¿QUIÉN COMO DIOS?
Con motivo de acontecimientos terribles que suceden a nuestro alrededor (ya dijo Léon Bloy que, para leer el libro del "Apocalipsis", basta con hojear los periódicos) se oye con frecuencia: "No juzguemos al prójimo". Si eso significa "Condenemos el pecado, pero no al pecador", nada hay que objetar, pues nada nos autoriza a asumir el papel de "divino justiciero". Pero si la frase se interpreta en el sentido de "Dios lo perdona todo", cometemos igualmente un error: el de profanar la divina misericordia.
Por lo demás y como ha señalado con justeza R.Girard, en los tiempos apocalípticos que vivimos, a la culpa le sigue inmediatamente el castigo. Es lógico que sea así. Recordemos la parábola del trigo y la cizaña: conforme se aproxima la siega, mejor se distingue entre uno y otra.
