La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

1 Marzo 2009

DEL BLOGGER (IV)

 

-Exceso de pacifismo, exceso de violencia interior, a sabiendas siempre de que no podía estallar (tendrá que ver con mi admiración por Elías, que es enviado para "aplacar la cólera, antes de que estalle"?), pues ello me llevaría a la autodestrucción. Lo "apolíneo" como antídoto contra lo "dionisíaco", que, por otra parte, está muy marcado en mi tema astral.

 

 

-Al parecer, siempre será un problema para mí la falta de combatividad; el "Dragón" no combate, lo combaten, aunque a él no le agrada "bajar a la arena" (ver hexagrama 1º del Yi-King: los diferentes estados del "Dragón"). A pesar de mi temperamento "Aries", no me siento demasiado "militante" (lo dejo a mis enemigos o aliados); cuando me obligan a "descender a la arena", mis armas no son otras que la voluntad y la inteligencia pacientes y la no-violencia (aparte, naturalmente, del arma fundamental del "Dragón": el que es "todo ojos").

 

 

-Otro rasgo de mi talante, no alejado del anterior: "haced lo que hace, no lo que dice", como dice mi mujer. Ello ha tenido a veces consecuencias en mi relación con los otros: ponían en práctica lo que yo sólo admitía como una posibilidad teórica a contrastar con el resto de las convicciones vitales. Y es que mi negación instintiva ante la mayoría de las sugerencias que vienen del exterior parece estar en la línea del "No voy, pero fue" evangélico.

 

 

-Otro rasgo central del que no fui consciente hasta más adelante y al que he aludido en otro lugar de este blog: la tensión entre lógica y mística, para utilizar una terminología cómoda: la primera me permitía moverme con absoluta soltura en el ámbito racional; la segunda me facultaba para gozar de entera libertad en el terreno de la vida indivisible. El conflicto entre ambos me hacía proclive a subrayar alternativamente uno u otro polo, con las consiguientes dificultades de expresión, que unas veces tendía a analizar lo que por definición es uno, y otras a unificar lo que de por sí implica distinción y diferencia.

 

 

-Una cosa es clara: que dicho contraste, lejos de constituir en mí una componente individual, participa de una globalidad "institucional", más aún, "cósmica", como si su mera presencia indujera a mi alrededor idéntico contraste, inducción que he podido comprobar cuantas veces he sido "animador" de un grupo: algunos de los miembros del grupo tendían a desarrollar su impulso lógico, mientras que los otros veían intensificadas sus capacidades místicas, con los consiguientes enfrentamientos que, desde luego, estaban lejos de acontecer en mí. Un signo de este conflicto fue quizá el estado de semiasfixia en que nací, como si la salida al mundo se identificase para mí con la dificultad de respirar en el nuevo ámbito y de abandonar el medio acuático prenatal, como si la resistencia a dejar la esfera de la indistinción primordial fuera mayor que en otras personas, y el acceso al mundo supusiera un exilio más hondo que en la mayoría de los mortales (¿de ahí las responsabilidades que se derivan en relación con mi misión en el mundo y con el papel de "centinela" del que habla el texto bíblico?).

 

 

-Mercurio en Aries en oposición con Neptuno en Libra, ambos en cuadratura cerrada con la Luna en Capricornio; dificultad para escribir y para formular con precisión mis experiencias "suprarracionales"; por lo demás, la posición de Mercurio y Neptuno a uno y otro lado del eje equinoccial otorga a los dos un cierto carácter personificador. Evidentemente, Mercurio encarna la mismidad, y Neptuno, la alteridad; en cuanto a la Luna, su posición en uno de los extremos del eje solsticial le da un carácter "vertical" de "tribunal" o de imperativo moral. Por otra parte, los malos ángulos de Neptuno a Mercurio y a la Luna pueden estar en el origen de mi semiasfixia en el instante del nacimiento, un tema que nos llevaría muy lejos y al que me referí en mi tesis doctoral: "Más allá del absurdo y de la rebelión. Gnosis y estética en la obra de R. Daumal". En ella me ocupaba del "escándalo de la separación" entre la unidad de lo incondicionado y la división del mundo, una experiencia que me resultaba "familiar", aun sin llegar a los extremos de Daumal y, menos todavía, de su compañero Roger Lecomte.

 

 

Todo lo anterior se manifiesta de un modo directo y primario como nota básica del alma: una "esencialidad" inmediata, que se enfrenta sin dilación con los problemas fundamentales de la existencia, conectados ni más ni menos que con la experiencia de la "separación" y del "exilio" de la "verdadera patria", como si eso fuese lo normal en cualquier persona. Sin ir tan lejos, Ortega y Gasset, en su artículo "El intelectual y el otro", hace un sugestivo análisis sobre la diferencia entre ambos talantes (me viene a la memoria un episodio de mi juventud, que, pasados los años, me hace sonreír: un día en que hacía auto-stop, el conductor del coche que me recogió, ante mi conversación inopinada sobre el tema de los extraterrestres, empezó a sospechar si no sería yo uno de ellos; al bajar del coche y despedirnos, me lo dijo).

 

 

-Es verdad que aquella tensión entre "lógica" y mística" venía equilibrada por una buena dosis de "realismo". Eso hizo posible el encuentro con la que luego sería mi mujer y que revistió caracteres auténticamente providenciales (de haber tenido que casarme por el sistema de "ensayo y error", menudo desastre y cuánto sufrimiento: me estremezco sólo de pensarlo!). Aquí podría traer a colación episodios como el de las reflexiones de un amigo, gran escritor por cierto, sobre la índole de mis influencias, entre las que situaba, junto a la de conocidas figuras proféticas, teológicas y filosóficas, la de mi mujer, algo incomprensible para él (tan inusual y afortunado aparecía mi emparejamiento!). Y es que, para muchos, resulta difícil comprender lo que significa una auténtica unión conyugal. Pero si Zeus se vio amenazado  por el poder de los andróginos, la unión de Cristo con la Iglesia tiene suficiente fuerza para sanar e integrar cualquier unión conyugal "armónica".

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

José Luís Samper Martínez

José Luís Samper Martínez dijo

¿Y qué decir de la risa espontánea, incontenible? ¿Cuál es ahí la influencia? El "dragón todo ojos", ¿dónde puede verse sino es en Quien todo lo ve? La pasta que forma nuestra vida puede ser descrita con más o menos acierto, pero el misterio que la envuelve y hace de ella un sacramento se expresa mejor cantado que explicado. Y acogido como don. Gracias por compartir estas cosas.

2 Marzo 2009 | 08:43 PM

www-espacioblog-com-analog

www-espacioblog-com-analog dijo

Si la risa espontánea, incontenible, tiene mucho que ver astrológicamente con los signos de fuego, como Aries o Leo, no cabe duda que, al ser modelada por la fe, adquiere dimensiones "supracategoriales", de manera que, al final, debería ser expresión de la alegría profunda que otorga la gracia divina. Y el "fuego" en cuestión tendería a la "incandescencia" del Amor que "muove il sole ed altre stelle" (como diría el Dante) y que da nombre a los Serafines (los "Incandescentes"). Indudablemente, de todo ello da mejor cuenta un "¡Hosanna!", aunque brote de gargantas humanas y no angélicas.

6 Marzo 2009 | 11:43 AM

Joannah

Joannah dijo

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Joannah

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28 Marzo 2009 | 04:31 AM

www-espacioblog-com-analog

www-espacioblog-com-analog dijo

It´s very kind of you. Thank you.

28 Marzo 2009 | 06:31 PM

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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