SOBRE EL SUBSTRATO ASTRAL DE LA VIDA ESPIRITUAL
Puesto que la doctrina de la analogía tiene un alcance universal, cabe partir de los astros para simbolizar la entera realidad: considerados en reposo, representarían "esencias", "entidades", "categorías" sincrónicas en que se divide la realidad; contemplados en movimiento, la "existencia", el devenir de tales "entes", su despliegue temporal.
-Con todo, los protagonistas de la historia no son los planetas mismos (que figuran dimensiones de la realidad, pero no la realidad global), sino los seres humanos, cuya descripción esencial se hace a partir de las "esencias" astrales.
-De esta manera y aunque descritos por las mismas "esencias", los seres humanos diferirán por los niveles a que dichas "esencias" son vividas. He aquí los criterios para valorar los niveles, que son tres:
a) Un planeta en su domicilio o exaltación, representará lo mejor; en su exilio o caída, lo peor; en el resto de los signos, lo intermedio. Este es el significado general, el cual se modulará a su vez en tres sub-niveles (semejantes a "sattva", "rajas" y "tamas"), según el grado de aprovechamiento de la "energía".
b) Según los aspectos: conjunción... neutro o intermedio; trígono y sextil...lo mejor (distinguir a su vez entre el primero, muy bueno, y el segundo, bueno; cuadratura y oposición...lo peor (muy mala, la primera; mala, la segunda).
-Podría quizá servir esta analogía como base para una "saber fundamental" desde el que encarar el diálogo entre las religiones. Evidentemente, habría que reducir, en lo posible, el lenguaje religioso a terminología astral.
