EN LA "CAVERNA" Y SUS ALEDAÑOS: PARA UN RETRATO OBJETIVO DE LA HUMANIDAD ACTUAL

Una cuestión preliminar: ¿hasta qué punto cabe utilizar la palabra "caverna" para referirnos a la condición en que vive el hombre de nuestro tiempo?. Nos las habemos con un término de resonancias platónicas que, generalmente, suele emplearse en su acepción de "antro tenebroso apenas abierto a la luz", hasta el punto de adoptar un sentido poco menos que inverso de aquel de la "caverna iniciática", el lugar subterráneo que acogía a los neófitos en el camino hacia la verdadera realidad. Dada la situación-límite en que se debate la humanidad actual, parece justificado aquel sentido peyorativo del vocablo, al menos para quienes no se dejan engañar por el espejismo ambiental.
Entre nuestros contemporáneos no son pocos los que parecen habitar confiados el mundo de la "caverna". Más que de seres humanos, cabría hablar de "humanoides", un apelativo que resultaría impropio para cualquier otra época, al menos utilizado en sentido masivo. Dominados por la engañosa euforia de quienes creen vivir en el mejor de los mundos, se consideran a sí mismos el culmen de la evolución humana y, en consecuencia, corren el riesgo de "ir embriagados como ovejas al matadero", según dice el texto bíblico. Bien es verdad que habría que distinguir entre los "ciegos" propiamente dichos, que encuentran placer en la existencia de la "caverna", los "ciegos que guían a otros ciegos", cuyo grado de temeridad es mayor y, finalmente, quienes se han aclimatado a la oscuridad como a una especie de segunda naturaleza. De este modo, si la "embriaguez" es la tónica existencial de los primeros, la "necedad" define a los segundos, en tanto que los terceros vienen marcados por la perversión, en diferente grado, de la inteligencia y la voluntad.
Perversión que se caracteriza por una lucha paroxística contra toda autoridad del espíritu (cuya misión tradicional es servir al cuerpo social refiriéndolo a un Creador trascendente). Es un signo de los tiempos en que vivimos, tiempos apocalípticos en los que aquella autoridad viene reemplazada por el dogmatismo y el autoritarismo, apenas encubiertos por el manto "democrático", de las nuevas instancias de poder.
Otro de los rasgos que acompañan a la perversión es el rechazo de la idea misma de "verdad", que, abandonada como inútil y perniciosa, es arrojada al vertedero de la historia.
Ahora bien, suprimida aquélla, y ante la imposibilidad de justificar su posición con argumentos racionales, se desemboca de un modo natural en la destrucción del lenguaje, con lo que el parasitismo o el vampirismo aparecen como notas definitorias del pensamiento más "vanguardista": si toda sofística se sustenta inevitablemente en la lógica, se trata de "poner en un nido los huevos y en otro los gritos".
Así, por ejemplo, hay un "lenguaje" pseudofilosófico que se exhibe en las instancias de moda como palabra de paso y que se presenta como un extraño pastiche de agnosticismo supuestamente basado en el wittgensteiniano "allí donde no se puede hablar, mejor es callar", existencialismo recuperado que invalida como "abstracto" el principio de no-contradicción y considera riqueza la proliferación sin fin de yoes a la medida de cada situación vital, y "gnosticismo" de la última hornada, que se sitúa "más allá de los contrarios".
Al mismo tiempo, doctrinas orientales convenientemente deformadas y popularizadas, como el budismo Zen o similares sirven de "traje invisible" para cubrir al "rey desnudo". Semejantes doctrinas actúan, además, como aliadas de un poder “democráticamente” despótico, cuya finalidad última es relativizar el valor único e irrepetible del ser humano.
La confusión entre el "yo" moral y el "yo" ontológico, con frecuencia implícita en el "orientalismo", proporciona al poder una perfecta coartada para disolver todo lo que suene a valor singular e intangible, y no admita ser sacrificado en aras de ningún proyecto social o político: si el yo ha de extinguirse en el "nirvana", las estructuras de la sociedad no tienen por qué favorecer el valor de la persona, concepto ya "superado" (como "burgués") en el marxismo o casi inevitablemente abocado, en el capitalismo, al hobbesiano individualismo del "todos contra todos". Y así, la crítica del valor de la persona desde perspectivas materialistas se ve ahora inesperadamente confirmada y completada con argumentos espiritualistas, aducidos por los nuevos marxistas y capitalistas reconvertidos al "orientalismo".
En la sociedad opulenta, la existencia personal pierde así su valor tradicional y deja de tener sentido en y por sí misma. "Et propter vitam vivendi perdere causas" - decía el clásico- y la frase es aplicable al entero sistema que hace posible una vida absurda. El "reino de la cantidad", que en su día analizó magistralmente René Guénon, es también el de la imagen, en un sentido que el pensamiento platónico no pudo ni siquiera vislumbrar: cuando los diferentes órdenes de la realidad se invierten, de manera que la imagen ocupa el lugar más elevado y la idea, el más bajo o, simplemente, está ausente, la humanidad entera vive en el puro espejismo.
Un mundo que no sólo ha marginado cualquier autoridad espiritual que rebase el ámbito humano y vaya a anclarse en
Difícil lo tienen los pocos que, de regreso a la caverna, han aprendido a ser "prudentes como serpientes y sencillos como palomas" y están decididos a "gritar sobre los terrados lo que han escuchado en secreto"; más difícil todavía quienes, habiendo contemplado la luz, encuentran dificultades para adaptarse a su antigua morada; por último, la situación de quienes "sentados entre dos sillas", pugnan por salir del "antro de los humanoides" es realmente desesperada. Se comprende que Sócrates considere dignos de compasión a las dos últimas clases de personas y disculpe su andar como a tientas, víctimas del deslumbramiento. En el primer caso, al pasar de las tinieblas a la luz; en el segundo, al transitar de la luz a las tinieblas.
¿Cuál es la proporción de una a otra humanidad, de la humanidad consciente (o que empieza a despertar) a la otra? "Un tercio frente a dos tercios", anuncian sombríamente algunas profecías. ¡Ojalá no se confirmen las cifras!

José Luís Samper dijo
Hola, Emilio:
¿Está la humanidad en una situación límite? No lo sé. Sé que muchos seres humanos se encuentran prisioneros de los muchos lazos que le tiende una sociedad materialiasta y orientada en una perspectiva exclusivamente terrena. Los lazos del exceso de horas en el trabajo, el consumo compulsivo, el aturdimiento televisivo... ¿Habitante de la caverna o asaltado y herido camino de Jerico? ¿No sentiremos compasión por él? Lo importante, creo, es saber dónde está uno, haciéndose prójimo con tantas victimas de estructuras de pecado y de sus propias pasiones.
Necesitamos también ese despertar sensorial que nos acerque amorosamente a lo singular al mismo tiempo que nuestra inteligencia se eleva a las causas que causan el sufrimiento para denunciarlas.
Saludos
10 Marzo 2008 | 08:58 PM