ÁGUILA-SERPIENTE O ÁGUILA-LEÓN: LA TENSIÓN ENTRE EL HOMBRE "INTERIOR" Y EL "EXTERIOR"


Para representar al hombre, el simbolismo se sirve preferentemente de ciertos animales, como el águila, el león, la serpiente... ¿Qué significa ésto?
No se trata de una reivindicación avant la lettre de la animalidad subyacente al ser humano, sino más bien de una utilización de la misma como soporte para comprender al hombre a un nivel diferente del habitual. Puesto que el animal ocupa en la jerarquía ontológica un plano inmediatamente inferior al humano, en virtud del principio hermético según el cual "Como es arriba, así es abajo", podemos efectuar una transposición y simbolizar el estadio inmediatamente superior al de la humanidad "normal", es decir, el del hombre "superior" o "desarrollado", por un animal. Asimismo, suponiendo que, dentro del reino animal, existe una sub-jerarquía, nada nos impide simbolizar al hombre "exterior" o "normal" por un animal "inferior", y al hombre "interior" o "en trance de iniciación", por uno "superior". Esta representación la hallamos en las tradiciones y en el folklore de casi todos los pueblos, como también en tantos poetas, y en pensadores a quienes la razón no pone obstáculos para la fulguración intuitiva.
De ahí que nos encontremos con dos modos de proceder. De un lado, suele representarse al hombre superior, al "iniciado", por un solo animal, y así tenemos al "hombre-serpiente", al "hombre-pájaro", etc. De otro, cabe figurar al hombre "interior" y al "exterior" por sendos animales. Si, en el primer caso, se alude a una persona que ha completado su desarrollo espiritual y, por consiguiente, se ha transformado en "maestro" o "iniciador"; en el segundo se hace referencia al proceso por el que se llega a esa meta.
Lo que aparece en el esquema que nos ocupa, es decir, el segundo, no es otra cosa que la elevación de la condición humana "normal". Por ejemplo, en
En cuanto al híbrido águila-león, es el arte románico el que nos ofrece multitud de ejemplares. La iconografía nos presenta estos animales heterogéneos unas veces mordiéndose el uno al otro, en una lucha sin cuartel en la que está en juego la evolución espiritual del hombre y el acceso al verdadero sentido de su existencia; otras en mutua compenetración; otras, en fin, conviviendo en un mismo ser. Representan, pues, diferentes fases del camino espiritual, desde la "noche oscura" del principio, anterior a la "ciencia" y marcada por el imperio de las tendencias inferiores, hasta la "noche oscura" del final ("Y me encontré no sabiendo, toda ciencia trascendiendo").
