La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

29 Febrero 2008

"TE ESPERÁBAMOS DESDE HACE 4.000 AÑOS: A PROPÓSITO DEL EJE DEL "SOL NEGRO"

Como es sabido, la revolución del eje del "Sol ne­gro" dura 21000 años aproximadamente. Por otra parte, el Salmo nos dice que "mil años a tus ojos son como un día", de manera que los "seis días de la creación" han sido interpretados frecuen­temente como un período de 6.000 años. ¿A qué correspondería dicho período? Parece lógico sostener que se trata de la últi­ma fase del mundo y de la humanidad.

Es interesante constatar que el ciclo de 6000 años al que se refiere el "Génesis" tiene su origen en el momento en que el eje del "Sol negro" coincide con el de los equinoccios. Es decir, si la era cristiana comienza cuando el eje en cuestión se sitúa aproxi­mada­mente en la mitad del grado 9 de Géminis-Sagitario, en el año 4000 a.C. estaba en conjunción con el eje equinoc­cial. Una fecha particularmente relevante, puesto que parece coincidir con el momento en que la teocracia neolí­tica se es­tablece sobre la "Gran Montaña". De manera que, cu­ando se ha­bla del año 4000 a.C. como principio de los "seis días de la cre­ación", en rea­lidad se trata de una "recrea­ción":­ en virtud del principio de analo­gía, los temas del "Pa­raíso Terrenal" vinieron a entremezclarse con la liturgia de la "Gran Monta­ña".

Ahora bien, existe una conexión directa entre la revolu­ción del "Sol negro", la Divinidad y la humanidad. En efecto, 21 es el valor del nombre divino de tres letras Iod-He-Váu, un nombre "incom­pleto", por así decirlo, pues sólo el Tetra­grama, Iod-He-Váu-He ex­pre­sa la verdade­ra índole de Dios. Y, por otro lado, 21 es el valor de la letra Schin, la de la humani­dad: no en vano el "Nombre sobre todo nombre", síntesis de la Divini­dad y la humani­dad, se escribe Iod-He-Schin-Váu-He, a saber, las cuatro letras del Tetragrama más la letra en cuestión, situada en el centro.­

Re­sulta, por tanto, espe­cialmente sim­bólica la coin­ci­den­cia entre ejes arri­ba ci­tada: a los puntos de contac­to en­tre el plano del ecua­dor (el "cuer­po") y el de la eclípti­ca­ (el "es­píritu") se super­pone el eje de los ápsides, como para­ i­naugurar la época en que tendría lugar­ la futura unión­ entre la Divi­nidad y la humani­dad. Decía una antiquísima canción de Navidad: "¡Te esperába­mos desde hace cuatro mil años; desde hace cuatro mil años todos los profetas anunciaron esta ventu­rosa fecha!".

Y, puesto que la posición del "Sol negro" al comienzo de nuestra es 8º-30' de Géminis-Sagitario, habrá que concluir que ambos grados definirán algo así como el "eje central" del Zo­díaco. Las respectivas atribuciones de tales gra­dos en el ca­lendario tebano ("Un rey y una reina sen­tados en sus tro­nos y con sus atributos reales"; "Una hoguera en llamas") son de una excepcional fuerza. En el primer caso, el simbo­lis­mo luni­solar aso­ciado al grado, reforzado por el del signo (Géminis: la unión de los "hermanos": el inmortal y el mor­tal), hablan por sí mismos. A propósito del segundo, viene a nuestra memoria un texto evangélico particularmente tremendo: "He venido a traer fuego a la tierra, y qué otra cosa puedo desear sino que ar­da!".

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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