CONSIDERACIONES DIVERSAS A PROPÓSITO DE LA MUERTE
-No existe ningún procedimiento matemático para calcular el momento de la muerte. En todo caso, se puede calcular la "parte" de la muerte, que siempre nos dará alguna pista, al menos en el ámbito de la "inclinación". Por otra parte, dice el Salmo "Enséñanos, Señor, a calcular nuestros años, a fin de que adquiramos un corazón sensato", pero aquí entra en consideración una perspectiva más profunda, sobrenatural.
-Para continuar con el simbolismo astral: quizá un "método" interesante consista en calcular las direcciones para la mitad de la vida. Para ello se progresará el ASC. hasta que coincida con el grado del DSC. y se comparará la "atmósfera" astral con los acontecimientos ya vividos. Eso, en el caso de que uno haya pasado ya los cuarenta o cuarenta y tantos años y pueda intuir la índole de "retorno" de esa "atmósfera". Si aún no ha alcanzado esa edad, habría que intentar localizar la fecha del "cuarto creciente" de la vida. Y si cree haberla sobrepasado, quizá convenga buscar un "cuarto menguante"...y así en los demás casos.
-También puede recurrirse a la astrología horaria, no sólo para tener una visión estática de la cuestión, sino también para introducir el tiempo a través de progresiones y tránsitos.
-Tradicionalmente la muerte se relaciona con Escorpión, la casa VIII y los planetas Marte y Plutón (siempre, claro está, en su aspecto nocturno),sin olvidar a Saturno, conectado con Capricornio y la X (el "destino" o el "fin" de las cosas). ¿Por qué el signo 8º y la casa VIII? Quizá porque, en la sucesión de los "cielos" planetarios, ése es el lugar de Marte (y de Plutón). Por otro lado, es de notar que el número 8, reducción o raíz de 26, el valor del Tetragrama, dice relación al "amor de Dios a la creatura". De manera que la muerte es, en realidad, expresión de este amor. Es curioso, además que el simbolismo anterior pueda aplicarse también a la sexualidad (no en vano se habla de la "pequeña muerte"), que es, en definitiva, una fusión del "sujeto" con su "complementario" u "opuesto", con lo que no es él y, por tanto, una efectiva ruptura del propio ser, que se abre así a lo que es más grande que él.
-Concluye así el ser individual, que queda "disuelto" o "desintegrado" en sus componentes, para prepararse a una reconstitución superior. Como Escorpión confina con Sagitario y la casa VIII con la IX, del mismo modo la "descomposición" limita con Dios. Después de "Dios" viene la "asignación" al espíritu de su misión y "destino definitivo" (Capricornio y X), que, a su vez, supone convertirse en "tutor" (XI y Acuario), para así alcanzar la perfecta unión con Dios (Piscis y XII). Evidentemente, las etapas anteriores a partir de la VIII pueden interpretarse asímismo en un sentido místico, quizá como las cinco últimas "moradas".
-En cuanto a consideraciones filosóficas y teológicas, hay que partir de los siguientes supuestos:
-la muerte es separación de cuerpo y espíritu. Como la persona reside en éste, el intervalo entre muerte y resurrección no implica desaparición de la persona, sino continuación de la misma bajo condiciones no corpóreas.
-¿Qué es el espíritu? Aquel componente de nuestro ser capaz de conciencia y de abstracción y, por consiguiente, de inmortalidad. Puesto que está presente en el mundo material a través de los sentidos y en el mundo inmaterial mediante el intelecto, la memoria y la voluntad, su existencia no se limita a la vida corpórea, sino que se prolonga más allá de ella.
-Mientras dura la vida, la actividad del espíritu se desenvuelve en dos ámbitos o, para ser exactos en tres, ya que la tercera parte de esa vida transcurre en sueño. "A través del sueño, el hombre prueba la muerte", dice el adagio, como para significar que, junto a la conciencia intelectual, común a esta vida y a la de ultratumba, está la no-conciencia del sueño profundo, en la que no parece existir apenas la diferencia espíritu-cuerpo, pero también la de los ensueños y la del sueño consciente, en las que el espíritu se desenvuelve sin problemas al margen del cuerpo, eso sí, a distintos niveles, desde el dependiente de las experiencias corpóreas, hasta el que linda con las más profundas intuiciones de la sabiduría.
-Para concluir, una nota sobre la muerte y el pecado original. Si la unión con Dios otorgaba a nuestros primeros padres la armonía entre espíritu y cuerpo, ambos inmortales (aunque de distinta manera), la separación que es el pecado fragmentó al hombre e hizo que espíritu y cuerpo tomasen direcciones contrarias. Sobre el hombre planeó entonces la "muerte eterna", es decir, el alejamiento irremediable de Dios. Y con la "muerte eterna", la desintegración del ser, el sufrimiento, la enfermedad y, por último, la muerte física. Esta afecta no solamente al cuerpo, destruyendo su capacidad asimiladora e integradora, sino también al espíritu, que ha de pasar por ella como por un acontecimiento especialmente traumático. Y este tránsito dependerá en su cualidad de si el hombre se ha convertido o no a Cristo; en el primer caso, la vivirá en la desesperación, al no ver frente a sí más que la desintegración y la ausencia de Dios; en el segundo la vivirá en la esperanza de la resurrección beatificante. No en vano la vida que llevamos aquí en la tierra marca la mayor o menor armonía entre espíritu y cuerpo. No es que al hombre justo se le ahorren los sufrimientos, pero su modo de encararlos hace que se le abra el camino hacia la armonía final entre espíritu y cuerpo; en cambio, el malvado, con su conducta y su desgarramiento interno se aproxima cada vez más a la "muerte eterna".
