La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

7 Junio 2009

SOBRE "EL CRISTO DE LA FILOSOFÍA" DE XAVIER TILLIETTE

 

 

Dedicado a la memoria de Víctor Oertig, Hans Urs von Baltasar, Jean Daniélou y Henri de Lubac, el primero de ellos verdadero inspirador de la cristología filosófica y que, sorprendido por la muerte, no pudo consagrarse a ella, el libro en cuestión es de una gran originalidad.

Para el autor, la filosofía no puede contentarse con una cristología puramente empírica, es decir, con un Cristo visto por los filósofos, sean o no creyentes. No es posible explicar la intensa presencia de Cristo en los sistemas filosóficos modernos sin recurrir a una profunda simbiosis entre la filosofía y la cristología. Por eso es necesario investigar en qué radica la afinidad entre ambas y cuál es el impacto de la segunda sobre la primera. Por supuesto, nos las habemos con una cristología fragmentaria, restringida a la edad moderna y que ha sobrevivido al viraje por el que la filosofía fue separándose paulatinamente  de la teología.

Considera el autor que la ejemplificación de esta nueva disciplina debe ir precedida de un examen histórico-crítico. Es importante que la semejante cristología quede liberada de toda sospecha de reduccionismo. En definitiva, si acertamos a mostrar la existencia de una filosofía cristiana, de ahí se seguirá la cristología filosófica, que sería una de sus ramas. Sin embargo, la complejidad del tema es tal que, con frecuencia, queda oscurecida la cuestión central: la relación de Cristo con la filosofía, su capacidad para inspirarla.

También es conveniente hacer ver la homogeneidad de la cristología filosófica en sus diversas formas, ya que todas giran en torno a la dualidad entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. De igual modo, es necesario ocuparse del eco despertado en la filosofía por la doble naturaleza de Cristo, una cuestión que suscita siempre nuevos desarrollos de un viejo problema filosófico: la confrontación entre lo finito y lo infinito.

El libro consta de dos partes. La primera, "Heurística", en la que se despliegan los siguientes capítulos, todos muy sugerentes y cuyos títulos glosamos brevemente: "Philosophia christiana", en el que se aborda el tema central, el de las relaciones entre filosofía y cristianismo. "Philosophia Christus", fórmula medieval válida para designar la orientación de aquellos pensadores que oponen la filosofía (profana) a Cristo, el cual se convierte así en la verdadera filosofía. "Philosophia Christi", que alude a un tipo de filosofía según Cristo y sus enseñanzas, preocupada por aunar, en la medida de lo posible, la obediencia a Cristo con la comprensión de Cristo. "Christus summus philosophus", como dice Spinoza, es el tema en el que se centran los filósofos atraídos por la ciencia y el misterio de Cristo. Ahora bien, el filósofo supremo lo es por la idea que le guía y que no es otra que él mismo; de ahí la denominación del apartado que sigue, "Idea Christi". Por último, el tema de la "Scientia Christi", favorito de aquéllos que quieren evitar el dilema entre un kenotismo extremo (para el que Cristo sería inconsciente de su papel de Mesías) y un docetismo más o menos declarado que escamotea la dimensión humana de Cristo.

 

La segunda parte, "Tópica", estudia los lugares bíblicos que, desde siempre, han sido objeto de la máxima atención por parte de los filósofos: el prólogo del 4º Evangelio (que tanto atrajo a Fichte, al joven Hegel, a Schelling o a Soloviev), el himno de la epístola a los Filipenses (que mereció la minuciosa atención de Kierkegaard, Schelling, Hegel, Blondel y Simone Weil, entre otros), el Sermón de la Montaña (objeto de exégesis y de inspiración para Spinoza, Leibniz, Kant, Hegel, Nietzsche o Bergson) y el Viernes Santo (del que se ocuparon Novalis, Schelling, Hegel, Nietzsche, Wagner, Unamuno o la misma Simone Weil). Otros pasajes de interés filosófico, aunque en grado menor, son el bautismo de Jesús, el episodio de las tentaciones en el desierto, la tumba vacía y los relatos de la Resurrección.

Y terminamos con una constatación del autor a propósito del diálogo teología-filosofía: si en las últimas décadas, muchos teólogos se han invitado a la mesa de los filósofos, aunque no siempre hayan elegido bien a sus anfitriones, parece que estamos asistiendo ahora no a una tendencia inversa, sino complementaria de la anterior: los filósofos empiezan a sentarse a la mesa de los teólogos. Se trata de sacar de los "limbos" en que cada época la inserta, la "filosofía del Evangelio", que erige como bandera no al Cristo polícromo de los mitos y la cultura, sino al Cristo austero del pensamiento, del que se puede decir: "vino a los suyos y volvió". Añadamos que, últimamente, la humanidad y Occidente se hallan en una encrucijada tan radical que semejante labor aparece no ya como tarea conveniente, sino como cuestión de vida o muerte.

servido por www-espacioblog-com-analog 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

mery

mery dijo

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ojalá te sea útil como a mi,
saludos y que tengas una buena semana

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8 Junio 2009 | 03:57 AM

www-espacioblog-com-analog

www-espacioblog-com-analog dijo

Muchas gracias, Mery, por el link. Resulta muy útil.

10 Junio 2009 | 07:08 PM

José Luís Samper Martínez

José Luís Samper Martínez dijo

Muy interesante. ¿Qué editorial ha publicado ese libro?

11 Junio 2009 | 08:18 AM

www-espacioblog-com-analog

www-espacioblog-com-analog dijo

Editorial Desclée de Brouwer, Bilbao, 1994

11 Junio 2009 | 11:22 PM

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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