La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

26 Marzo 2009

FILOSOFÍA, TEOLOGÍA, INFLUJO ASTRAL

 

Dice santo Tomás de Aquino ("Summa Theologica", I, q.115, a.4) que los influjos astrales no afectan por igual al intelecto y a la voluntad (hablamos siempre de influencia indirecta, es decir, debida a la conexión de estas facultades con el cuerpo).

Así, perturbadas, por ejemplo, la imaginativa o la memorativa, quedará también perturbado el acto del intelecto, mientras que no ocurre lo mismo con la voluntad, que puede dejarse arrastrar o no por los apetitos.

¿Qué conclusiones se derivan para los diferentes modos del pensar? Para restringirnos a los ámbitos filosófico y teológico: en el caso del pensar filosófico parece indudable que las consecuencias son inmediatas, puesto que aquí es el intelecto abandonado a sí mismo el protagonista. Es decir, que la alteración de los datos sensibles lleva a un error en la comprensión intelectual, que pasa por una operación abstractiva sobre esos datos. Se hace necesaria, pues, una dura ascesis intelectual para luchar eficazmente contra semejante riesgo.

En cambio, en el pensar teológico, las cosas deberían ser de distinto modo. En efecto, aquí el instrumento intelectual es el "intelecto iluminado por la fe". Por tanto, la capacidad perturbadora del influjo astral será menor, ya que una teología que merezca tal nombre habrá de ser elaborada por personas conscientes de que el poder exorcizador de la fe actúa sobre el intelecto, volviéndolo menos vulnerable a las configuraciones astrales.

Todo ello en el supuesto de una voluntad que no se deje someter a los apetitos, un tema, sin duda, apasionante a la hora de plantear cómo en el fondo de un sistema de pensamiento o de una doctrina hay una opción de la voluntad.

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José Luís Samper

José Luís Samper dijo

Si lo entiendo bien, consideras que en el pensar filosófico el protagonista es el intelecto humano abandonado a sí mismo, el cual al tener que operar por abstracción, altera los datos sensibles, lo que limita la comprensión de esos datos. ¿Crees que realmente haya alguna ocasión en que el intelecto esté abandonado a sí mismo? ¿Desde dónde es posible esa abstracción que separa el acto del intelecto de la voluntad o la imaginación? Cuando hacemos esas distinciones, ¿estamos siendo iluminados por la fe, por la razón...?
Bueno, ya habrá ocasión para más preguntas... Me ayuda mucho tu blog

4 Abril 2009 | 09:39 PM

www-espacioblog-com-analog

www-espacioblog-com-analog dijo

Muchas cuestiones y todas pertinentes. La posibilidad de error a la que me refería en primer lugar viene de una alteración de los datos sensibles, en buena parte subsiguiente a una vida indisciplinada, centrada en el ego y que es consecuencia de una "opción fundamental" incorrecta o claramente desviada. Muchas veces se nos habla de que tal o cual pensador cristiano oraba profundamente antes de afrontar cualquier problema. Esto no es hablar por hablar, sino el reconocimiento de que, a causa de las malas inclinaciones, nuestro intelecto se ve fácilmente perturbado, no digamos si detrás haya una mala fe o una voluntad perversa.
No es que el entendimiento esté sin más abandonado a sí mismo (en la economía de la salvación todo está conectado, para bien o para mal según nuestra actitud de fondo), pero parece que ese riesgo aumenta cuando se excluye metodológicamente cualquier referencia a la fe o a la gracia.
Sé que es un tema inagotable, pero ahí va un par de ejemplos, desde luego dispàres: 1) Husserl tenía siempre sobre su mesa de trabajo el "Nuevo Testamento", pero se resistía a abrirlo para evitar ser influido en su "epojé": 2) Parece evidente que en la mente de las jóvenes generaciones influye la experiencia prematura y en no poco casos viciada de la sexualidad.

9 Abril 2009 | 12:38 PM

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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