La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

11 Junio 2008

"ENSÉÑANOS A CALCULAR NUESTROS AÑOS PARA QUE ADQUIRAMOS UN CORAZÓN SENSATO"

-Rigurosamente sólo puede hablarse de una simultaneidad de todos los ciclos desde la “perspectiva” de la Eternidad. Hay otro sentido, el referido al “todo” y a la “parte”: si la duración de una vida humana es “parte” de un ciclo mayor, se puede afirmar que ella discurre “en simultaneidad” con él, dado que a cada ciclo corresponde un ente, que posee una conciencia “análoga” a la de aquél del que forma parte.

-Desde el momento en que existe la creación, también comienza el tiempo. Aunque, para hablar con santo Tomás de Aquino, Dios podría haber creado el mundo al margen del tiempo, dice, sin embargo, el “Génesis”: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

-Por la misma razón, el mundo en su totalidad tendrá un fin, aunque no conozcamos la duración de su correspondiente ciclo.

-De ahí la importancia de las consideraciones sobre el ciclo individual y su duración. ¿Es posible “calcular nuestros años”, como pide a Dios el salmista?

-La expresión podría entenderse en sentido puramente “natural”, conjetural, por ejemplo, al modo astrológico: quizá a través de fórmulas como la activación del Ascendente a través de la VIII casa (“mors”, que diría Marcus Manilius) o de su regente. En semejante plano cabe hablar de una duración media o genérica de la existencia humana, más o menos próxima al tiempo que el movimiento precesional emplea en atravesar un grado zodiacal, o sea, unos 72 años. O bien el tiempo utilizado por el “Sol negro” en recorrer un grado, es decir, unos 60 años (muy próximo a dos revoluciones de Saturno y a tres conjunciones Júpiter/Saturno; si hablásemos del “más robusto”, del que afirma el Salmo que vive hasta 80 años, nos encontraríamos con 4 conjunciones Júpiter/Saturno, planetas especialmente significativos al respecto; no en vano se les denominó “cronocrátores”).

-Pero el “enséñanos a calcular nuestros años” tiene un sentido más profundo, espiritual: vivir una existencia acorde con la voluntad y el conocimiento divinos, una existencia a la que se le otorgue “por añadidura” el “sentido sobrenatural del tiempo”.

-Para concluir: si el existir terrestre es un existir en el tiempo, ¿de qué índole es el “eón” en que se sitúa la existencia póstuma? No es puramente espiritual, al modo angélico (pues el ángel jamás tuvo ni tendrá cuerpo alguno) sino un discurrir propio del ente desencarnado en espera de la unión con su cuerpo resucitado.

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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