La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

19 Noviembre 2008

PARA UNA ONTOLOGÍA DEL NÚMERO

-Si la serie de los números en su dimensión cuantitativa va de menor a mayor y de los “átomos” del universo al universo como totalidad (una totalidad que se identifica con el infinito matemático, el cual, propiamente hablando, no es un número), la misma serie en su dimensión cualitativa u ontológica va de mayor a menor y de la unidad o totalidad del mundo a sus componentes últimos, a la pluralidad sin fin.

-Pero tanto el sentido cuantitativo como el cualitativo se refieren directamente al mundo. En cuanto a una posible referencia a la Trascendencia, solo es posible a partir de la serie cualitativa, la única en la que la Unidad puede ser concebida (supuesta siempre la analogía del ser) como infinita en acto (en el caso de Dios, naturalmente).

-¿Cómo establecer entonces la jerarquía de los números? En lo más alto, la Unidad Trascendente que es Dios. ¿Y la Trinidad divina, puede “deducirse” de la unidad? No, puesto que 2 y 3 son ya números. Eso sí, podemos considerarlos, junto con la unidad, como los tres “primos primos” y, en este sentido, pueden servirnos para comprender mediante una analogía del ser convenientemente “depurada”, las Personas divinas.

-En lo que se refiere a la creación, viene constituida por una jerarquía que va de 2 a infinito, ya se trate de números primos o compuestos.

-Eso sí, en los distintos niveles de la creación los números primos son elementos irreductibles, verdaderas “replicaciones” de la unidad, por inferior que pueda ser el lugar que ocupen en la jerarquía numérica. Son, por así decirlo, la última y radical concesión de la Unidad divina a la pluralidad que es el Universo. Quizá por ello han llamado siempre la atención de las más poderosas mentes matemáticas y sirvieron de inspiración para comprender intuitivamente algunos conceptos teológicos, tales como el de “deificación” (es interesante observar cómo Adrienne von Speyr relacionó la diversidad de los santos con la de los números primos).

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

luism

luism dijo

19 DE NOVIEMBRE DE 1933, HACE 75 AÑOS
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19 Noviembre 2008 | 11:12 PM

Anita

Anita dijo

Sigo tu blog. Quisiera saber si nuestro libre albedrío es tan libre como para poder elegir de tal manera que, al final, nos hallemos condenados, o sea, en el infierno.

19 Noviembre 2008 | 11:33 PM

luism

luism dijo

No creo en el libre albedrío. Uno decía que somos nosotros y nuestras circunstancias, pero al final vamos a ser sólo nuestras circunstancias.
Por ejemplo, yo ahora podría decir: soy honrado, y no sería mentira, ni verdad; quizás fuera simplemente que no tengo necesidad, o no se da la ocasión para robar. pero ¿y si mañana sólo hay un panecillo para 2? ¿Podrá mi libre albedrío?

20 Noviembre 2008 | 12:38 AM

Rmilio Saura

Rmilio Saura dijo

Gracias por la información, luism, sin duda interesante.

20 Noviembre 2008 | 05:21 PM

Emilio Saura

Emilio Saura dijo

Gracias, Anita. Tú también haces un buen trabajo.
En cuanto a la pregunta: Del mismo modo que la libertad, con la ayuda de la gracia, puede llevarnos al Reino de Dios, también puede, obstinándose en rechazarla, conducirnos a la órbita diabólica, al fracaso existencial radical, Ahora bien, para llegar a esto hace falta una combinación de conocimiento de causa y de voluntad "titánica", sobre cuya conjunción resulta razonable dudar. No en vano algunos teólogos, admitiendo evidentemente la existencia del infierno, del ámbito diabólico, confían en que esté vacío. Una cuestión difícil de resolver, pues está en juego no sólo la misericordia de Dios, sino también su justicia. Y, aunque dice la Escritura que, al final, predomina la misericordia, que "se ríe del juicio", también hay que dejar a salvo la libertad humana, sin la cual no habría mérito y seríamos como animales.

20 Noviembre 2008 | 05:37 PM

Emilio Saura

Emilio Saura dijo

En relación con las reflexiones de Luism sobre el libre albedrío. Desde el punto de vista filosófico, libertad significa exactamente esto: "ausencia de coacción interna". Por lo tanto, es algo diferente de la libertad "física", la que no tiene, por ejemplo, uno que está en prisión; o de la libertad "política", que sólo posee el que goza del pleno disfrute de todos los derechos como ciudadano. En ese sentido, el "Yo soy yo y mi circunstancia" es de rigor.
Ahora bien, la libertad como "ausencia de coacción interna" se sigue teniendo en la cárcel o bajo una dictadura o bajo una democracia que no merezca tal nombre. Un ejemplo extremo: si alguien nos exige algo bajo amenaza de muerte, nosotros seguimos siendo libres para no aceptar su exigencia, aunque ello nos cueste la vida.
Lo único que puede anular (o, al menos, debilitar) la libertad como "ausencia de coacción interna" puede ser, por ejemplo, el abuso de determinadas drogas, ciertos tipos de tortura, etc. Es decir, la libertad a que me refiero es espiritual y sólo viene debilitada por un avasallamiento extremo del cuerpo o, en todo caso, por un control de la mente (como en la posesión diabólica) o de las conexiones entre espíritu y cuerpo (como en el caso de los "zombies", en sentido riguroso y no "folklórico).

23 Noviembre 2008 | 07:59 PM

luism

luism dijo

Por supuesto existen dos ámbitos de libertad, que tras una gran elaboración y disciplina se pueden diversificar determinantemente ¿por qué diversificar? pues porque en una vida normal, es difícil conseguir esa libertad interna bajo la presión externa. Los estudios sobre derecho penal demuestran que un reo a los diez años está materialmente deshecho física y mentalmente. Esa es la realidad corriente. Lo que no osbta que haya seres que pueden mantener incólume su enterza moral.

23 Noviembre 2008 | 09:59 PM

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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