DE CÓMO FUE TENTADA LA MODERNIDAD
El proceso de emancipación de la razón la lleva a distanciarse de la fe y de la tradición, tímidamente al principio, decididamente después; los primeros filósofos modernos quizá no calcularon las consecuencias de la nueva orientación del pensamiento. Como observó con justeza Cimadevilla en su libro "Universo antiguo y mundo moderno", en el que analiza el paso del universo de la totalidad al del infinito, el "vacío" o la distancia abierta por la revelación en el seno de la razón griega crea el vértigo de la razón y la impulsa hacia arriba.
Al no poder elevarse a la altura de la revelación, lo único que puede es caer (o, en todo caso, quedar suspendida en el vacío), pues no otra cosa es querer alcanzar por las propias fuerzas lo que nos trasciende, el misterio divino: llámese "prometeica", "luciferina" o de "inflación", es la tentación de que se han ocupado algunos autores modernos, y contra la que, mucho antes, nos previene la Escritura.
En realidad, EL SUPUESTO MOVIMIENTO ASCENDENTE TIENE COMO CONTRAPARTIDA EL DESCENDENTE: el intento de "subir" hasta el misterio por el propio impulso tiene como consecuencia la caída. Y ESA CAÍDA NO QUEDA AL NIVEL DE LA TIERRA, SINO QUE ARROJA A QUIEN TRATA DE SUBIR A UNA DISTANCIA IGUAL PERO HACIA ABAJO.
Por eso, el pretendido movimiento de retorno de un Hegel o de un Abellio (y, en general, de los gnosticismos antiguos y modernos) no es sino la representación de una ascensión "luciferina" que, inevitablemente, va acompañada de una caída.
POR TANTO, LA REPRESENTACIÓN CORRECTA DE LA DEIFICACIÓN SERÍA EL CIRCUITO DEL TETRAGRAMA, QUE INCORPORA AL HOMBRE A TRAVÉS DE UN PRIMER MOVIMIENTO DE DESCENSO ("Nadie puede subir al cielo sino Aquél que ha bajado del cielo"), QUE VA SEGUIDO DE OTRO DE ASCENSO, SIEMPRE CON LA AYUDA DE DIOS, NUNCA POR NUESTRAS SOLAS FUERZAS.
