La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

28 Marzo 2008

UN NUEVO GÉNERO LITERARIO: LA "CRISTOLOGÍA FICCIÓN"

Estamos viendo uno de tantos programas de televisión dedicados a la temática ocultista. De pronto, un contertulio que se dice "cristiano" o "crístico" empieza a hablarnos sin previo aviso de un "Cristo" que se educó con los esenios, hizo tales viajes por Asia central, fue guerrillero contra los romanos, no murió en la cruz (en ese momento fue sustituído por un doble, o bien untaron su cuerpo con una pomada mágica que le hizo recuperarse de sus heridas)...Sin hablar de cristos "yoguis", cristos "reencarnados", cristos tántricos de la "mano izquierda"...Algo semejante escuchamos a veces en programas de radio más o menos "paralelos", emitidos con ocasión de la Navidad, Semana Santa o cualquier otra fiesta. Por lo demás, no pocas editoriales parecen haber encontrado un filón y lanzan al mercado infinidad de publicaciones de temática semejante.

¿Cómo entender semejante fenómeno? Generalmente los expositores o noveladores de tales doctrinas invocan la necesidad de buscar el "verdadero" rostro de Cristo, "desfigurado" por el peso de la historia, "aherrojado" por la cristiandad, "reprimido" por la Patrística. En definitiva, se trata de reivindicar aspectos de la vida de Cristo supuestamente ocultados por la Iglesia o, en cualquier caso, por la sociedad cristiana.

¿Hasta qué punto son fiables tales "cristologías"? Sin entrar ahora a refutar esta u otra doctrina (los límites del artículo nos lo impiden), cabe señalar la inconsistencia de la inmensa mayoría de ellas. Así ocurre, por ejemplo, con la tesis de un Jesús no judío, con frecuencia vinculado a movimientos antisemitas. No sería difícil rastrear el origen (judío) del Jesús "guerrillero", "zelote"... Comprendemos ahora las afirmaciones de tantos autores lúcidos a lo largo de la historia, cuando hablaban de la inagotable originalidad de la verdad frente a la plúmbea monotonía del error ("O dogma o prejuicio", decía Chesterton): los autores y novelistas del género en cuestión no parecen conocer demasiado la historia, o bien se obstinan en repetirla. "Si no lo ha conseguido con tres errores, pruebe con cuatro", rezaba una de las "fórmulas de Peter".


¿Hay algo de positivo en estas investigaciones sobre aspectos supuestamente ocultos de la vida de Cristo? Hay que reconocer el interés que en algunos creyentes (por lo general, no bien informados) suscita la figura de Cristo contemplada desde perspectivas ocultistas. Nada hay que objetar, en principio, al intento de aclarar aspectos poco conocidos de la vida y de la persona de Cristo. Y, algunas veces, el proyecto que sirve de base a una búsqueda de este tipo suele inspirarse en alguno de los evangelios apócrifos, es decir, de aquellos que, por contener descripciones de la vida de Cristo no acordes con la tradición más auténtica, no forman parte del Canon de las Sagradas Escrituras. Sin hablar de las ideas de inspiración gnóstica en que se fundan ciertos "cristos" modernos, más fáciles todavía de desenmascarar (con frecuencia dejan a un lado los aspectos históricos de la figura de Cristo, por considerarlos "poco importantes").

No es difícil comprender, sin embargo, la limitación de tales investigaciones: habitualmente se parte de una actitud de "libre examen", que deja al margen la interpretación de la Tradición y ni siquiera considera la posibilidad de una instancia doctrinal no basada en la mera subjetividad. Y así, la riqueza que pudiera derivarse de una confrontación del Jesús de la fe con otros horizontes religiosos (ya algunos Padres aludieron a las "semillas" de la doctrina cristiana contenidas en algunas concepciones de los antiguos y en diferentes pueblos), queda notablemente hipotecada. De ahí que la mayoría de los autores que se mueven en esta línea prometan mucho más de lo que pueden dar: al perder de vista el núcleo esencial del mensaje cristiano, se vuelven incapaces de conectar el "Jesús de la historia" con el "Jesús de la fe" (no es que haya dos Cristos diferentes, pero sí dos niveles de experiencia, indisociables, pero no idénticos).

Por otra parte, fuertes intereses editoriales ("el negocio es el negocio", que dicen los anglosajones), aliados a oscuras maniobras confusionistas y a noticias sensacionalistas (¡¡¡El secreto mejor guardado por la Iglesia: los descubrimientos de Qumrân!!! ¡¡¡Los manuscritos secretos de la Biblioteca Vaticana!!! ¡¡¡Todo lo que Ud. quiso saber y nunca se atrevió a preguntar!!! ¡¡¡¿Sabía Ud. que los Evangelios sólo contienen tres o cuatro palabras de Cristo y que todo lo demás fue añadido por la Iglesia?!!!) todo esto, decimos, encuentra eco en bastantes mentes incautas.

¿Cómo defenderse de semejante inundación? Mediante una formación teológica rigurosa, hoy, por desgracia, difícil de adquirir. Sólo así podremos comprender la esencia del mensaje cristiano, sabremos distinguir lo sustancial de lo accidental, diferenciaremos lo que es dogma de las opiniones más o menos fundadas de este o aquel teólogo, escritor o simple "dilettante" y, por último, estaremos vacunados frente a tales publicaciones y maniobras. Y si no estamos capacitados para adquirir una formación semejante, cultivemos la humildad, desarrollemos el sentido común, respetemos a quienes saben más que nosotros y no queramos tener a toda costa "chocolatería propia".


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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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