La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

31 Enero 2009

DE LA HERMENÉUTICA ASTRAL Y SUS LÍMITES

 

 

        

 

 

Si los aspectos "benéficos" son algo así como tendencias armónicas, los "maléficos" representan predisposiciones conflictivas. Pero ni unos ni otros tienen que ver con un acto voluntario; menos aún con un hábito o un carácter.

En efecto, la voluntad, que pertenece a nuestro ser más íntimo, se sitúa más allá de toda "influencia" astrológica.

Puesto que la voluntad libre constituye el "centro" de la estructura humana, es ella la que puede disponer de las diferentes energías planetarias. No en vano se manifiesta en ella la "imagen divina".

La función de la hermenéutica astrológica consistirá entonces en valorar las energías en juego en un determinado instante con vistas a su oportuna superación.

Sin embargo, una cosa es estructurar esas energías, lo cual es tarea del intelecto, y otra muy distinta proceder a trascenderlas efectivamente.

La terminología tradicional habla del ternario "cuerpo-alma-espíritu", un ternario que, convenientemente clarificado y adaptado a nuestro horizonte mental, podría seguir utilizándose.

Comparemos ahora los significados de los símbolos astrológicos en cada uno de los niveles del ternario anterior. Los dos primeros planos, el "corpóreo" y el "psíquico" pueden ponerse en conexión con el microcosmos y macrocosmos respectivamente, es decir, el primero con el plano de las "casas", y el segundo, con el de los "signos".

El macrocosmos es, pues, "lo abstracto", "lo universal", el ámbito de las "esencias", en tanto que el microcosmos será el dominio de "lo concreto", "lo particular", "los hechos".

Pasemos ahora al plano del "espíritu". ¿Qué es lo que lo caracteriza? El "paso al límite", por así decirlo, la resolución de la tensión entre macrocosmos y microcosmos, entre "alma" y "cuerpo", entre "lo universal" y "lo particular", así como la estructuración y ordenación de la realidad del mundo.  Y aquí la palabra "estructuración" tiene un doble sentido: teórico y práctico. El primero pertenece al nivel de la razón "trascendental"; lo segundo es tarea de la voluntad "trascendental".

La tarea de la razón consistirá en analizar y comprender por qué, para un "yo" determinado, las posibilidades del macrocosmos (o del ámbito "psíquico") se concretan en tales y cuales "hechos" del microcosmos (o de la esfera "corpórea").

Ahora bien, ¿Es posible una "predicción" completa de los "hechos" a partir de las "esencias"? No. ¿Por qué? Porque además de la razón trascendental o espiritual, cuya función consiste en relacionar macrocosmos y microcosmos desde la esfera transmundana del "espíritu", está el ámbito de la voluntad, que modifica "lo dado", a saber, el conjunto de "posibilidades", y lo concreta de tal o cual manera.

Evidentemente, la conexión entre lo "psíquico" y lo "corpóreo" mediante la voluntad es imposible al margen de la dimensión ética.

A este respecto, conviene destacar el papel clarificador del intelecto, especialmente  a posteriori, que pondrá de manifiesto, dentro de lo posible, la "energía extramundana" que intervino decisivamente, por ejemplo, para "enderezar" una situación determinada.

Pero sigamos con la voluntad y su función propia. ¿Es suficiente plantear las cosas desde el punto de vista ético? ¿Basta la acción de la voluntad para modificar, por ejemplo, una predisposición conflictiva o abiertamente negativa, derivada de un aspecto inarmónico?

Llegamos así al "umbral" en que brota la acción propiamente transformadora de la existencia.

De ahí que la dimensión ética remita a su vez a la religiosa, y que el problema de la transformación de las "posibilidades" simbolizadas por el macrocosmos, así como su concretización en el microcosmos nos lleve en última instancia a la cuestión de cómo se reorienta el hombre, y de cuál es la postura correcta ante la Divinidad, de la que, en definitiva, depende su realización auténtica. Es, pues, aquí donde interviene la acción de la gracia.

Y así, el "tema astral" se convierte en el esquema "natural" sobre el que ha de trabajar la voluntad regenerada por la gracia, a fin de alcanzar un día la "estatura debida" en el reino de Dios.

¿Nos indica algo más el tema astral? ¿Cabe extraer de él conclusiones sobre el definitivo desenlace de una existencia, sobre su destino último. No, si ello supone cualquier tipo de coacción a la libertad, pues tal cosa supondría la subordinación total del hombre al mundo, su plena identificación con la "naturaleza", el rechazo de su condición espiritual.

Por eso, aun admitiendo la posibilidad de "deducir" información sobre la suerte definitiva de una persona, ello no supondría determinismo alguno.

Se trataría, en tal caso, no de la astrología entendida como mero saber conjetural, sino del "tema astral" como "soporte" de una "visión" que escapa al intelecto humano.

 

 

 

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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