FILOSOFÍA, TEOLOGÍA, INFLUJO ASTRAL
Dice santo Tomás de Aquino ("Summa Theologica", I, q.115, a.4) que los influjos astrales no afectan por igual al intelecto y a la voluntad (hablamos siempre de influencia indirecta, es decir, debida a la conexión de estas facultades con el cuerpo).
Así, perturbadas, por ejemplo, la imaginativa o la memorativa, quedará también perturbado el acto del intelecto, mientras que no ocurre lo mismo con la voluntad, que puede dejarse arrastrar o no por los apetitos.
¿Qué conclusiones se derivan para los diferentes modos del pensar? Para restringirnos a los ámbitos filosófico y teológico: en el caso del pensar filosófico parece indudable que las consecuencias son inmediatas, puesto que aquí es el intelecto abandonado a sí mismo el protagonista. Es decir, que la alteración de los datos sensibles lleva a un error en la comprensión intelectual, que pasa por una operación abstractiva sobre esos datos. Se hace necesaria, pues, una dura ascesis intelectual para luchar eficazmente contra semejante riesgo.
En cambio, en el pensar teológico, las cosas deberían ser de distinto modo. En efecto, aquí el instrumento intelectual es el "intelecto iluminado por la fe". Por tanto, la capacidad perturbadora del influjo astral será menor, ya que una teología que merezca tal nombre habrá de ser elaborada por personas conscientes de que el poder exorcizador de la fe actúa sobre el intelecto, volviéndolo menos vulnerable a las configuraciones astrales.
Todo ello en el supuesto de una voluntad que no se deje someter a los apetitos, un tema, sin duda, apasionante a la hora de plantear cómo en el fondo de un sistema de pensamiento o de una doctrina hay una opción de la voluntad.


José Luís Samper dijo
Si lo entiendo bien, consideras que en el pensar filosófico el protagonista es el intelecto humano abandonado a sí mismo, el cual al tener que operar por abstracción, altera los datos sensibles, lo que limita la comprensión de esos datos. ¿Crees que realmente haya alguna ocasión en que el intelecto esté abandonado a sí mismo? ¿Desde dónde es posible esa abstracción que separa el acto del intelecto de la voluntad o la imaginación? Cuando hacemos esas distinciones, ¿estamos siendo iluminados por la fe, por la razón...?
Bueno, ya habrá ocasión para más preguntas... Me ayuda mucho tu blog
4 Abril 2009 | 09:39 PM