mismidad/

Sol....manifestación/

Júpiter....grados del ser, expansión/

Saturno....finalidad, contracción),

añadiremos las 3 vías (afirmación, negación y eminencia)

 a la hora de definir los atributos divinos.

 

La analogía nos lleva a comprender de alguna manera el ser divino en sus atributos. Otra cosa es entrar en comunicación con Él. Aquí tiene que haber un deseo de elevarse hasta Él (religión natural) o una intervención de Dios, una revelación (sobrenatural). En el primer caso, el deseo de entrar en contacto con Dios establece un "puente" entre lo "natural" y lo "sobrenatural". En el segundo, el "puente" ya es efectivo, y no es otro que Cristo.

 

-De la "naturaleza" a la "sobrenaturaleza"

¿Cuál es el modo de "disponerse" a la recepción de la gracia? En primer lugar, hacerse consciente de que la "naturaleza" humana, aunque herida, no ha perdido su capacidad de abrirse al orden divino. Por tanto, habá que partir de la actitud receptiva de la voluntad, apoyada en un intelecto que constata la existencia de Dios y admite la Revelación (cabe preguntarse por el "mínimo exigible" a las personas que provienen de las tres religiones "monoteístas". Parece que semejante "mínimo" consistirá en algo así como el cumplimiento de los mandamientos divinos. En cuanto a los adherentes a otras religiones, parece que el "mínimo" consistirá en el deseo de superar los apegos del "ego", a fin de elevarse a los "estados superiores" del ser).

 

Se trata de asimilarnos al ser de Dios, a su intelecto y a su voluntad. Eso supone un salir de sí mismo y un reconocimiento de la incapacidad para abandonar el propio egoísmo. De ahí que todos los santos hablen de la humildad (de "humus") como el principio de la vida sobrenatural. Supuesta la humildad, que nos conduce desde la "memoria sui" a la "memoria Dei", hay que reemplazar los conocimientos del intelecto por los del Verbo y las decisiones de la voluntad por los "decretos de la Voluntad divina", que es, ante todo, Amor. Para fomentar la virtud de la humildad resulta de utilidad el conocimiento de los "defectos" y "virtudes" tal como se deriva de la interpretación astrológica, que tiene en cuenta la mayor o menor "fuerza" planetaria ("domicilio", "exilio", etc.), así como los aspectos armónicos o inarmónicos. Aquí, la frase de santa Teresa ("La humildad es la verdad") viene a colación: a) de una manera clara, cuando miramos los "aspectos" negativos entre planetas, así como la posición de los mismos en "destierro" o "caída"; b) de un modo menos claro, cuando consideramos los "aspectos" positivos, así como la posición de los planetas en "domicilio" o "exaltación" ("cave ne cadas"), pues pueden dar lugar a actitudes arrogantes o a exceso de confianza.

 

Por tanto, el conocimiento de sí que da la astrología es muy adecuado para fomentar la virtud de la humildad, ya que nos muestra de dónde debemos partir en el camino espiritual. La interpretación nos dará a entender, pues, el nivel humano sobre el que actúa la gracia, al menos en abstracto.

 

-Por consiguiente, la autoconciencia ha de transformarse en "conciencia de Dios en nosotros"; la ontología en fe; la moral en religión (cf. Kierkegaard).

 

 

-La distancia entre el orden "natural" y el "sobrenatural" aparece con toda claridad cuando el ser humano intenta cumplir los mandamientos. El fracaso de esa tentativa nos muestra la dificultad para elevarnos al orden "sobrenatural". Por eso cualquier descripción astrológica de una situación plantea una tensión moral hacia el ideal inalcanzable por los propios medios.

-Solo por la gracia es posible llevar a la práctica lo ordenado  en los mandamientos.

 

-¿Cómo se abre uno a la gracia? Oración, sacramentos (y aquí se supone siempre la "potentia oboedientialis").

 

-Es importante destacar que la "naturaleza", aun siendo el correlato de la gracia, no existe en estado puro. Siempre se encuentra ya elevada al orden sobrenatural, de manera que sus posibilidades varían de una persona a otra, por más que siempre exista una libertad radical común a todos. Pero no es lo mismo nacer en el seno de una religión superior que en un ambiente irreligioso.

