La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

30 Mayo 2009

SOBRE LAS POSICIONES ASTRALES COMO REFLEJO DE LA LIBERTAD

 

 

El problema de las relaciones entre los influjos astrales y la libertad casi siempre ha sido abordado en el sentido siguiente: si los astros condicionan el comportamiento de la libertad y hasta qué punto. Pero puede plantearse otra cuestión: de qué manera pueden las configuraciones astrales ser reflejo de un acto libre, ya sea individual o colectivo. Que nosotros sepamos, la teoría de la "sincronicidad", ya sea en su versión junguiana, ya sea construida desde otros supuestos, es la única tentativa de abordar la antedicha cuestión. Nos limitaremos a dar algunas pautas sobre el particular:

El reflejo habría que estudiarlo en su totalidad, es decir, a partir del tema radical y de los tránsitos. Y el único reflejo aproximado son los tránsitos de los planetas lentos. 

En ese sentido, las progresiones no concretan lo suficiente, puesto que contemplan de manera estática la existencia, al querer anticipar el futuro desde el presente o el pasado.

Necesidad de utilizar los tránsitos y de sintetizar sus efectos.

Un aspecto más de la comparación entre progresiones y tránsitos: las primeras insisten en la analogía entre los diferentes ciclos y conciben el presente y el futuro a partir del pasado, de manera que no se percibe con claridad lo singular del acontecer; los segundos destacan la singularidad del tiempo.   "Como fue el pasado, así serán el presente y el futuro", es el leit-motiv de las progresiones.

"Como son los aspectos del presente, así es el presente; como fueron en el pasado, así fue el pasado; como sean en el futuro, así será el futuro", es el leit-motiv de los tránsitos.

¿Es posible anticipar el futuro de un modo riguroso? No, si por tal se entiende disponer de él; sí, en la medida en que, a partir de una situación dada, puedan leerse las posibilidades del futuro. En este sentido, se trata de una lectura de los signos que nos ofrece el mundo, signos que Dios ha establecido para medir los tiempos y cualificarlos. Es como decir: "El futuro, como el presente, están en manos de Dios, pero Él puede darlo a conocer mediante signos". Es algo que no deberían olvidar quienes hacen predicciones, pues el anuncio anticipado de un hecho no nos da poder sobre el mismo, ni sobre el tiempo en que acontecerá, sino únicamente esto: el saber por anticipado de un hecho que ocurrirá y sobre el que no tenemos control. En resumen, Dios quiere que se conozcan los misterios de la creación, los revela en parte; pero eso no significa que dicha revelación suprima la libertad del hombre. Ni siquiera la profecía anula la libertad, aunque también es cierto que suele ser incompleta. ¡Cuánto más la astrología y otros saberes que, como máximo, estudian con rigor las leyes que rigen la "naturaleza", nunca la "sobrenaturaleza"!

Se trata, pues, de señalar los límites entre los dos ámbitos, el de la "justicia" y el de la "gracia". Es justamente la esfera de la deificación la que hace posible que el hombre llegue a ser "Dios por participación" y, en consecuencia, perfecciona la naturaleza, sin destruirla. ¿Hay que entender el "Astra inclinant, non necessitant" en paralelismo con el anterior? Es decir, la naturaleza inclina, pero la gracia no está sujeta a la inclinación y la perfecciona. Conviene, pues, sacar las consecuencias en lo referente a la interpretación astral. Si el tema describe la naturaleza de un ser, al menos en lo tocante a la corporeidad (no así en lo espiritual), dicha naturaleza puede a su vez ser modificada y perfeccionada por la "gracia".

 

Cabe una pregunta:¿podría ser que el tema describiera la naturaleza en un sentido más global, que incluyera también el espíritu? No es que los planetas puedan influir en la esfera espiritual. Tomás de Aquino lleva toda la razón al afirmar que un ser corpóreo no puede ejercer su influjo directo sobre el espíritu, aunque sí indirecto. Sería un modo de explicar la influencia de los astros en las personas. Pero quizá los astros no haya que entenderlos como causas, sino como signos en los que se refleja en simultaneidad el obrar humano. Una tesis no tendría por qué invalidar la otra. En definitiva, la cuestión radicaría en lo siguiente: los astros son los signos que reflejan el comportamiento de la libertad y del entendimiento humanos, que permanecen siendo lo que son a pesar de ser "anticipados" por el intérprete. Tesis que, como decíamos más arriba, no anula la de santo Tomás, cuando afirma que los cuerpos celestes no pueden influir en el ámbito espiritual.

