¿CÓMO ESTRUCTURAR UNA SITUACIÓN CÓSMICA?
Dado un momento temporal, ¿cómo estructurarlo directamente? Aparte del tema horario, ¿existe algún otro procedimiento de "control" para la intuición o idea básica que lo resume? Quizá el mejor sea la cifración de la palabra o del texto que la expresa. El problema es el de los valores numéricos pertinentes. Pero debemos, en cualquier caso, aprender a expresar la idea en cuestión mediante el lenguaje habitual y, ante todo, pensarla, puesto que el "conceptus mentis" es lo primero. Y eso aunque comencemos por sentir una realidad o sintonizar emocionalmente con ella. Evidentemente, esto sólo es válido para el caso de que la realidad en cuestión posea cuerpo; de otro modo sólo cabe conectar con sus emociones y con su espíritu.
Todo sistema de símbolos ha de aplicarse siguiendo estos criterios, a saber, centrándose en lo físico en el caso de que se trate de un ser dotado de cuerpo; y en lo que no es físico, en otros casos. Lo importante es saber de cuántos niveles o "cuerpos" consta el ser al que se aplica(siempre desde la óptica fenomenológica, aun cuando se trate de "datos revelados"; en tal caso habrá que ordenarlos o clarificarlos racionalmente, al menos hasta donde sea posible). Y, si no conocemos el número de niveles, razonar analógicamente para encontrarlos a partir de la realidad corpórea, del macrocosmos, sin olvidar que, como consecuencia de la caída del hombre y de su posterior redención, las categorías "naturales" se hallan penetradas por el ámbito divino.
Ahora bien, si no cabe expresarse sin lenguaje, sí cabe pensar sin él, al menos sin referencia a un lenguaje concreto.Luego se plantearía el problema de la expresión, pero, por lo pronto, no es necesario.
¿Qué es lo último con que se encuentra el pensamiento, lo más radical? Jerarquía de abajo a arriba: 1)cosas artificiales/ 2)entes naturales de los tres "reinos"/ 3)entes humanos, todos ellos dotados de cuerpo/ 4)ideas respectivas de todos esos entes, ordenadas en el plano abstracto como los entes concretos a que se refieren/ 5)idea global de la "totalidad de las cosas artificiales"/ 6)idea global de la "totalidad de los minerales", etc. La idea más global de todas, la del "universo" o la de "todo cuanto hay"; y, por último, me encuentro con la "causa u origen de todo cuanto hay". ¿Qué papel juega en esta descripción el pensamiento? Es claro que, en cuanto cuerpo, yo soy un ente más del universo, bien que me caracterice como un cuerpo más cualificado que el que me sale al encuentro en la mayoría de los entes. Es, en efecto, el cuerpo de alguien capaz de pensar la totalidad del universo y, por lo tanto, el cuerpo de alguien en situación de "universalizarse".
¿Y qué es esta "universalización"? Parece que la capacidad de vivir a escala de la "totalidad" sin dejar de ser una "parte" de ella. Mi condición concreta es inseparable, pues, de semejante poder de universalización y, por consiguiente, mi "yo" no se restringe al cuerpo, sino que se expande sin fin hasta englobar el universo. Esto quiere decir que mi verdadero yo rebasa indefinidamente mi cuerpo, ya que se mueve en el ámbito de las "Ideas", en sí transespacial y transtemporal. En cambio, este cuerpo localizado en el espacio y en el tiempo es limitado y carece, en principio, de la facultad de trascenderlos. Por mucho que el cerebro vaya ligado al pensamiento, es claro que las neuronas son incapaces como tales de viajar en el espacio y en el tiempo. Sin embargo, en el mundo corpóreo sirven de referencia para comprender el fenómeno del pensamiento, de la misma manera que los sonidos y la palabra escrita sirven de referencia para comprender el fenómeno del lenguaje, que expresa no sólo conceptos singulares, sino también y sobre todo ideas universales, sustraídas como tales al ámbito espacio-temporal.