 

-¿Qué consecuencias tiene esto para la interpretación astrológica? Conviene remitirse a lo que ya se dijo en otro lugar a propósito de la hermenéutica concreta de los símbolos, que tiene mucho que ver con la "experiencia", es decir, con la correspondencia observada hasta ahora entre símbolo y acontecimiento.

 

-Eso sí, habrá que comenzar por definir astrológicamente el mínimo de libertad común a todos. Y eso se hará a partir del ASC., los planetas próximos a él y el regente, así como el planeta dominante del tema.

 

-Ahora bien, supuesto el mínimo, las posibilidades crecerán a medida que el entorno "natural" ofrezca mayores "oportunidades", no digamos el entorno "sobrenatural".

 

-¿Cuál es, entonces, la utilidad del análisis astrológico para la comprensión de la "naturaleza"? Conocer los defectos o limitaciones, así como las virtudes de cada "cielo" planetario en orden a la apertura a la gracia.

 

-Aquí el análisis partirá, en principio, de un "a priori", las correspondencias conocidas entre planetas y acontecimientos, que siempre habrán de desembocar en estructuraciones globalizadoras.

-Pero también tendrá en cuenta las correspondencias observadas "a posteriori", derivadas del análisis de casos concretos.

 

-Llegaremos así a una clasificación de "naturalezas" en su apertura al orden "sobrenatural".

 

-Entre el "ya-no" y el "todavía-no": necesidad de "completar" la vida terrestre con la vida trascendente.

 

-La vida del creyente hay que entenderla siempre a la luz de la trascendencia, pero, a medida que maduramos, el otro mundo se va haciendo cada vez más presente.

 

-"Aún no se ha revelado lo que seremos". Sin embargo, poco a poco nos acercamos a ello.

 

-¿Cabe "formular" el más allá a partir del esquema astrológico natural? Sí, pero de un modo aproximativo e incompleto. El punto-síntesis puede servir de referencia como "punto de aplicación" de la gracia. Por lo demás, la casa VIII y su regente nos indicará la índole de la muerte, así como de las sucesivas "crisis" o transformaciones.

 

 

-En cuanto a la "proximidad" del más allá (Dios y el "contenido" de la IX), puede relacionarse "naturalmente" con los tránsitos y direcciones a la IX y a su regente.

 

-¿Se manifiesta Dios de la misma manera a todas las personas? No, ya que el modo de llegar a Él es diferente en cada caso. En efecto, la modalidad vendrá marcada por el signo y el regente de la IX. "Quidquid recipitur, ad modum recipientis recipitur", dice el viejo proverbio, lo cual quiere decir que, siendo el mismo Dios, adopta distintos "rostros" según las personas. De todos modos, los atributos ocupan una jerarquía, y todos se subordinan al ser más profundo, que es el Amor. Es la jerarquía que rige en el Reino de los Cielos, tal como aparece en los escritos de los místicos.

 

-¿Es posible establecer una continuidad entre la jerarquía "natural" (astrológica, por ejemplo) y la celeste? ¿Sirve aquí de utilidad el proverbio "Gratia non destruit naturam..."? Parece que sí, ya que la "naturaleza" existe y puede ser descrita mediante diferentes lenguajes. Otra cosa es que la "sobrenaturaleza" reproduzca, sin más, la "naturaleza". En efecto, puede ocurrir que ésta última no responda bien a la acción de la gracia. Si semejante respuesta puede ser depurada en el Purgatorio, la jerarquía "natural" se mantendrá y será perfeccionada por la gracia. No así una "naturaleza" que se convierte en "antinaturaleza": en tal caso, la jerarquía "natural" se transformará en una "jerarquía invertida".

 

Por tanto, el análisis de un tema astral insistirá en sus posibilidades propias y describirá el rango jerárquico "natural" al que pertenece, a la vez que instará a aprovechar las posibilidades en cuestión.

 

¿Cómo describir astrológicamente la "naturaleza"? Importancia del ASC., de su regente y de los planetas en I, pero también del planeta dominante del tema.

