EL EMPERADOR Y EL MENDIGO

Paseaba el Emperador por la capital de su reino y se tropezó con un mendigo, al que reprendió con severidad: “¿No te da vergüenza vivir a costa de los demás, en lugar de ganarte la vida trabajando honradamente?”
El mendigo, que no tenía mucho que perder, contestó: “¿Por qué me echas en cara lo que tú mismo haces? Yo, al menos, acudo a la compasión de los demás para que, libremente, me otorguen su limosna, cosa que a ti ni se te pasa por la imaginación. Al contrario, llevas al pueblo abrumado de impuestos y cargas, sin que nadie pueda protestar.”
El Emperador comprendió y le perdonó la vida.
