La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

27 Octubre 2008

LA "NATURALEZA" COMO LÍMITE DE LA ACCIÓN DIVINA

-El camino espiritual supone siempre un punto de partida: la “naturaleza” humana. Expresada en categorías astrales, la hermenéutica pertinente tendrá en cuenta el “astra inclinant, non necessitant”, de manera que, por conflictivas que sean las configuraciones astrales, la voluntad asistida por la gracia está en condiciones de modificarlas. Y así la acción divina hará que la “naturaleza” astral se transforme en instrumento fiel del Espíritu.

-Ahora bien, el adagio tomista “La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona” señala entonces el “límite” a la acción divina, no en el sentido de que el poder de Dios sea limitado, sino en el de que dicho poder no pretende disolver la naturaleza o destruirla.

-Lo contrario sería concebir la meta del camino espiritual como la “Suprema Identidad”, es decir, como el reconocimiento de que no hay diferencia entre el ámbito divino y el humano, o bien es “ilusoria”.

-Por consiguiente, la “naturaleza” humana, se exprese en categorías astrales o en otras cualesquiera, es y siempre permanecerá distinta de Dios. Por eso el autoconocimiento, anterior o concomitante al camino espiritual es una tarea irrenunciable. Primero se tratará de un conocimiento basado exclusivamente en la razón natural; luego, de un conocimiento fundado en la razón iluminada por la fe.

-La “naturaleza” nos ha sido dada por Dios de una vez. Él la mantiene en el ser, haciendo posible el desarrollo de sus posibilidades. En cuanto al autoconocimiento, es el desarrollo de un constitutivo esencial de la “naturaleza” como es la razón. Semejante desarrollo dependerá, al principio, de la razón misma en cuanto creación de Dios; después, el autoconocimiento será obra de la razón auxiliada por la gracia, una vez que el ente humano se abra a ella.

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Jose Miguel

Jose Miguel dijo

Hola Emilio,

Siempre me ha interesado mucho este tema. Le felicito por sus aportaciones.
Quisiera que me hiciera unas precisiones en aras a una mejor compresión.
Se trata de delimitar "naturaleza", pues entiendo ésta como "naturaleza cero", es decir, antes de un desarrollo biográfico involuntario (educación, acontecimientos externos de diversa índole, etc ) y voluntario ( trabajo moral, etc.).
Quisiera, además, que me respondiese a estas cuestiones o que me aclarase estos puntos:

En primer lugar, ¿"Naturaleza" en alusión a una persona concreta designa más que "natualeza humana"?¿Se hablaría entonces de naturleza humana en general y de naturaleza propia?
En segundo lugar, solo admitiendo categorías astrológicas podríamos referirnos tan en profundidad la naturaleza de tal o cual persona ¿De qué otro modo si no?
En tercer lugar, parece que habría un tercer elemento sumado a la naturaleza propia de cada sujeto y a la acción de la gracia: la contingencia de la vida.

28 Octubre 2008 | 05:40 PM

Emilio Saura

Emilio Saura dijo

El vocablo "naturaleza" es utilizado aquí en su acepción teológica más habitual: como contrapunto de la "gracia" o "sobrenaturaleza". Partimos del supuesto de que Dios ha elevado desde el principio a la humanidad al orden sobrenatural, de manera que el estado de "naturaleza pura" no ha existido nunca. Ahora bien, si comparamos el estado actual, a saber, que el ente humano ha sido llamado a participar de la vida divina, estamos suponiendo que hay en él una capacidad para ello, pero no se trata de una capacidad "natural", pues entonces no sería una elevación gratuita, sino una mera prolongación de su ser, que en tal caso vendría entendido como "divino". Algunos teólogos hablaron de una "potencia obediencial". ¿Qué quiere decir esto? Que el ente humano,aun no mereciendo en absoluto participar de la vida divina, podía ser llamado si Dios lo quería a semejante estado. Pues bien, a aquello que fue llamado al orden sobrenatural (aunque nunca haya existido un tiempo en que el ser humano todavía no haya sido llamado y después lo fuese) lo denominamos "naturaleza humana". A ella no le pertenecen las prerrogativas derivadas de la participación en la vida de Dios y que, evidentemente, no le son debidas. Por eso la teología distingue entre lo que es "natural" en el ente humano (su condición de "animal racional", que diría Aristóteles), lo que es "sobrenatural" (los atributos divinos comunicados a ese animal racional, que en modo alguno tenía derecho a ellos) y lo "preternatural" (dones que, sin ser naturales, tampoco son sobrenaturales, pero que acompañan al estado de "justicia original": lo que podríamos llamar las "añadiduras del Reino de Dios").
Supones bien que se puede hablar de la "naturaleza humana" en general y de su concreción individual. Y aquí planteas una cuestión de gran interés en el campo de la psicología y de la espiritualidad: ¿Cómo conocer la propia naturaleza individual? A mi modo de ver, no hay instrumento comparable al astrológico en ese terreno. A lo sumo, sólo se le podría comparar un poco una psicología fenomenológica bien acompañada de la correspondiente tipología. Claro está que nos movemos siempre en el ámbito de las inclinaciones, pero lo cierto es que los procedimientos puramente empíricos se quedan en poco.
Por último, si tu pregunta acerca de la contingencia de la vida se refiere a cómo se concilia nuestra condición contingente con la elevación al orden sobrenatural, es decir, con nuestra participación de la Divinidad, te diré que el célebre adagio "Gratia non destruit naturam, sed eam perficit" ("La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona") viene a afirmar que el ser "Dios por participación" no anula nuestra humandad para disolvernos en el Ser divino, al modo del hegelianismo y de los sistemas gnósticos.

5 Noviembre 2008 | 11:32 AM

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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