DEL GÉNERO AUTOBIOGRÁFICO Y SUS DIFICULTADES
¿Puede escribirse en vida una autobiografía espiritual? En todo caso, no es posible tener una visión global, sino solo parcial y referida a situaciones concretas. Por otra parte, si, como señaló Hegel, "el búho de Minerva alza su vuelo al anochecer", ¿qué decir cuando uno ya no se sitúa "en la mitad del camino de la vida", como diría el Dante, sino en pleno retorno? Más aún cuando se es un espécimen de una intelectualidad demasiado activa a la que le cuesta volver sobre sí. Y lo digo en el sentido siguiente: ninguna dificultad hallo para pensar, al contrario, de mí casi se puede decir que "vivir es pensar", y no solo al modo racionalista y cartesiano.
Pocos obstáculos encuentro para hablar, si se trata de articular pensamientos; bastante, en cambio, para escribir, que supone reflexionar, pararse: quienes piensan constantemente y sin detenerse tienen dificultad para escribir. Pensar, hablar, escribir, otros tantos reflejos de la Trinidad: el Padre es como el concepto, que puede expresarse luego en palabras; el Hijo es como la palabra hablada, captable por el oído, no en vano se le llama el Verbo; el Espíritu Santo es como la palabra escrita, accesible a la vista y que queda plasmada para siempre y no se restringe al instante en que es pronunciada. Por otra parte, si el Espíritu media entre Padre e Hijo o nace de la unión de ambos, será correcto decir que simboliza ambos movimientos, es decir, el que va del silencio a la palabra y el que retorna de ésta a aquél? Y así el Espíritu sería exteriorización del silencio en la palabra hablada e interiorización de la palabra en el silencio.
¿Es posible pensar sin palabras? Un interrogante que se planteó, entre otros, Daumal. Claro que es posible; todo el mundo puede, en principio, pensar sin hablar, pues existe una especie de "verbum mentis" no exteriorizado; hay personas que encuentran especial dificultad para pensar sin hablar; del mismo modo a como hay otros que para pensar necesitan escribir. Es como si en cada persona predominase una de las tres Personas divinas.
¿Cómo cargar la escritura con la energía de la palabra y del pensamiento? ¿Por qué ese privilegio otorgado a la escritura? ¿Es verdad aquello de "Todo pensamiento puesto sobre el papel es una luz que se apaga"? No lo parece, si tenemos en cuenta la interacción en la Trinidad: el paso del Padre al Hijo es el de lo recóndito a lo manifiesto, de la "trascendencia" a la "inmanencia"; pero no hay que olvidar que ese paso nos lleva al inverso, de manera que lo manifiesto también tiende a ocultarse y desaparecer. En este sentido se puede hablar de que el pensamiento puesto por escrito supone una limitación, a no ser que nos devuelva al silencio. Y el Espíritu es justamente este vaivén entre uno y otro polo. "Ocultar las cosas es propio de Dios; revelarlas es propio de los sabios". Siempre el doble movimiento...
En mi caso, el deseo de racionalidad, por un lado, se enfrenta al sentimiento de fusión, por otro; la capacidad de distanciamiento y de objetivación de todo acontecer tiende a ser completada o neutralizada por la voluntad de comunión con él. El lector percibirá, sin duda, esta dualidad a poco que siga el desarrollo de estas reflexiones.
No me ocurre lo mismo con la palabra, menos tensa y con más posibilidades de expresar mis ideas de manera distanciada y objetivada, por más que esta claridad se vea desafiada por la constitutiva oscuridad de lo inefable.
En cuanto al pensamiento, aquella chispa "ígnea" que Prometeo robó a Vulcano, constituye la espontaneidad creadora que luego deviene palabra y, después, escritura.
¿Para qué sirve una autobiografía? No para mostrar una singularidad, sino para transparentar al Único. Lo contrario sería la manifestación de la multiplicidad de los singulares "equivalentes", lo cuantitativo, la pura dispersión. Lo abigarrado de los entes del mundo, la tendencia a la que nos llevan nuestros sentidos o la mente puramente individual, ha de ser compensada por la tendencia a la unificación. Pero no se trata de alcanzar una "totalidad" a la griega, sino de otra cosa: hay que transparentar al Único a partir de sí. Como tampoco basta con ir unos pocos centímetros delante de la propia generación, ni siquiera con ir muy por delante de ella, sino de hacer desembocar el propio tiempo en la eternidad.
Cuando me pregunto sobre el porqué de mi resistencia a la tarea autobiográfica, llego a la conclusión de que mi talante intelectual no se encuentra cómodo en situaciones en que es preciso hablar de mí mismo, como si un sentimiento casi invencible de pudor me impidiese referirme al yo, como no sea para superarlo y tematizarlo. Pues ¿qué interés tiene la psicología de tal o cual sujeto si no es el de constituir un eslabón intermedio en el camino hacia el equilibrio entre todos los sujetos, imposible de conseguir sino desde el diálogo con el Ser divino que los sustenta, el único que puede otorgarles su nota adecuada en la grandiosa sinfonía universal?
Siempre me inspiró más el estudio de la "Ley que sostiene el mundo" que cualquier consideración sobre mi persona; después de todo, ¿a quién podría interesar una vida tan marginal? Tan solo a dos tipos de personas: a aquellas que quieran aprender a colocar en su debido lugar la dimensión social o institucional de la vida, a fin de superar los "traumas" que pudiera engendrar su natural abandono; y a las que deseen comprender cómo la "centralidad" y la "marginalidad" social o espiritual son dos dimensiones complementarias.


José Chamorro dijo
El mito no es mío propio, yo lo recibí de mi madre.
Eurípides
Sobre la autobiografia, está muy acertada su reserva pues como los antiguos poetas y hermeneutas, o sea, intérpretes de signaturas eternas.
el verdadero hombre no debiera reivindicar su obra como medio de expresión de sí mismo, como la mayoría de los artistas modernos. Se debieran parecer a los matemáticos en el interés que tiene su disciplina por las verdades duraderas y eternas y por ese gusto por la estética de la simetría y la invariancia. Y es que, en su forma más pura, la matemática mantiene necesariamente una cierta reserva hacia, el..mundo real de la contingencia caprichosa y la idiosincrasia humana. Esta aversión por lo personal se manifiesta incluso en los libros de matemática aplicada y en los de divulgación. Para un matemático un libro que utilice en el la palabra «yo» no sería de matemática pura.
11 Abril 2009 | 09:47 PM