
1) Supuesto un grupo, orden o asociación eclesial, podemos plantear la pregunta de su mayor o menor connaturalidad con la Iglesia Universal. Evidentemente, para responder a la pregunta puede resultar muy útil, al menos en lo que se refiere a las “tendencias naturales” del grupo en cuestión, la comparación entre el tema astral de su “nacimiento” y el de la Iglesia.
2) ¿A qué tema nos referimos? Podemos servirnos de cuatro: a) El de la Era Cristiana; b) El de la muerte de Cristo; c) el de la Resurrección; d) El de Pentecostés. Observemos que los tres primeros están referidos directamente a Cristo, mientras que el último tiene como punto de referencia el Espíritu Santo. También podemos notar que en todos ellos Saturno se encuentra en los Gemelos y que una revolución completa de dicho planeta separa al primer tema de los tres últimos. De los dos más utilizados, es decir, a) y b), el primero se define, sobre todo, por el Sol en Capricornio, la conjunción Júpiter/Plutón en Libra y Ascendente y la posición de Saturno en IX y Gemelos; y el segundo, por el Sol en Aries, el ASC. Virgo, (con Mercurio en Tauro) y por Saturno en Gemelos y “Medio Cielo”. ¿Qué significa semejante posición del planeta? Quizá un destino unido a la dualidad Póllux-Cástor, es decir, “espíritu-cuerpo” o “inmortal-mortal”; o un sufrimiento asociado a la unión entre ambos “hermanos”. (De pasada, debo señalar que mi afinidad “natural” con la mentalidad eclesial viene de que la posición de Saturno en mi tema es la misma que la del Viernes Santo, una posición recurrente cada 30 años aproximadamente. De ahí la estrecha conexión en mi caso entre filosofía y cristianismo, algo así como una "mens naturaliter christiana").
3) Entendemos así la necesidad de comprender las “coordenadas naturales" de cada grupo eclesial para explicar de algún modo sus limitaciones. No es lo mismo un grupo nacido bajo una configuración que armoniza con el Saturno radical de la Iglesia que uno marcado por un ángulo conflictivo, aunque ni siquiera el primero tenga "garantizada" su fidelidad a la mentalidad eclesial. Evidentemente, siempre se supone la acción de la gracia, que actúa a otro nivel: “Dios lo puede todo” y sólo Cristo puede evitar que las tensiones entre quienes detentan diferentes carismas hagan reventar el "vestido" de la Iglesia, como diría Hans Urs von Balthasar.
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