"SOSTENELLA Y NO ENMENDALLA"

Algo tienen en común la mayoría de los discursos “moralizantes” y “psicologizantes” tan de moda hoy: la convicción infundada de que la realización del ideal es cosa que depende sólo de la voluntad.
De ahí el poco rigor que muestran a la hora de extraer las consecuencias de todo aquello que, a su entender, condiciona el comportamiento humano. No es de extrañar que cualquier análisis, reflexión o proyecto tropiece con dificultades no previstas.
Ya se trate de análisis marxista, freudiano o nietzscheano, el autor parece adoptar un supuesto aparentemente ingenuo: que, para construir sobre la base de una crítica radical de los condicionamientos que afectan al ente humano, basta un simple acto de la voluntad.
Sin embargo, semejante supuesto resulta contradictorio: de un lado, niega la existencia de instancias espirituales independientes de la materia, del inconsciente o de la ciega voluntad de poder. De otro, trata de explicar la conducta o la moralidad humana por tales contra-instancias.
A no ser que la actitud presente en dichos análisis no tenga nada de ingenua, sino que, al contrario, asuma y afirme la contradicción y trate de edificar la existencia sobre ella. Una posibilidad “diabólica”, es verdad, pero no por ello menos plausible, al menos en las mentes de quienes idearon los análisis en cuestión, si no en quienes los siguieron acríticamente.
Se comprende así cómo la fe y la anti-fe son inversas: la primera se sitúa más allá de la razón; la segunda se obstina en permanecer más acá de ella.


José Luís Samper dijo
Considero esta observación muy pertinente y verdadera. Hasta en las aparentemente mejores intenciones se cuela esa especie de soberbia que nos lleva a creer que todo es asunto nuestro, creación nuestra, objeto de nuestra voluntad o deseo. Y establecido esto, todo es cuestión de "estrategias"o "técnicas". Y esto lleva al olvido del origen de esa voluntad y su dependencia de aquello o aquel que es más que ella. Es la espiritualidad del ateismo.
9 Enero 2009 | 07:30 PM