La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

17 Abril 2009

SOBRE CULPA Y PERDÓN

Dice Jesús: "No siete veces, sino setenta veces siete". Y el Padrenuestro: "...perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden".

Pero no hay que olvidar esto: "Alguien tiene que pagar" para que se restablezca la justicia y, por tanto, la armonía.

Jesucristo ha pagado por nuestros pecados, haciendo posible la Redención de la humanidad. A saber, ha otorgado a la humanidad la posibilidad de escapar del poder de las tinieblas.

Pero cada uno ha de asumir su parte de culpa, aquí y ahora en la tierra, o después de esta vida terrena. Y esto vale para todos sin excepción.

Eso sí, a nadie se le cargará con un peso que no pueda soportar.

Decía el ruso: "Algo habremos hecho". Ateniéndonos a quienes componemos esa entidad llamada España y a la vista de lo que aparece, asusta pensar la culpa que se está acumulando sobre nuestras cabezas y la expiación que habremos de sufrir en este mundo o en el otro.

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Jesús Cánovas

Jesús Cánovas dijo

Un tema este del perdón bastante peliagudo. Yo he hablado con gente que si precisamente rechazan el cristianismo es "porque no pueden perdonar".
¿Existe la culpa imperdonable? El Evangelio nos dice que solamente es la apostasía. Cualquier otro pecado puede ser perdonado. Pero el perdón tiene un precio. Interesante, pues, recordar que Jesucristo ha pagado en la cruz la culpa de todos. Ahora bien, el tema sigue abierto: ¿Por qué debemos perdonar, máxime cuando cierto tipo de comportamientos han abierto heridas profundas? Sólo se me ocurre recordar que Dios es amor y "llueve sobre justos e injustos"; tanto el ofensor como el ofendido son amados por Dios. De lo cual se desprende una conclusión inquietante: Dios ama a nuestro enemigos; Dios también ama a aquellos que nos dañan, a aquellos que producen el mal. La capacidad de perdón, en este sentido, indicaría la medida del amor de cada cuál; este sería el criterio definitivo. Debemos, por tanto, perdonarnos, porque Dios ya nos ha perdonado.
Ahora bien, enn otrom orden de cosas, ¿acaso la expiación divina no nos libera de nuestras expiaciones particulares o colectivas? este es el otro tema que planteas, también peliagudo. A nadie se le escapan las consecuencias que ha tenido para el pueblo judío el dicidio, a pesar de que Cristo, particularmente a ellos, los perdonó en la cruz. Hay, por consiguiente, algo en la naturaleza de las cosas que parece que no perdona; no, por supuesto, en lo que concierne al espíritu, sino a lo que hace referencia a la materia y a la historia. El viejo "Karma" que se sigue fatalmente y por el cuál la culpa de los padres la heredan los hijos.
Ahora bien, desde una óptioca general, Dios ha muerto en la cruz por todos; por lo tanto, todos lo hemos crucificado (los actores directos, como todos los hombres del pasado y del futuro), mas si tiodos lo hemos crucificado, en cuanto que ha sido crucificado por nuestras culpas, el perdón se extiende a la humanidad en su conjunto. Cuanto más avanza la historia más avanza la culpa, pero también es mayor la posibilidad del perdón. ¿Entonces?... Esperemos que la misericordia divina se anteponga al rigor. Frente al "fatum" debemos esperar el "milagro". Del polvo y la ceniza con los que nos cubrimos esperan un "renacer".
Un saludo, Emilio.

24 Abril 2009 | 11:51 AM

www-espacioblog-com-analog

www-espacioblog-com-analog dijo

Mucho te agradezco, Jesús, tus profundas reflexiones. Nada he de añadir a lo que dices sobre la culpa imperdonable, como no sea subrayar que el pecado contra el Espíritu Santo es justamente el pecado de contumacia, mediante el que uno pretende "reírse de Dios" o "despreciar la pasión de Cristo", que nos ha merecido la Redención de la que todos estamos necesitados.
En cuanto a si la expiación divina es suficiente para perdonar las culpas de la humanidad, me parece que hay que distinguir entre el rescate "objetivo" y el "subjetivo". El primero hace posible escapar de la órbita diabólica en que nos coloca el pecado original y, "a fortiori", los demás. El segundo es la aplicación del primero a la persona o al ámbito social concretos, sin la cual la redención "objetiva" quedaría sin fruto, por así decirlo. De no intervenir el arrepentimiento, ya sea motivado por el temor de Dios (la "atrición", que decía el Catecismo) o por el amor de Dios (la llamada "contrición"), el perdón "objetivo" queda sin aplicar. La "contrición" borra totalmente la culpa, de manera que no es necesaria mayor expiación; no así la "atrición".
Naturalmente, a nadie le exigirá nada que esté por encima de sus fuerzas, pero sí tendremos que cargar con las consecuencias de nuestros actos y también con el "peso expiatorio" de las circunstancias en que hemos nacido. No se trata de hablar del "karma" en general, pues la Escritura es clara al respecto: el Rigor divino sólo se extiende por unas pocas generaciones; la Misericordia abarca "mil generaciones", es decir, para siempre.

27 Abril 2009 | 06:37 PM

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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