SOBRE LA RELACIÓN ENTRE "LUNA NEGRA", "SOL NEGRO" Y "EJE DE LOS NODOS LUNARES" (Notas sobre la "praxis" fenomenológica)
![]()
![]()
La consideración estática de los factores arriba mencionados nos da una idea de las posibilidades fenomenológicas en general. Y así:
“Luna negra”…Si la Luna representa el alma o la “subjetividad ingenua”, el eje de la “Luna negra” simbolizará la escisión entre el apogeo y el perigeo lunares, entre el polo de la “cerebralidad” y el de la “sensualidad”. Por tanto, a mayor proximidad de la Luna con uno de los extremos, mayor subjetivismo.
“Sol negro”…Si el Sol figura el “mundo natural”, el eje del “Sol negro” será la escisión entre el apogeo y el perigeo solares, entre el polo de la máxima lejanía o “trascendencia” y el de la mínima o “inmanencia”. Por consiguiente, a más proximidad del Sol a los extremos, mayor objetivismo.
Por lo demás y sin entrar a fondo en disquisiciones teológicas, hay que hacer notar el desajuste entre sujeto y mundo subsiguiente al pecado original, desajuste que se manifiesta sobre todo en las situaciones extremas, de manera que el ente humano queda desvinculado del mundo y como yuxtapuesto a él. Es lo que podríamos llamar la separación o yuxtaposición mundo/sujeto. De ahí la necesidad de superar semejante estado de cosas mediante el análisis fenomenológico, que nos muestra cómo toda conciencia es “conciencia de”, a saber, cómo la consideración separada de conciencia y mundo no corresponde a la realidad.
“Eje de los nodos lunares…El determinado por la fusión o el contacto entre sujeto y objeto, dividida a su vez entre un umbral exterior y otro interior. Intento de superar la división entre sujeto y mundo naturales, obstaculizado, claro está, por la obnubilación de la razón humana tras ese mismo pecado original y que se hace posible a través del método fenomenológico. Hablamos siempre en el plano tendencial y con las consiguientes limitaciones; lo contrario supondría incurrir en cualquier “gnosis” sucedánea de la fe.
El desajuste al que aludíamos más arriba se agudiza cuando dos de los ejes en cuestión entran en conjunción: es el caso de “Luna negra”/”Sol negro” o el de “Luna negra”/”Eje nodal”, o el de “Eje nodal”/”Sol negro”.
El ciclo “Luna negra”/”Sol negro” tiene una duración de 8,8 años aproximadamente, prácticamente idéntica a la revolución de la “Luna negra” sobre su posición natal. El ciclo “Luna negra”/Eje nodal dura 6 años (tres ciclos hacen, pues, 18), mientras que el tercero, “Eje nodal”/”Sol negro” emplea aproximadamente el mismo tiempo que la precesión lunar o revolución del eje nodal sobre su posición de partida, es decir, 18,6 años.
Así, pues, poco antes de los 9 años, en consonancia con la primera revolución de la “Luna negra” sobre su posición de partida, ocurre una primera división entre el polo “cerebral” y el “sensual”. Y, puesto que tal revolución es simultánea con la del ciclo “Luna negra”/”Sol negro”, hay que hacer constar la simultánea escisión entre “trascendencia” e “inmanencia” objetivas. De manera que la división en el seno de la subjetividad va acompañada de otra semejante en el de la objetividad. Algo así como si la “cerebralidad” del sujeto afrontase la dimensión “cerebral” del mundo, en tanto que a la “sensualidad” del sujeto correspondiese un estímulo semejante por parte del mundo, de manera que la “adecuación entre el intelecto y la cosa” sólo se produciría al final de una serie de “oscilaciones” entre los ámbitos subjetivo y objetivo.
Semejante experiencia viene confrontada con el mundo objetivo, solar, a los 9 años (mitad de 18, que caracteriza al ciclo "Luna negra"/Eje nodal) y difícilmente puede ser equilibrada, sobre todo cuando uno ha nacido bajo la conjunción “Luna negra”/Eje nodal. Tan sólo algo más tarde se dan las condiciones “favorables” para enfrentarse con el mundo objetivo, al menos de manera incipiente.
Es a partir de la segunda revolución de la “Luna negra”, casi simultánea del ciclo “Luna negra”/”Sol negro”, cuando la experiencia de la subjetividad dividida adquiere un carácter más apremiante. Y es a los 18 años cuando tiene lugar el afrontamiento entre la subjetividad desgarrada y el ámbito en que el sujeto “normal” entra en contacto con el mundo objetivo (1). Y si a los 9 años ya resultaba difícil semejante confrontación, a los 18 deviene particularmente ardua si bien cuenta con una madurez mayor en los dos ámbitos.
Será con ocasión del tránsito del eje nodal sobre sí mismo cuando el contacto sujeto-mundo tendrá más posibilidades de ser equilibrado y “fenomenológico”(quede para otra ocasión la descripción astrológica de las sucesivas etapas de la conciencia fenomenológica). Por lo demás, dada la lentitud con que se desplaza el eje del “Sol negro”(su revolución dura aproximadamente unos 21000 años), su interferencia con el eje nodal se hace notar, sobre todo, en los casos en que ambos ejes se hallan en conjunción. ¿De qué indole es dicha interferencia? En tanto que el movimiento del Sol en el Zodíaco no se aproxima al apogeo o al perigeo, la objetividad del mundo permanece “intermedia”, a saber, no marcada por la “trascendencia” ni por la “inmanencia”.
NOTAS
1) Un dato curioso a partir del cual parece un tanto inadecuada la fijación de la mayoría de edad a los 18 años.
