SOCIEDAD E IGLESIA EN ESPAÑA (ELEMENTOS PARA UNA REFLEXIÓN)

A propósito de la secular actitud del pueblo español ante
No se dice, por tanto, que los españoles sean alternativamente “religiosos” o “antirreligiosos” en general, sino justamente “eclesiales” o “antieclesiales”, es decir, la “definición” afectaría a la concreción última del cristianismo. Estaríamos hablando, pues, de un país cuyo modo de ser oscilaría entre la identificación total con el catolicismo en su dimensión más concreta y encarnada, de un lado, y el rechazo de la misma, por otro.
Y la frase no alude, en principio, a una división del país en torno al tema de
Desde Recaredo, la identidad de la nación española se halla indisolublemente ligada al catolicismo, una identidad que sería puesta a prueba durante cerca de ocho siglos por la invasión y posterior ocupación musulmana, hasta el punto de que algunos hayan puesto en cuestión la adecuación del término “Reconquista”.
No digamos la constitución de
Hay que decir que en cada una de las fases históricas de la identidad hispánica, las cicatrices de la confrontación con “lo otro” iban marcando la realidad nacional, hasta el punto de proyectar no ya la “sombra” al modo jungiano, sino una especie de “ánima” cuya integración a partir de la conciencia católica se hacía cada vez más ardua, a la vez que apremiante.
De ahí el impacto social de la figura del “heterodoxo”, más fuerte que en otros lugares. También la admiración beata hacia todo lo extranjero: en lugar de desarrollar una racionalidad capaz de integrar los “opuestos”, uno de los defectos del español es justamente el de mitificar lo extranjero, considerándolo como la encarnación de todo lo que a España le falta.