 

 

En otro lugar nos referíamos a las cuatro etapas del desarrollo de un tema y que van desde la "conjunción" gracia/voluntad hasta el "cuarto menguante" gracia/voluntad... Ésa sería una buena descripción, aunque abstracta, a saber, no es posible anticipar en concreto el cuándo ni el cómo actuará la gracia; sí, en cambio, delinear cuáles son las fases de la evolución espiritual de una persona. Y si la operación concreta de la voluntad no pertenece al espacio-tiempo, puesto que es abstracta, tanto menos accesible resultará la de la gracia. Otra cosa es el estudio, hecho por analogía, de la capacidad concreta de un ser para llegar a Dios, de su religiosidad (análisis de la IX). Pues bien, algo semejante e incomparablemente menos comprensible será el acceso a la gracia.

 

-Finalmente, "gratia non destruit naturam...". Por tanto, la gracia transforma las malas tendencias, ligadas a un "mal" aspecto astral y mejora las vinculadas a los "buenos" aspectos.

 

 

-De manera que el tema astral no puede darnos una descripción de la existencia bajo el signo de la gracia, sino a lo sumo un relato de lo que, en teoría, puede ser nuestra existencia si se deja llevar por las "inclinaciones" que la caracterizan, "buenas" y "malas" (entrecomillamos porque, al margen de las decisiones de la voluntad, del esfuerzo del intelecto y de la continuidad de la  memoria, no son otra cosa que meras "pasiones" de la corporeidad). Si la voluntad se limita a seguir el camino que le marcan los aspectos astrales, la biografía de una persona podría escribirse a priori, al menos a grandes rasgos.

 

 

-¿Cuál es el vínculo entre la temporalidad y espacialidad del cuerpo, por un lado, y la intemporalidad e inespacialidad del espíritu, por otro? No lo conocemos con precisión; lo que sí sabemos es que la memoria del yo, la actividad del intelecto y las decisiones de la voluntad se encarnan en el mundo temporal y espacial, a la vez que éste es asumido en el mundo intemporal e inespacial de las tres "potencias del alma". ¿Cómo es posible realizar semejante unión, una unión que podría muy bien simbolizarse mediante la intersección de dos órbitas mediante el correspondiente "eje nodal"?

 

 

-Ahora bien, si es posible representar dicho vínculo mediante un eje nodal, convendrá señalar la distancia entre cuerpo y espíritu: si el primero se desarrolla en el tiempo y en el espacio, el segundo no está limitado por esas coordenadas. ¿Cabe entonces extrapolar analógicamente al ámbito del espíritu los símbolos planetarios? Parece que sí: desligados de su dimensión temporal y espacial, tales símbolos aparecen como otros tantos niveles del espíritu y de su operación. En un ente angélico, el "tiempo" a considerar no sería otro que el "aevum", el tiempo no continuo, sino "discreto", marcado por las distintas operaciones del ente angélico. En el espíritu humano, el tiempo es continuo, en virtud de la unión con el cuerpo. Éste constituiría, pues, la "materia", cuyo devenir marcado por las influencias astrales, recibiría la "forma" del espíritu, que asumiría las influencias en cuestión y las modificaría a su albedrío, eso sí en resonancia con los niveles análogos del espíritu antes aludidos.

 

-Puesto que el hombre es un ser en el que confluye la inespacialidad del espíritu y la espacialidad del cuerpo, la intemporalidad del espíritu y la temporalidad del cuerpo, las características del cuerpo proporcionarán la "materia" y las del espíritu la "forma", de manera que la biografía astrológica, de por sí restringida al cuerpo, servirá de "punto de aplicación" para el espíritu. Claro está, el "Júpiter" del cuerpo es el análogo del "Júpiter" del espíritu, que no implica tiempo ni espacio. Y así, cualquier aspecto del cuerpo tiene su análogo en el espíritu, es decir, reúne en sí identidad y diferencia. ¿Y el orden de la gracia, admite analogías con el cuerpo y con el espíritu? Sí, con tal que las formulemos adecuadamente a partir de la "potencia obediencial".

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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