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¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

3 Noviembre 2008

CRISTIANISMO Y RELIGIONES: A PROPÓSITO DEL CONCEPTO DE ANALOGÍA

-El problema se plantea a partir de las semejanzas entre el cristianismo y las demás religiones y puede formularse del siguiente modo:

-¿Cómo interpretar las semejanza entre algunos símbolos, conceptos y elementos del cristianismo y otros provenientes de las distintas religiones?

-Sin entrar en aspectos concretos, vamos a sentar algunos principios:

1) Aunque la humanidad toda se encuentra bajo el régimen sobrenatural, apenas es necesario señalar que no en todas las religiones se es consciente de ello. Por eso conviene distinguir entre la religión de Israel (entendiendo por tal el Antiguo Testamento), que se funda en la Revelación, y las demás, que se mueven al nivel de la “naturaleza”. En lo que respecta al Islam, la cuestión es más compleja, como señala el Vaticano II en el documento “Nostra aetate”.

2)La relación entre el A.T. y el N.T. quedó definida en términos generales en el célebre principio: “Novum Testamentum in Vetere latet, Vetus in Novo patet” (“El Nuevo Testamento está latente en el Antiguo, el Antiguo deviene patente en el Nuevo”). Lo que significa que ambas partes de la Revelación guardan entre sí la relación oculto/manifiesto.

3) En cuanto a las religiones, guardan, en principio, con el cristianismo una relación de analogía, concepto que conviene aclarar.

4) Ateniéndonos a lo fundamental, ¿en qué consiste aplicar a dos entes un término en sentido análogo? En decirlo de ellas no de manera unívoca, es decir, en sentido idéntico, ni tampoco de modo equívoco, es decir, en sentido completamente diverso, sino aunando en el término lo idéntico y lo diverso. Sin entrar en más distinciones, en esto consiste la analogía en el ámbito de la razón “natural”. Es, pues, la pura razón la que establece la mediación entre identidad y diversidad, por amplio que sea la esfera situada entre ambas (véase un caso límite: la analogía del concepto “ser”, aplicable, en virtud de la capacidad metafísica de la razón, a los entes finitos y al Ser divino).

5) Otra cosa sería aplicar la analogía en la esfera de la “razón iluminada por la fe”. Aquí hemos de partir de los datos de la Revelación, de manera que, atestiguada la presencia en la Escritura de un término que se aplica a dos entes en sentido análogo (por ejemplo, en una parábola se nos dice que el “Reino de Dios” es similar a un “grano de mostaza”), se plantea la cuestión siguiente: ¿qué es aquí lo idéntico y qué lo diverso? Lo idéntico es la realidad natural del "grano de mostaza"; lo diverso es el "grano de mostaza" entendido como "Reino de Dios"; y la conexión entre ambas acepciones sólo deviene accesible a través de la fe.

6) Pues bien, entre las religiones no cristianas y el cristianismo existe, en términos generales, la misma analogía que entre el orden de la “naturaleza” y el de la “gracia”. Y decimos “en términos generales” porque, como señala la declaración “Nostra aetate”, las grandes religiones también encierran “semina Verbi” (“semillas del Verbo”). Y son las “semina Verbi” lo que hace posible la progresiva toma de conciencia individual y colectiva del orden de la gracia por parte de los fieles de esas religiones, de manera que, en último extremo, alcancen el encuentro con el Verbo, ya a través de las “estribaciones” de la Iglesia por Él fundada, ya, por ignorancia invencible de ella, mediante el encuentro con el mismo Cristo.

7) Evidentemente, para entender dicha analogía conviene relacionar los órdenes antes indicados con la no-historia y la historia respectivamente. Y es la historia lo característico del orden de la gracia, en la medida en que éste se presenta justamente como una “historia de la salvación” y un tiempo lineal que comienza en el Génesis y concluye en el Apocalipsis, a diferencia del régimen de la naturaleza, basado fundamentalmente en un orden cósmico marcado por el devenir del tiempo cíclico. De ahí la confrontación entre la historia y el mito y el contraste, por ejemplo, entre los mitos de origen astronómico y astrológico y la realidad histórica determinada por la libertad humana.

8) De ahí la necesidad de profundizar, hoy en la pleamar del neopaganismo, en una serie de distinciones elementales para entender la realidad más profunda del cristianismo. Eso nos permitirá situar las categorías cósmicas en su debido lugar, más allá de una concepción del mundo regresiva, que trata de reducir las categorías cristianas a meras réplicas de las que utilizan las religiones centradas en la realidad cósmica. Y es que en la Biblia encontramos referencias a las “lumbreras” que Dios ha puesto para medir el tiempo o a las “virtudes” de los astros (como en el libro de Job), pero en un contexto bien diferente, el de una “historia de la salvación” que, impulsada por el “Sol que viene de lo Alto”, culmina en la eternidad. Un tema, sin duda, inagotable sobre el que nunca se reflexionará bastante.

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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