Ahora bien, otra cosa es la esfera de la gracia, que no puede quedar reflejada en ningún signo material y natural, sino en milagros y signos sobrenaturales. Por eso la visión que ofrece la astrología permanece abstracta, al no tener en cuenta "los misterios que ni siquiera los ángeles conocen"(y esto puede aplicarse a cualquier temática astrológica, por ejemplo, a la "geografía sagrada" de base astral).

Si "la gracia perfecciona la naturaleza, pero no la destruye", hay que afirmar también que la no aceptación de la gracia degrada la naturaleza en grado sumo, de manera que lo señalado por las configuraciones astrales puede empeorar. Por consiguiente, la libertad humana, aun cuando reflejada por las posiciones astrales, no deja de ser la que es y, con la ayuda de la gracia, puede "sacar fuerzas de flaqueza" y comportarse debidamente en el plano sobrenatural.

Por lo demás, no debe un tema astral separarse del resto de los temas, de manera que así se explica la aparente falta de sentido de algunas decisiones individuales. Lo cual nos lleva a la doctrina sobrenatural del "Cuerpo Místico de Cristo", que, como es lógico, sirve de contrapunto al "Cuerpo Caído de Adán".

La concepción que tiende a ver los actos libres como condicionados por los astros merece, pues, ser completada por otra, que los contempla como otros tantos reflejos de la libertad, ya sea individual o colectiva. Para ello conviene considerar no sólo el tema natal y las progresiones, sino también y sobre todo, los tránsitos. En efecto, éstos son simultáneos de las decisiones libres y, por tanto, susceptibles de reflejarlas mejor, aunque siempre supongan el tema radical. Dada la prolijidad de los aspectos que forman los planetas rápidos, es mejor hacerse una idea mediante la observación de los lentos.

 

¿Qué quería decir santo Tomás con el célebre aforismo "Astra inclinant..."? No quería afirmar que la influencia de los astros sobre el ser humano fuera lo fundamental, sino que daba por supuesto el influjo en un doble sentido: el que va de los astros al hombre y el que discurre en sentido inverso. Y es que el tiempo de los entes materiales es el medido por los astros, un tiempo que afecta directamente al cuerpo humano e, indirectamente, al espíritu. ¿Cómo se mide el tiempo propio del espíritu, su duración en la existencia? No existe ningún instrumento para medirlo, puesto que no es material, a no ser que lo busquemos en los entes angélicos, cuya temporalidad es discreta, no continua como la nuestra. Y, de un modo análogo a como los ángeles "mueven las esferas", así también el espíritu puede moverlas  en la medida en que esté unido a los ángeles, para llevar adelante el devenir en el mundo material. En este sentido, está claro que los astros son instrumentos al servicio del devenir terrestre y, más todavía, del género humano. De esta forma, los actos libres de cada persona se reflejan en las posiciones zodiacales de los planetas en las casas del correspondiente tema astral, individualización o localización del zodíaco vernal. Claro está que la visión aquí expuesta es la vigente en la creación originaria y, en parte, en la redimida, puesto que siempre queda la "soldada del pecado", la muerte del cuerpo y las enfermedades que la acompañan, y aquí se manifiesta con fuerza el influjo "primario" de los astros.

Y es que el adagio tomista "Astra inclinant, non necessitant" vendría completado por este otro: "Gratia non destruit naturam, sed eam perficit", de manera que la interpretación tradicional del primero en cuanto referido a la libertad como instancia superior a las influencias astrales, quizá debería ser corregida. No es sólo que la libertad, que es una cualidad de la voluntad y por tanto, espiritual, esté por encima de los movimientos astrales; hay que añadir que éstos son el fiel reflejo de aquélla y, por consiguiente, los actos libres  podría ser estudiados, al menos en teoría, a partir de las posiciones astrales. Otra cosa es la acción de la gracia: aquí no cabe la menor previsión a partir de los astros.

 

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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