LA ORACIÓN Y EL AYUNO TIENEN EL PODER DE EXPULSAR A LOS DEMONIOS
Mt XVII, 20 (Mc IX, 28):
(Jesús, tras curar a un epiléptico, declara a los discípulos):
20. Esta especie (de demonios) sólo se expulsa mediante la oración y el ayuno.
Comentarios de Rabano, san Juan Crisóstomo y san Beda el Venerable:
1) Rabano (in Matth., 1.c.):
Al enseñar a los apóstoles lo que han de hacer para expulsar a los demonios, Jesús nos enseña todas las reglas a observar en la vida espiritual, es decir, que con la oración y el ayuno estamos en condiciones de vencer las más grandes tentaciones, que provienen de los espíritus inmundos o de los hombres; oración y ayuno que son también los medios más eficaces para aplacar la cólera divina.
2) San Juan Crisóstomo (Hom. LVII sup. Matth.):
El que ayuna es mucho más libre: su oración es más atenta y fervorosa, extirpa de su corazón los malos pensamientos, se vuelve acepto a Dios y reprime el orgullo de su alma. Por eso, el que sabe unir la oración al ayuno dispone, por así decirlo, de dos alas más rápidas que el viento, no se deja vencer mientras ora del aburrimiento ni de la somnolencia, un defecto tan común. Por el contrario, semejante persona es más ardiente que el fuego, más elevada que la realidad terrestre y, en particular, más temible para el demonio. En efecto, nada puede resistirse al que sabe orar bien. Y si vuestra débil constitución no os permite ayunar con frecuencia, siempre podéis al menos rezar, y aunque no os sea posible ayunar, sí podéis cuando menos no abandonaros a los deseos mundanos.
3) San Beda, llamado el Venerable (in Marc., 1.c):
El Señor nos enseña que con el ayuno y la oración conseguiremos vencer las mayores pruebas, tanto si vienen de los demonios como si proceden de los hombres; y que el fuego de la justicia divina, pronto a castigar nuestras culpas, terminará por ceder ante el poder de este todopoderoso remedio. Por ayuno se entiende generalmente no sólo la abstinencia de alimentos, sino también de cualquier disfrute sensual, así como la victoria sobre cualquier pasión pecaminosa. De igual modo, se entenderá por oración no sólo el conjunto de palabras que usamos para implorar la divina bondad, sino también todas las acciones inspiradas por la fe y por la piedad, a fin de rendir homenaje a nuestro Creador, como sostiene san Pablo cuando dice: "Orad continuamente" (1 Tes V, 17).
Vincenzo Maria del Giudice, "La preghiera", Roma, 1953, Angelo Belardetti Editore, 141-142 (La traducción es nuestra).
