NÚMEROS CÍCLICOS Y TETRAGRAMA

-Según la doctrina tradicional del tiempo, cualquier ciclo se divide en cuatro partes, cuyas duraciones respectivas son proporcionales a los llamados números cíclicos, 4,3,2 y 1. Así, dentro de un manvantara (64.800 años), la la "edad de oro" tendrá una extensión de 25920 años; la "edad de plata" durará 19440 años; la "edad de bronce", 12960 años; y la "edad de hierro", 6480 años.
-El principio de analogía entre los diferentes ciclos: se aplica a la vida de una persona lo que vale para la sucesión de las eras históricas.Por otro lado, es lógico hablar de semejanza entre diacronía y sincronía: si lo primero es la unidad y lo segundo, la dualidad, es lógico invertir la relación cuando se trata de la temporalidad; y así la sucesión 1,2,3,4 se reduce a 4,3,2,1 en cuanto a la duración respectiva de las eras; no así en lo referente a la "jerarquía" de las eras, ya que la primera se parece a la unidad, la segunda a la dualidad, etc.
-¿Cómo se justifica la duración equivalente de las distintas eras zodiacales? Porque aquí se habla de un tiempo físico, no psicológico. Y es que la numerología cuantitativa expresaría el tiempo físico; la astrología, el psicológico, modulado sobre el ritmo psicológico originario, marcado por la sucesión cualitativa 1,2,3,4. Esto quiere decir que un mismo aspecto, referido a la "edad de oro", produce efectos diferentes que cuando se lo refiere a la "edad de bronce", por ejemplo. Y lo mismo cabe decir de las progresiones y los tránsitos.
-Decíamos arriba que el ritmo de las eras vale lo mismo de un ciclo mayor que de otro menor; y, en concreto, dentro del mismo ciclo, de cada una de las partes en que se divide, salvando siempre el nivel de cada una de ellas. Así, dentro de
-Por lo demás, dado que el acontecimiento incomparable de Cristo lleva la historia a su cumplimiento (“el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca”), el principio de analogía halla aquí su aplicación más radical.
-¿Cómo representar sobre la circunferencia el grado de conciencia de cada una de las edades? Los 144 primeros grados constituyen la edad de oro, iniciada en 0º de Aries y marcada por la unidad; de manera que el grado 24º de Leo es el principio de la "edad de plata", marcada por la dualidad; el grado 12º de Sagitario será el comienzo de la "edad de bronce", marcada por el ternario; y el grado 24º de Acuario será el origen de la "edad de hierro", que se distingue por el cuaternario. A la sucesión 4+3+2+1=10, que designa el "triangular" de 4 y caracteriza al desarrollo de la existencia, corresponde la inversa, 1+2+3+4, que simboliza el despliegue de la conciencia. Es curioso constatar que 10 es el número del "Padre", origen y término del tiempo.
-Por otro lado, si sumamos, por una parte, la extensión de las edades primera y cuarta (o última) y, por otra, las edades segunda y tercera, resultará el mismo número, 5 (=4+1=3+2). Y lo mismo ocurrirá con la adición de los números que expresan los niveles de conciencia de las respectivas edades (1+4=2+3). Pues bien, 5 es el número del "Espíritu", el que divide al ciclo en dos mitades, la formada por las edades extremas (oro+hierro) y la determinada por las intermedias (plata+bronce), tanto desde el punto de vista de la existencia (4+1 y 3+2), como desde la óptica de la conciencia (1+4 y 2+3). De manera que 5+5 designará el equilibrio principio+fin= medio (1+4=2+3;ó 4+1=3+2). Pero, además, designa la integración del número existencial y del número conciencial de cada edad. Es decir, si 4 es el número existencial de la edad de oro, 1 será su número conciencial, y la suma de ambos 5; y lo mismo ocurrirá con la edad de plata, cuyos respectivos números son 3 y 2 (3+2=5); con la de bronce, caracterizada por los números 2 y 3 (2+3=5); y, por último, con la de hierro, cuyos números, 1 y 4, suman igualmente 5. El número del "Espíritu" es de "polarización" del ciclo entero en dos mitades, así como de interrelación existencia-conciencia, lo que otorga su peculiar "sello" a todas las edades, aun cuando cada una se distinga por su singular matiz.
-En cuanto a 6, número del "Hijo", es igual a 10-4 ó a 1+2+3 ("triangular" de 3) y, por tanto, la distancia que separa a 4 de su "triangular", a saber, al grado más complejo de conciencia (el de la edad de hierro; la "materia" de su integración en la totalidad) o al más simple de existencia (el de la edad de oro, el "espíritu") de su integración en la totalidad. O también, 6 es la suma de los números existenciales de las tres últimas edades o de los números concienciales de las tres primeras. Así, pues, la integración del 4 en la totalidad pasa por la integración del 3. Por tanto, 6 es el mediador: en el plano existencial, entre la primera edad y las otras tres; en el plano conciencial, entre la última edad y las tres primeras. Media, pues, entre la edad de oro y la "eternidad" subsiguiente, o entre la edad de hierro y la "eternidad" antecedente.
-Podemos afirmar, pues, que el "Padre" es el "totalizador"; el "Espíritu", el "diferenciador" e "integrador"; el "Hijo", el "mediador" entre el principio y el fin. Y si consideramos el Pentagrama, que se diferencia del Tetragrama en la letra Schin, de valor 21, una vez más intensificamos la función "mediadora", dado que 21 es el "triangular" de 6, el "Hijo".Evidentemente, las afirmaciones anteriores no pueden tomarse en sentido teológico, sino filosófico, dentro de la hermenéutica numerológica del Tetragrama.
-Aspecto "involutivo" del tiempo: la sucesión de las eras, oro-plata-bronce-hierro, que va de la unidad ("causa-de-sí"-"para-sí" integrador-"para-sí" diferenciador-"en-sí puramente existencial) y que es también el orden lógico de manifestación espíritu-alma(en su doble aspecto)-cuerpo. Es el "descenso" del 6 (=3+2+1) a partir del 4 existencial, distintivo de la edad de oro.
-Aspecto "evolutivo": ligado a la reflexión "fenomenológica", que busca los orígenes ("en-sí" meramente existencial; "para-sí" diferenciador; "para-sí" integrador; "causa-de-sí"), que sigue el orden inverso, cuerpo-alma-espíritu. Es la "ascensión" del 6 (=1+2+3) a partir del 1 conciencial, característico de la edad de hierro. El primero va ligado al hemisferio descendente del Zodíaco; el segundo, al ascendente, que las personas espiritualmente desarrolladas pueden recorrer en su totalidad. El primero concluye en la "encarnación"; el segundo, en la "asunción".
