SOBRE DESARROLLO Y EVANGELIZACIÓN
Con frecuencia se habla de la miseria del Tercer Mundo y del deber de socorrerla que tienen las naciones ricas, algo que, por su obviedad, apenas merece comentario. Lo malo es cuando se entiende la evangelización, ya sea del Tercer Mundo, ya sea de los países ex-comunistas como una exportación del modo de vida de las naciones prósperas y demócratas de Occidente.
Aquí es preciso hacer distinciones: una cosa es la defensa de los derechos humanos y otra, reducir la evangelización a ésto. Parecería entonces que los destinatarios de la evangelización fuesen gente "desgraciada" que no han tenido la suerte de estar en condiciones económicas adecuadas para que se les predique el Evangelio, de manera que éste sólo prendería en personas de un cierto nivel económico.
En un pasaje de "La fosse de Babel", de Raymond Abellio, se desarrolla un clarificador diálogo sobre el tema. Drameille, prototipo del ideólogo "luciferino" moderno, le hace una serie de reproches a d´Aquila, un sacerdote cuya sincera búsqueda de la espiritualidad le ha llevado a simpatizar, de momento, con una cierta "teología de la liberación" (eso sí, mucho antes de que se inventara el término: es uno de los muchos méritos de la novela en cuestión, que pasó prácticamente desapercibida en España). Le reprocha acertadamente el considerar la fe en Cristo como una ideología comparable al marxismo y que sólo prendería en la gente a partir de un cierto nivel económico (ni el del proletariado "Lumpen", "paria" o marginal, ni el del "aburguesado"). ¡Como si la fe sólo fuera una construcción humana, de manera que las necesidades del espíritu y las del cuerpo pudiesen dosificarse!