¿Quiere eso decir que en nosotros hay algo de eterno? No, si por tal se entiende lo que no tiene principio ni fin y está sustraído radicalmente al tiempo. Más bien habría que hablar de una duración(la del intelecto mismo) en la que se inserta la facultad de "sobrevolar" los sucesivos instantes del tiempo(pasados y futuros), como también la multitud indefinida de los lugares del espacio. De la misma manera que nuestro intelecto posee la capacidad de "sobrevolar" este u otro lugar concreto del espacio, dispone de la facultad de "sobrevolar" este u otro instante del tiempo. Universaliza o totaliza, pues, el espacio y el tiempo; vive, por consiguiente(la mayoría de los casos, sin saberlo) en la extensión indefinida y en el tiempo sin fin. Y, al igual que se eleva de las cosas concretas y corpóreas a las ideas, rebasa un tiempo y un espacio concretos hacia sus respectivas ideas, hacia las ideas globales del espacio y del tiempo, que así aparecen como algo indefinido e inabarcable a lo que está abierto mi espíritu. Por tanto, si este tiempo("aquí") y este espacio("ahora") son concretizaciones o realizaciones del espacio global y del tiempo indefinido, es claro que estos últimos constituyen la idealización o intensificación-ampliación de aquéllos.
Con todo, esta universalización la lleva a efecto un intelecto inmerso en el transcurrir(menos en la extensión espacial), por más que, desde él, pueda devenir contemporáneo de todos los tiempos y espacios bajo la forma eidética. Hay que hablar, pues, de inmortalidad a propósito del intelecto, puesto que experimenta el tiempo sin estar encerrado (como el cuerpo) en un tiempo limitado. ¿Cómo habría de estarlo a la materia y, por tanto, a la descomposición?. Sin embargo, no experimenta la eternidad aun cuando sea capaz de "sobrevolar" este u otro espacio o tiempo. Y es que todo parece indicar que la mortalidad y la descomposición es al cuerpo como la "inmortalidad en la sucesión" es al espíritu. Uno y otro estaban destinados, al decir de la tradición, a participar de la condición eterna de Dios, que no sólo abstrae del tiempo y del espacio concretos la idea global del transcurrir y de la extensión, sino que los domina de raíz y no está sujeto a ellos.
Cualquier participación en la actividad creadora de Dios supone, pues, una identificación con los diferentes planos y movimientos anteriores. Comprendido el proceso mediante el intelecto, la voluntad, situada más allá de las influencias astrales, se sirve de ellas para gobernar el propio cuerpo, pues "sapiens dominabitur astris". Y una vez adquirida la libertad sobre los condicionamientos astrales, se abre a la totalidad del macrocosmos, contribuyendo en lo posible a que las influencias astrales sean lo menos dañinas posible. Sin embargo, no debería actuar de manera mágica y, menos todavía, como aprendiz de brujo. Por otra parte, hay un santuario en el que no puede penetrar: la voluntad ajena. Con todo, a través de la oración, puede influir en ella en la medida en que apela a la acción de la gracia. Y, más profundamente, adhiriéndose con todo su ser a la obra redentora de Cristo, a saber, identificándose con la Virgen. En definitiva, sólo debe actuar identificándose interiormente con el plan divino, de un modo análogo a como, en su actividad cotidiana, procura mantenerse unido a Dios por medio de la oración.
UNA CUESTIÓN TODAVÍA MÁS DIFÍCIL, POR NO DECIR IMPOSIBLE DE RESOLVER: ¿Cabe que la figura astral sea un símbolo perfecto del destino final de una persona o de una situación? Aunque lo fuera para la mente divina, nosotros no debemos darla por inamovible, ya sea absolutamente favorable, ya sea excesivamente desfavorable. Por consiguiente, nuestra interpretación de un tema ha de ser lo más globalizadora posible.
