DEL BLOGGER (VII): "CARTUJO"
"Nos salió cartujo". Como siempre, nuestros maestros y las personas que más nos conocen suelen acertar al definir el o los rasgos más característicos de nuestra personalidad. En este caso, la cariñosa "banderilla" que D.Santos Gutiérrez, con ocasión de su homenaje, aprovechó para ponerme (hasta el punto de que un condiscípulo, algo molesto y con razón, llegó a decir que parecía que el homenaje no era para D.Santos, sino para mí), podía relacionarse claramente con mis tendencias a la "vida retirada" de la que hablaba fray Luis de León.
La mayor o menor sabiduría que haya podido lograr a lo largo de mi vida lleva, por supuesto, el marchamo de la "escondida senda". Nunca fui capaz de "hacer pasillos", ni de inclinarme ante el poderoso, y no precisamente por envidiar su "trono", sino por la escasa valoración que instintivamente he otorgado a lo "institucional".
D.Santos hablaba también de mi "falta de docilidad" (tiendo a ser "soberbio con los soberbios", ya que, afortunadamente Dios me ayuda a ser "humilde con los humildes"), y A.G., que, a pesar de pertenecer a otra generación, siempre fue para mí un amigo entrañable y un protector, observaba que la diferencia entre él y yo era análoga a la que existía entre un "toro de dehesa" y un "toro salvaje". Y mi amigo P.P.G., en el prólogo a mi libro sobre Daumal, aludía asimismo a mi condición "clandestina".
Afortunadamente, mi temperamento "dulce" me ha salvado de muchos problemas con la autoridad. Pues bien, la "clandestinidad" y la falta de ambiciones me han protegido de enemigos directos y de amenazas varias y han hecho que se me "perdone la vida" en numerosas ocasiones. Eso sí, manteniéndome a distancia y poniendo sordina a cuanto a mí se refiere.
Por lo demás, la índole de mi "yo objetivo" explica el comportamiento de los poderosos ante un marginal que, al parecer, jamás podrá ser asimilado por "ortodoxos" ni "heterodoxos": los primeros huyen de él como de un "apestado"; en cuanto a los segundos, no consiguen convertirlo en uno de los suyos.
Y es que el carácter "eremítico" y "jadiriano" le impide a uno integrarse plenamente en lo "institucional", aun mostrando la mejor voluntad. Es como si la posición y aspectos del planeta me hubieran puesto desde siempre en la situación de un "jubilado prematuro". En definitiva, todo ello tiene que ver con el marco "no institucional" en el que se desarrollan los valores de "no acción" y de "mística", en definitiva, de lo que constituye la quintaesencia de la meditación sobre la ultimidad.
